sábado, 5 de junio de 2010

LA COSA COMO ES












Vivimos dentro de una lluvia continua de átomos

donde todo emite corrientes corpusculares de imágenes
y así transmite colores, formas y sonidos a los sentidos
—de acuerdo a la teoría unificada de Lucrecio
quien se dio muerte, nos dice San Jerónimo, al enfermar
por una pócima de amor o, por decirlo así, por el amor
maltrecho en su forma química; ya había compuesto entonces
durante los catastróficos años finales de la república,
De Rerum Natura, la naturaleza de las cosas, o sólo la Naturaleza:
que conocemos por sensaciones, de primera mano, con el cuerpo.
Jerónimo, como es de esperar, respaldaba los ataques del romano
a los dioses paganos, y su no tan romano desprecio
del amor sexual: así es que el poema halló su camino
hasta manos modernas en un manuscrito defectuoso;

a las que llega aún fresco con esa embriagadora pócima primera
de especulaciones áticas, todavía sin el lastre de los resultados.
Nada sale de su alcance: las partículas de la materia,
los imanes, los sueños, la fisiología, los terremotos, el clima británico,
los temperamentos de las bestias salvajes, y "sus usos militares"...
Investiga asuntos como de qué manera escuchamos
aunque no podamos ver a la gente que charla en la habitación contigua;
por qué, al inclinarnos sobre un espejo, nos vemos emerger
de sus profundidades. No se trata de preguntas "espinosas"
nos asegura Lucrecio: aunque desconozca (es normal) la ley
de la incidencia y la reflexión, y se halle irremediablemente lejos
de todo atisbo de frecuencia o amplitud, sus hipótesis
en esta obra tienen el fulgor demoniaco de De Selby
con algo del ingenio y encanto de un niño pequeño.

Mas sobre los fenómenos mismos es elocuente y exacto:
vemos al leñador en una colina lejana levantar
el hacha hasta los hombros, justo cuando el golpe
resuena en el oído; a la luz de la luna andan a nuestro lado
sombras; nos asomamos a un charco que refleja los cielos;
esos cielos se abren y descargan su granizo; el aire se divide
mientras olemos —como nunca en la vida real— el extraño,
sulfuroso hedor de una casa destripada por un rayo.
Puede también ser dulce. Entonces el rígido hexámetro
se hincha de nociones atrevidas, expresiones amables;
el peral reúne en su entera y contrahecha forma la esencia
de la pera y ofrece su carne al apetito; las vacas se revuelcan
en los pastizales, pesadas por la leche que gotea de sus ubres
("leche entera" escribe, para "adormecer" a las terneras).

He aquí entonces el tránsito apacible de la naturaleza: Marte
duerme en el regazo de Venus y absorbe sus húmedos, maternales
átomos... Pero cuando se refiere al amor humano, todo es "incisiones",
"picaduras" y "pérdida de fuerza". Al tiempo que nuestro ojo
es orientado hacia las radiantes, volátiles superficies de niñas o efebos,
se nos advierte alejarnos; y cuando los síntomas pasan de cortadas
y moretes a hinchazón, delirio e inextinguible fuego,
se nos aconseja "distraernos con sustitutos", o si no:
Dormir a solas —por este epicúreo estupefacto
(enloquecido, afirman los Padres, por una sobredosis de poción)
quien, por refrenarse, recuerda su hogar de infancia, las noches
en vela cuando se recostaba, atento a las imágenes etruscas,
y habiendo quizá soñado con Ifigenia; un intenso
y libresco adolescente atemorizado por los dioses

quien culminaría una vida de esfuerzo científico,
no con estrofas efervescentes para Venus o Apolo,
sino con la plaga de Atenas en 430 a.C. —con esto,
para demostrar que era apto para el combate mortal,
el poeta del cuerpo vulnerable: cuando la nube atómica,
acarreada por el viento sobre las ciénagas salinas de Egipto,
invade las gargantas de los ciudadanos; transporta las armas del frío
y el calor; impone un régimen de sed y hambre; y ataca
las ciudadelas de la vida, cuyo asiento —situado en el pecho —
se tambalea pero resiste; delicados instrumentos se ponen
en acción; sin que haya alivio, salvo en las oraciones y los exabruptos.
Y luego ni siquiera en éstos; los agitados átomos han encontrado
la lengua, "intérprete de la mente" y la han desconectado.
Nada queda sino un dolor impronunciable. Y así termina.

