jueves, 5 de febrero de 2009

No sé leer...




Secta literaria



Nos reunimos secretamente los jueves por la noche. Encendemos cuatro velas negras, descorchamos el vino del ritual y como en una letanía leemos nuestros versos. La ceremonia alcanza su mejor momento cuando todos a la vez hundimos el cuchillo en el mismo poema ajeno. Aplastamos cada una de sus palabras con ferocidad, como si se tratara de infames termitas capaces de devorar nuestra gloria de aldea.
A veces, no siempre, también sacrificamos a algún poeta. Con su sangre regamos nuestro altar. Hacia el amanecer, limpiamos la zona sagrada. No dejamos un solo rastro. Pero no es fácil: el poeta se empecina en sonreímos, tres días más tarde, desde las páginas del Suplemento Literario.
(De: "Las armas que carga el diablo",
Ediciones Río de los Pájaros,Concordia, 1996)

Deuda

-Me debes la costilla -le dijo Adán a Eva.
Entonces Eva cocinó, lavó, planchó, crió, educó a los hijos. Fue maestra, esclava, secretaria y prostituta.
Todavía hay millones de Evas saldando la deuda.

(De: "La vida te cambia los planes",
Ed.Rio de los Pájaros, Concordia, 1994)




10

-Es distraído- dijo la maestra-
no aprenderá a leer, se lo aseguro.

El tiempo confirmó el vaticinio.
Soy distraído, me distrae
el mínimo
movimiento de luz entre las plantas,
las caricias y los besos públicos,
las raíces que veo y las que escucho
crecer pacientemente, los sabores
de una palabra que da vueltas en la boca.

No sé leer, yo leo
lo que no dicen los discursos,
lo que ocultan
en su asombroso hormiguero de adjetivos,
en su andamiaje falso,
en su torrente sin agua, en su veneno.


No sé leer de otra manera el mundo.

(De "Clausurado por nostalgia", Ed. de autor,
El Colorado, 2007)


Orlando Van Bredam (Argentina, Entre Ríos, 1952)

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