lunes, 23 de febrero de 2009

L A RECETA















(Las reglas muy simples:
son nada más que siete.)
1. Se toman los clásicos,
se hace un rollo,
y se las pasa por la máquina de picar.
2. Lo que salió hay que pasar por tamiz.
3. Luego sacarlo al aire libre, para ventilar.
(Cuidado, para que las moscas no ensucien
las "imágenes".)
4. Lo secado se revuelve apenas
(para que algunas letras no se endurezcan)
5. Se seca (para que no se eternice) entero,
y se pasa a un aparato:
el simple pimentero.
6.Luego
se pone debajo del aparato
el papel pegajoso
(para cazar las moscas).
7. Ahora, simplemente,
mueva la manija,
¡y mire, para que las rimas no se acumulen!
(para que "dolor" y el "amor",
la "mía" y el "día"
sigan ordenadamente
una por media.)

Saca el resultado, y...
listo para ser usado:
para leer,
para recitar,
para cantar.

Y para curar a los poetas de la melancólica desocupación,
para que no tengan ganas de manchar el papel,
con el buenísimo Anatoli Vasielevich cortar toda relación (1)
y pasarlos al camarada Semashko, para que traten con él.

(1923)
(1) Anatoli Vasielevich Lunacharski,
comisario de la educación.
Vladimir Maiakovski

(Traducción de Irina Bogdaschevski)



Vladimir Maiakovski. (Bagdadi, Georgia, 1893-Moscú, 1930) Poeta soviético. De origen humilde, su militancia en el Partido Bolchevique le causó numerosos problemas con las autoridades de Moscú, donde su familia se había trasladado. En 1911 se unió a los primeros futuristas y participó en la redacción del primer manifiesto futurista ruso. Su odio visceral al universo burgués y su combativo espíritu revolucionario se reflejan ya en sus primeras obras: La bofetada a gusto del público y la tragedia Vladimir Maiakovski (1913). En 1915 publicó el libro de poemas La nube con pantalón y un año después, La flauta-columna vertebral. Del mismo año que la Revolución Rusa son las premoniciones de El hombre (1917), en la que colaboró redactando eslóganes revolucionarios. A partir de 1923 y hasta 1928 trató de congregar en torno a la revista Lef, fundada por él, a toda la vanguardia artística soviética, a pesar de las críticas crecientes de los estamentos del nuevo orden. Exaltación de la figura de Lenin es el poema V. I. Lenin (1923-1924), y los éxitos de la URSS son cantados por el poeta en obras como Octubre (1927) y ¡Bien! (1927). También criticó el creciente aparato burocrático soviético con comedias como La chinche (1929) y El baño, que estuvieron precedidas en 1922 por Los sedentes. Problemas políticos y personales, agravados por el fracaso de sus obras, podrían ser los motivos que explicarían su suicidio, pese a que no tardó en ser reconocido por su valor literario como el fundador de la poesía soviética.



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