viernes, 18 de junio de 2010

ESTA BOCA ES NUESTRA


















La sombra de un árbol

Me siento a descansar
bajo la sombra de un árbol.
Juan, mi padre, dice al pasar
—¡Eh, Carlitos!, ahora te pareces
a la sombra de ese árbol.


Cuando yo iba mi tío venía

Cuando yo iba mi tío venía.
Cuando yo subía al árbol mi tío bajaba.
Cuando yo afirmaba mi tío negaba.
¿Acaso te vas a pasar la vida llevándome
la contra?, dijo tío, endemoniado.
Bajé la cabeza, no de vergüenza,
para evitar que me viera reír.


Esta boca es nuestra

Viendo con infinita tristeza
que su compañero de aventuras
yacía a lo largo de la cama
y habiendo oído su desvarío final,
el bueno de Sancho Panza dijo
al señor escribano —Teniéndola
por el único bien recibido
que hasta el momento no ha cedido
a la derrota, agregue que esta boca
es nuestra y que no devolvemos
las palabras que nos dieron.

(a Santiago Sylvester)

De negro a blanco

de la oscuridad a la luz, y viceversa.
Fernando Kofman

Si el mundo es negro
la mente puede ser blanca.
Si la mente es blanca
el mundo puede serlo también.
Si lo negro piensa lo blanco
o lo blanco piensa lo negro
¿el resultado se invierte o se equilibra?

En estos pensamientos lógicos estaba
cuando me puse a oír el viento de la noche.
Después el viento dejó de soplar
y pude oír el silencio de la noche.
Cuando quise recordar el sonido del viento
sólo pude oírlo separado de la noche.
¿Dónde se había metido el viento?

Ahora estaba en mí y no en la noche,
soplando mis palabras, empujando
mi voz, de negro a blanco, y viceversa.

(a Oscar Battistina)


Ni una palabra sobre la muerte

Quique, el panzón, tenía un humor
con estrías, como su risa.
Los últimos días se fue a orillas
del río a charlar con los peces;
las cosas que les habrá contado.
Pero Quique murió, se dejó morir,
propició su muerte como la narración
de un cuento sin drama,
sólo porque no quería dar pena
a nadie. De él aprendí
muchas cosas de la vida,
de las bellas artes del buen vivir
con nada, y también del malo,
cuando el daño es a sí mismo.
Por algo un día me regaló
"La sabiduría del corazón", de Miller,
que aún conservo.
Es posible que en el límite
de esa reticencia de los sentidos
haya podido dar pruebas de una certeza
a medias; la noche en las montañas
no como espectáculo, sino como espectadora
de una lucha desigual.
Por lo demás, nunca dijo una palabra
sobre la muerte, nunca la nombró,
ni en broma.

(a Diego Angelino, Ito Kokmberger y Caroli Williams)

(de: Esta boca es nuestra,
Edit.Casi Incendio la casa,
Bs.As., 2009)




Juan Carlos Moisés (Argentina, Chubut, Sarmiento, 1954)


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