martes, 23 de febrero de 2010

HOGAR DE ANCIANOS


Todos son limitatorios, pero cada uno posee su propio

matiz de deterioro. La élite puede vestirse y ponerse decente,
andar ambulante con un solo bastón, ser capaz
de leer un libro hasta el final, o de ejecutar los movimientos
lentos de
una sonata fácil. (Sin embargo, quizá su propia
libertad carnal sea la aflicción de su espíritu: con la inteligencia
de saber
lo que ha pasado, y por qué ha pasado, tienen una terrible
tristeza,
más allá de las lágrimas.) Luego están los que necesitan sillas
de ruedas,
la mayoría, que soportan la T.V., y, llevados por
indulgentes terapeutas, cantan en comunitario coro; luego
los solitarios, que mascullan en el Limbo, y por último
los incompetentes terminales, tan improvidentes,
sin habla e impecables como las plantas
que parodian. (Las plantas pueden sudar profusamente, pero nunca
se ensucian encima.) Un vínculo, sin embargo, los une: todos
aparecieron cuando el mundo, si bien tan torcido como ahora, era
más espacioso, más bonito de ver, y los Viejos
tenían su público y su posición social. Entonces los niños,
consternados con su mamá, podían buscar refugio en los abuelos,
ser revalorados y escuchar un cuento. Ahora,
todos sabemos qué esperar, pero su generación
es la primera en marchitarse de esta manera, no en su casa, sino
asignada
a una sala común, numerada, una generación arrumbada de la
conciencia
como equipaje impopular.
Mientras viajo en el subterráneo
para pasar media hora con una anciana, rememoro
quién era ella en la pompa y suntuosidad de sus días de apogeo,
cuando las visitas de fin de semana eran una probable alegría,
no una obra de caridad. ¿Soy inhumano por desearle una rápida
e indolora muerte en el sueño, por rezar, como sé que ella reza,
para que Dios o la Naturaleza trunquen su función terrena?

Abril de 1970

W.H. Auden

(Traducción: Rolando Costa Picazo)
OLD PEOPLE'S HOME


All are limitory, but each has her own / nuance of damage. The elite can dress and decent themselves, /are ambulant with a single stick, adroit /to read a book all through, orplay the slow movements of/ easy sonatas. (Yet, perhaps their very / carnal freedom is their spirit's bane: intelligent / of what has happened and why, they are obnoxious / to a glum beyond tears.) Then come those on wheels, the average / majority, who endure T. V. and, led by / lenient therapists, do community-singing; then / the loners, muttering in Limbo, and last/ the terminally incompetent, as improvident,/unspeakable, impeccable as the plans / they parody. (Planrs may sweat profusely but never/ sully themselves.) One tie, though, unites them: all / appeared when the world, though much was awry there, was more / spacious, more comely to look at, its Old Ones/ with an audience and secular station. Then a chile/,in dismay with Mamma, could refuge with Gran / to be revalued and told a story. As of now,/ we all know what to expect, but their generation / is the first to fade like this, not at home but assigned / to a numbered frequent ward, stowed out of conscience/ as impopular luggage.
As I ride the subway / to spend half-an-hour with one, I revisage / who she was in the pomp and sumpture of her hey-day, / when week-end visits were a presumptive joy, / not a good work. Am I cold to wish for a speedy /painless dormition, pray, as I know she prays, / that God or Nature will abrupt her earthly function?

April 1970



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