(de: A word from the loki)


Maurice Riordan

(Traducción: Carlos López Beltrán
y Pedro Serrano)
THE REAL THING

We live inside a steady atomic bombardment
where everything emits corpuscular streams of images
and so conveys colours, shapes and noises to the senses
— according to the unified theory of Lucretius
who killed himself, we're told by Saint Jerome, when sickened
by a love draught, by love gone wrong, so to speak,
in its chemical form; having by then composed,
during the catastrophic last years of the republic,
De Rerum Natura, the nature of things or simply Nature:
which we know sensationally, first-hand, through the body.
Jerome, as you'd expect, approved the Roman's assaults
on pagan gods, as well as his most un-Roman-like
recoil from sexual love: so the poem found passage,
in one defective manuscript, into modern hands;

where it arrives still fresh with that heady first draught
of Attic speculation, as yet unhindered by results.
Nothing is beyond its range: the particles of matter,
magnets, dreams, physiology earthquake, British weather,
the temperaments of the wild beasts arid 'military use thereof'...
It enquires into questions such as how it is we hear,
though we cannot see, people talking in the room next door;
why, as we bend towards a looking-glass, we see ourselves
rise from its depths. These are not 'thorny' questions,
Lucretius assures us: tough lacking (as he must) the law
of incidence and reflection, and impossibly far
from any inkling of frequency or amplitude,
his hypotheses have here the demonic gleam of de Selby
with something of a small boy's ingenuity and charm.

But on the phenomena themselves he is vivid
and exact: we see the woodcutter on a far-off hill
raise the axe to shoulder level, even as its report
reaches the ear; shadows walk beside us in the moonlight;
we bend above a puddle that reflects the heavens;
those heavens open and discharge their hail; the air splits
and we smell — as we never have in life — the alien,
sulphurous stench of a house gutted by a lightning bolt.
Or he can be sweet. Then the stiff hexameter swells
with brave notions, gentle expressions: the pear-tree
gathers through its whole gnarled form the essence
of the pear and presents its flesh to the appetite;
cows roll in pasture, heavy with milk oozing from their dugs
('undiluted milk', he writes, to make the sucklings 'tipsy').

Here then is nature's peaceful traffic: Mars lies asleep
in Venus' lap absorbing her moist, maternal atoms . . .
Yet when he speaks of human love, it is 'incisions',
'stings' and 'loss of strength'. Even as the eye is drawn
to the radiant, volatile surfaces of girls or youths,
we're warned off; and when the symptoms mount from cuts
and bruises to inflammation, delirium, unquenchable fire,
we're told 'distract yourselves with substitutes'
or else: Sleep alone — by this bewildered epicure
(deranged, the Fathers claim, from an overdose of potion)
who, in refrain, recollects his childhood home, the nights
he lay awake watchfull of the Etruscan images
and having dreamt, perhaps, of Iphigenia;
a bookish, high-strung boy frightened by the gods

who would complete a lifetime's scientific effort,
not with ebullient strophes to Venus or Apollo,
but with the Plague of Athens, 430 BC
— in this to prove himself fit for mortal combat,
the poet of the vulnerable body: when the atomic cloud,
wind-borne off Egypt's salty marshes, invades the throats
of the citizens; carrying the weapons of cold and heat;
imposing a regime of thirst and hunger; which attacks
the citadels of life, whose seat — located in the breast —
totters but still holds; exquisite instruments are brought
to bear; and no relief, except in prayers and outcries.
Then not even those; the lively atoms have found
the tongue, 'iriterpreter of the mind', and disconnected it.
Nothing now but unutterable pains. And so it ends.



Maurice Riordan. Poeta irlandés. Nació en 1953 en Lisgoold. Fue educado en el University College de Cork, donde más tarde fue maestro, y en la McMaster University, Canadá. Sus colecciones de poemas son: A Word from the Loki (1995), Floods (2000), Wild Reckoning (2004), The Holy Land (2007) y Poems of Space (2008). Es co-editor, con el científico Jon Turney, de A Quark for Mister Mark, una antología de poemas sobre la ciencia. Su poema "Milk" fue ganador en la National Poetry Competition de 1992. Vivió en Canadá y en España antes de radicarse en Londres, donde es maestro del Morley College.



2 comentarios:

bea dijo...

excelente !!!!!!!!!!!!!

una duda:en la línea "a las que llega aún FRESCA con esa embriagadora pócima primera....",¿no debería decir FRESCO, si el sujeto es EL POEMA?. salvo que se refiera a la un tanto lejana en el texto, NATURALEZA.

detalles aparte, textos así son motivo de estudio, otro valor agregado de la poesía.
ya mismo me voy a googlear LUCRECIO, SAN JERÓNIMO , DE RERUM NATURA.

GRACIAS MARCELO POR PUBLICAR.
BEA

Marcelo dijo...

Ahí lo corregí, gracias, Beatriz. Un fragmento del extenso poema de Lucrecio, lo podés encotrar acá mismo y fijate que en la bio figura el link donde podés leer el De rerum natura completo.
Un beso.-