miércoles, 14 de abril de 2010

EL HOMBRE QUE INVENTÓ EL UNIVERSO
















Pablo de Rokha es el poeta de la desmesura, influenciado por el superhombre de Nietzsche y las ideas de Sigmund Freud compone su cosmos poético haciéndose portavoz de la humanidad. Vale la pena adentrarse en sus textos y dejarse llevar por ese paisaje incandescente en donde la medida es la profusión de adjetivos; colosal y tremendista, el poeta es un mendigo mesiánico que a la manera de Dios lo maneja todo; mares, ciudades, cataclismos. Su extensa obra incluye los libros El folletín del diablo, Suramérica, Morfología del Espanto, Acero de invierno, Fuego negro, Sátira y las antologías Epopeya de las comidas y bebidas de Chile y Mis grandes poemas.
"Agarro las palabras por la garganta y, aunque me muerden las voy domesticando... " dice el que aún no es Pablo de Rokha. Es Carlos Díaz Loyola, nacido en octubre de 1894 en Licantén "la tierra de hombres de piedra ". Es el mayor de los hijos de Don Ignacio y el único que se atreve a mirarlo a los ojos.
En su pueblo natal lo llaman el amigo piedra y este apodo dará origen a su seudónimo poético.

"Encima de los cantos estáis vosotros"

En 1916 conoce a la poeta Luisa Anabalón Sanderson, se enamoran y se casan en 1922, fecha en que se publican Los Gemidos. Luisa acompañará a Pablo 35 años y tomará el nombre de Winétt de Rokha.
El "Clan de Rokha" vive humildemente, alquilando distintas viviendas, alimentándose con la cría de animales y el huerto familiar; ofreciendo hospedaje a poetas jóvenes que llegaban desde el interior, o a amigos en bancarrota. Pablo realiza sus propios libros y sale a venderlos por los pueblos, muchas veces termina canjeándolos por comida a los campesinos.
Edita importantes revistas como Dínamo y Multitud, en las que expresa enardecidamente sus ideas literarias y políticas. En estas publicaciones y en el diario La Opinión, Huidobro, Neruda y de Rokha protagonizan una contienda estética que los enfrentará de por vida. Cada poeta tiene su séquito, y el combate exhibe curiosas reglas de juego, como por ejemplo la vez en que dos nerudianos esperaron a Vicente Huidobro en la estación Mapocho para pegarle una patada en el trasero. El autor de Altazor redactó para el diario el episodio como un match de boxeo.
La vida familiar del poeta está signada por la tragedia, dos de sus hijos mueren pequeños, en 1951 muere su amada Winétt, años más tarde su hijo Carlos a los 42 años, luego de haber padecido severos trastornos mentales y finalmente su hijo Pablo, quien vivió con él y fue su secretario se suicida en mayo de 1968. Tres años antes de su propia muerte Pablo de Rokha recibe el Premio Nacional de Literatura. Durante años los rokhianos organizaron anualmente una comida de desagravio cada vez que no se lo otorgaban.
En septiembre de 1968 decide quitarse la vida con el mismo revólver que usara su hijo.

La furia y la ternura

En su poesía conviven los opuestos: cielo e infierno, lo metafísico y lo popular, el apocalipsis y el nacimiento. Todo puede ser sustancia poética "escoged un material cualquiera, sí un material cualquiera, un material cualquiera determina la biología del poeta, la diagnostica; escoged un material cualquiera, como quien escoge estrellas entre gusanos...".
Así es como caen en la epopeya rokhiana las comidas y bebidas de Chile, los pájaros de alambre triste, el comunismo y la religión. Poseedor de la verdad absoluta, intransigente en su postura de compromiso social ilimitado, juzga desde su grandilocuencia poética a políticos de derecha y de izquierda, a poetas e intelectuales. Esto le vale entre otras cosas la expulsión del partido comunista. En su voz ronca crepita el aguardiente y en cada repetición se acentúa el abismo, 'está lloviendo, está lloviendo, ojalá siempre esté lloviendo, esté lloviendo siempre... "como agua derramada crece la angustia existencial en un tono de arenga universal en el que el poeta es "el hombre que rompe su época y arrasándola le da categoría y régimen "pero también "queda hecho pedazos y a la expectativa ".

22 marzo 1999

(De la revista
La Guacha Nº6.
Bs.As.,1999)

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