jueves, 29 de octubre de 2009

EL LADO CIEGO


Muros


Por más que mire el aire, reconoce que el mundo es éste. No está incompleto, no falta ni un poco de tierra. Toca las piedras, los muros, las ventanas. Si algo faltara, se enteraría.


Tesoros

Si pudiera con sus manos extraer, una a una, las piedras del pasado, esperaría. Su tiempo ya no corresponde al presente. Si mira el entorno, desfallece. Su esperanza en el futuro es escasa. Hace del instante su mayor tesoro. Una joya, casi.


El lado ciego

Por poco inclina su espalda. No tiene perdón ni sentido su pasado. Si pudiera, se iría a un lugar liviano, extenso y apenas movible. No sabe oír, ni tampoco mirar. En su trayectoria sin filos, sus reveses fueron internos. Si pudiera aplastaría con hielo todos los días. Los quemaría.


Manchas

Mira por la ventana, y sólo ve el movimiento de los autos. El movimiento es algo que se ve, y ¿los objetos?... De los objetos queda una suerte de mancha gris.


Presente continuo

a Raúl

Esa época de la vida en que el pasado empieza a ser denso; en ese punto está. El futuro es apenas un designio fatal, del que nada quiere saber. Como si los dioses griegos rozaran su cara, el frío no alcanza, el calor no alcanza; conocer de antemano lo que vendrá, no consuela ni tampoco pone en riesgo su sabiduría. Allí está. De ese inútil desencanto se alimentan sus días.




Carlos Battilana (Argentina, Corrientes, Paso de los Libres, 1964)




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