viernes, 7 de agosto de 2009

Hay unos sauces...



Hay unos sauces quietos
como yo,
desde hace horas.

Pero las hojas de un olmo
—como por un hilo
unidas al olmo
y, sin embargo,
toda la luz del olmo—
se conmueven y brillan
en cuanto sopla el aire.

Sin tocar con sus hojas
ni molestar a nadie,
un único olmo se estremece y baila
por el hombre y los sauces,
quietos desde hace horas.




Héctor Viel Temperley
(Argentina, Buenos Aires, 1933-1987)



4 comentarios:

Anónimo dijo...

Viernes conmovedor con un poeta que me fascinó. Lo desconocía.Creo en los regalos que llegan cuando se los necesita. Agradecida.

Marcelo dijo...

Me alegro mucho que te haya gustado, anónima. Y a propósito: En nuestro país (no sería mejor decir paisito? como dicen los uruguayos) no siempre "lo mejor" es lo más difundido; hay muchos poetas secretos o, al menos, novisibles, para la mayoría, como Viel Temperley, Ricardo Carreira o el Vizconde de Lascano Tegui que por negarse a integrar grupo alguno, por escribir fuera de cualquier escuela y no aceptar ninguna de las relaciones humanas convencionales, se terminan quedando afuera de todo...hasta que aparece algún editor que hace la patriada de volver a publicarlos y luego un lector o lectora, como vos. Gracias por el comentario.

Anónimo dijo...

O como Gamoneda que por no pertenecer a un grupo o élite fue por mucho tiempo un extranjero en su propia España. Agradecida.

Marcelo dijo...

Es otro buen ejemplo, claro. Hasta que tienen resonancia fuera de su tierra, no? Y entonces, el país de origen los avala. Al menos, así ocurre en la Argentina y creo que eso le pasó a Gamoneda, también. Abrazo, anónima.