martes, 1 de junio de 2010

EL ACANTILADO DE IKEN











El estuario yace como leche derramada encima de un mapa abierto;
la afirmación de un hecho, hermoso en su simplicidad, desde lo alto del
acantilado;
como un buen anfitrión que porta una amplia, generosa bandeja ante sus
invitados;
pasmosa en su detalle para aquellos que chapotean y sorben allá
abajo en el lodo,
atisbando en los huecos y palpando las texturas, como amantes.

Al centro del canal se afana una sólida barca de tingladillo.
Un niño deja los remos un momento y se pone de pie, y ríe
y le grita a alguien en los jardines de arriba del acantilado,
hace como si se tambaleara y casi cayera por la borda;
lanza una imprecación para que su amigo la pesque y se divierta.
Su amigo se columpia allá arriba en una vieja llanta de tractor, amarrada
a un alto y oscuro abeto.
Se columpia y columpia, destella como una mancuernilla,
sale volando y vuelve a entrar contra el invariable paisaje;
lanzando con fuerza sus piernas sobre la iglesia distante,
poseído por la necesaria confianza en que nada cambiará.
Se agarra fuerte, y aminora el vuelo para enroscar las cuerdas en una
súbita, imperiosa centrífuga
y disfruta con el ir y venir de oleadas de mareo, el cabello al viento.
Dos carcajadas caen en picada rozando el agua, y luego se mezclan en el
aire como vapor y humo.
Uno de los chicos viste la salpicadura de entusiasmado rojo que
Constable ponía siempre con destreza
en algún sitio de sus paisajes, aligerando el verde o azul marino
y gris.

La barca pasa; ahora sólo unas figuras lentas caminan sondeando la piel
de esta escena.
Se mueven allá abajo, vagamente parásitas, entre la crujiente nata de
basura a la orilla del agua.
Lamen lodo negro y curtido con una capa costrosa como yoghurt,
eI sedimento de cientos de granjas de Suffolk ahora mordisquea sus
tobillos.
Los perros se revuelcan y retozan en este su apestoso paraíso,
el blanco de los dientes grabado contra los riachuelos negros y rosados de
la boca colgada,
enhiestas colas como pendones sucios en una brisa crujiente y rígida de sal
y de pescado.
Un mosaico aguanoso de esqueletos de cangrejo, varas enchapopotadas y
pecina de caviar
desparramada a su alrededor; su abierto y enorme terreno de día de
campo.

Estos tintineantes guijarros grises son un millón de huevos fósiles
expuestos al cielo para su inspección en este cuenco de caparazón de
tortuga lleno de lodo.
Se camina en cascaras de huevo.

Todo el estuario sigue ahí, lienzo fresco,
mas seductor; extrañamente plano como un espejismo,
como la escaramuza del aprendiz de artista con la perspectiva,
con ese tapete que no termina de recostarse.
En un espacio tan ancho como la visión hay la necesidad de foco,
de detalles;
ya sean palpados y sentidos por el hueso o registrados en el ojo;
la necesidad de elegir y poseer una cosa;
la piedra en forma de pequeño búho que voltea la cabeza hacia atrás,
el niño serio que le lleva el vaso de vino del día de campo a su padre,
con las dos manos.

(De: Truffle Beds)

Katherine Pierpoint


(Traducción: Carlos López Beltrán
y Pedro Serrano)
IKEN CLIFF

The estuary lies like spilt milk on an open map;
A statement of fact, beautiful in its simplicity from the
clifftop
As a good host bearing a wide, full platter in to a
party;
Arresting in its detail to those who plash and slurp in the
mud below,
Gazing into hollows and fingering the textures, like lovers.

A stout clinkerbuilt boat labours in the centre of the channel.
A boy stands up from the oars for a moment and laughs,
Calls up to one of the clifftop gardens,
Pretends to teeter over the boat's side,
Lobs an oath up for his friend to catch and enjoy.
His friend is swinging up there on an old tractor tyre, lashed
to a tall dark fir tree.
He swings and swings, flashing like a cufflink,
Flying out and back at the enduring view,
Shooting his legs hard away over the distant church,
Full of a needed confidence that nothing will change —
Gripping hard; slows down to twizzle on the ropes in
sudden forceful centrifuge
And enjoy the rise and flop of waves of sickness, hair flying.
Two laughters swoop out over water, then mingle in the
air like smoke and steam.
One boy wears the splash of inspirational red that
Constable always put artfully
Somewhere in his landscapes, alleviating the green or marine
and grey.

The boat passes; now only walking figures slowly probe the skin
of this scene,
Moving, faintly parasitic, down among the crisp froth of
debris on the water's edge.
Sucking black and tan mud with a layer of crust like yoghurt,
Sediment of hundreds of Suffolk farms now nips at the
heels.
Dogs roll and crash with joy here in their foul-smelling paradise,
Teeth etched white against the black and pink rivulets of
sloppily-open mouth,
Sullied pennant tails up in a breeze crackling stiff with salt
and fish.
A damp mosaic of crabshells, tarry sticks and
caviar ooze
Laid out around them, their own huge open picnic
field.

These clinking grey pebbles are a million fossil eggs
Held up to the sky for inspection in this tortoiseshell
mudbowl.
Walking on eggshells.

All the estuary is still there, canvas-cool,
And yet compelling; oddly flat as a mirage,
Like the junior artist's tussle with perspective,
With the rug that won't lie down.
In a space as wide as visión, there is a need for focus,
detail,
Either fingered and felt on bone, or recorded in the eye;
A need to pick and to possess one thing;
The stone shaped like a tiny owl turning its head right around,
The serious boy carrying the picnic glass of wine to his father,
using both hands.



Katherine Pierpoint. Poeta inglesa. Nació en 1961 en Northampton. Estudió Lenguas y Literatura en la Universidad de Exeter. Su obra ha aparecido en numerosas antologías, las más recientes Last Words (1999) y The River's Voice (2000). Su primera colección de poemas, Truffle Beds (1995) fue una Recomendación de la Poetry Book Society. Ha recibido varios reconocimientos, incluyendo el Sunday Times Young Writer of the Year (1996) y el Somerset Maugham Award. Ha realizado Estancias Creativas en diversas instituciones e impartido clases de creación literaria tanto a jóvenes como a adultos. Actualmente es escritora, editora, investigadora y traductora independiente; se encuentra trabajando en una nueva colección de poemas.


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