lunes, 2 de febrero de 2009

ATARDECER EN ZARA















Estimados señores, esto que ven
es el atardecer. Lo sé:
son apenas las seis de la tarde;
el sol brilla todavía.


¿Pero en qué momento exacto comienza
el atardecer? Yo creo
que cuando empezamos a esperarlo.


Nos encontramos en Punta Bajlo, frente
a la isa de Ugljan.
El islote que tenemos enfrente se llama Osljak.
Ese pueblito es Kali; aquel otro, Preko.


Les pido que observen
las boyas herrumbradas, los bidones que flotan
oxidados: ya sea la forma, ya el color,
si son impacientes,
puede servirles a ustedes
para hacerse una imagen no adecuada
de la forma que adoptará el sol al atardecer.


Hemos llegado con mucha anticipación
porque ésta es la empresa más difícil
de mi trabajo: explicarles el atardecer.
Y estoy un poco emocionado.


Si no los satisfago
pueden pues abstenerse de la propina;
nuestra visita terminará aquí.


Este no será un atardecer cualquiera.


Piensen que Alfred Hitchkock
cuando pasó por aquí dijo
que en Zara se contempla el más bello atardecer del mundo,
más bello incluso
que el que arranca aplausos a la gente en Key West.


El atardecer en Zara, a no dudarlo,
eligió al testigo mejor autorizado,
a alguien que sabe cómo encuadrar el mundo.


Sólo los directores son titulares
de esa pastosidad de la luz,
esa pegajosa mirada sobre la realidad
que en los filmes se llama fotografía.


Es decir que si lo hubiese dicho Albert Einstein,
Adolf Hitler, o acaso el Papa o Marilyn,
no habría sido pues lo mismo.


¿Se dieron cuenta
de que en nuestra época
no es posible representar
el atardecer? Es un tabú.


Las fotos, los cuadros, los videos
que lo representan son kitsch.
Empalagosos. Vulgares.


Lo que ahora nosotros estamos esperando
será el atardecer más bello del mundo:
será pues un superatardecer;
un atardecer hiperkitsch, de alto riesgo.


¡No saquen fotos! ¡No aprieten el REC!
Mantengan apagada las videograbadoras.


¿Es que no se dan cuenta del peligro?
Regresarían a casa con un patético souvenir.
Un ridículo objetíto
estimado tan sólo por ustedes. Insignificante
y banal para los otros.


¿Es eso lo que quieren?
¿Por qué razón vinieron hasta acá?
Vamos, adelante. No es un deshonor
admitir las propias debilidades.
¿Buscan la belleza? ¿Sí o no?
¿Por qué entonces avergonzarse?


Este acto de mirar debe vivirse
sin que nadie se dé cuenta del todo
y sin documentarlo. Lo prescribe
la estética en vigor.


El arte da un paso atrás
en presencia del atardecer: no hay
simulacro aceptable seriamente.


El buen gusto tutela este instante,
justo este, el de ahora.


Y a mí me paga
el ente de turismo
para decirles que el atardecer
tiene que ser visto en vivo.
Solamente en flagrante.
No es representa ble.


Y sí, hay que resignarse,
a estar aquí completamente,
completamente ahora.


Creo que ya lo tenemos frente a nosotros, ¿no lo creen?


Miren qué grande que es,
se expande hacia todos lados.
El rojo termina
en el lomo de las nubes,
ahí, detrás de ustedes.


Hay dos pesqueros que pasan.
Ellos también forman parte del atardecer.


Sí, está bien, está bien;
entiendo. Me callo.



Tiziano Scarpa

Biografía y traducción: Diego Bentivegna

Nota: Por motivos técnicos no es posible reproducir los signos diacríticos sobre las consonantes de las palabras croatas.


Tramonto a Zara


Questo che vedete, cari signori,
è il tramonto. Lo so,
sono appena le sei del pomeriggio,
il sole è ancora alto.

Ma quando si può dire che il tramonto
inizi? A mio parere
quando noi cominciamo ad aspettarlo.

Ci troviamo a Punta Bajlo, di fronte
all'isola di Ugljan.
L'isolotto davanti si chiama Ošljak.
Quel paesino è Kali, quell'altro è Preko.

Vi prego di notare
le boe arrugginite, i bidoni a galla,
corrosi: sia la forma che il colore,
se siete un po' impazienti,
vi possono servire
a farvi un'immagine inadeguata
di come apparirà il sole al tramonto.

Ci siamo appostati con largo anticipo,
perché questa è l'impresa più difficile
del mio lavoro: illustrarvi il tramonto.
Sono un po' emozionato.

Se sarete delusi
potrete anche astenervi dalle mance,
la nostra visita finirà qui.

Questo non sarà un tramonto qualsiasi.

Pensate: Alfred Hitchcock
passando di qua disse
che Zara ha il più bel tramonto del mondo,
persino più di quello
che strappa applausi alla gente a Key West.

Il tramonto di Zara, non c'è dubbio,
si è scelto il testimonial più autorevole,
uno che sa come inquadrare il mondo.

Solo i registi sono titolari
di quella pastosità della luce,
quello sguardo viscoso sulle cose
che nei film dicesi fotografia.

Per dire, l'avesse detto Albert Einstein,
Adolf Hitler, oppure il Papa, o Marilyn,
non sarebbe stata la stessa cosa.

Ci avete fatto caso
che nella nostra epoca
non è possibile rappresentare
il tramonto? È tabù.

Le foto, i quadri, i video
che lo raffigurano sono kitsch.
Stucchevoli. Pacchiani.

Quello che noi stiamo aspettando qui
sarà il tramonto più bello del mondo:
quindi un supertramonto,
un tramonto iperkitsch, ad alto rischio.

Non fate foto! Non premete REC!
Lasciate spenti i vostri videoaggeggi.

Non vi rendete conto del pericolo?
Tornereste a casa con un patetico
souvenir. Un ridicolo oggettino
caro soltanto a voi. Insignificante
e banale per gli altri.

È questo che volete?
Per che cosa siete venuti qui?
Su, coraggio. Non è disonorevole
ammettere le proprie debolezze.
Cercate la bellezza, sì o no?
Che c'è da vergognarsi?

Questo vostro guardare va vissuto
senza che ne possiate dare conto:
senza documentarlo. Lo prescrive
l'estetica in vigore.

L'arte fa un passo indietro
al cospetto del tramonto: non c'è
simulacro seriamente accettabile.

Il buon gusto tutela questo istante.
Proprio questo, di adesso.

E io sono pagato
dall'ente del turismo
per dirvi che il tramonto
va guardato dal vivo.
Solamente in flagrante.
Non è rappresentabile.

Dovreste rassegnarvi
ad essere completamente qui,
completamente adesso.

Direi che ormai ci siamo, non vi pare?

Guardate quanto è grande,
si espande dappertutto.
Il rosso va a finire
nelle anse delle nuvole
dietro le vostre spalle.

Due pescherecci passano.
Fanno parte del tramonto anche loro.

Sì, va bene, va bene:
ho capito. Sto zitto.


Nota: per motivi tecnici non è stato possibile riprodurre i segni diacritici sulle consonanti delle parole croate.
Pubblicato da t.scarpa il 28-09-06


Tiziano Scarpa nació en Venecia en 1963. Es uno de los escritores jóvenes italianos más importantes. Ha publicado narrativa (novelas como Occhi sulla graticola, 1996, y relatos, como los reunidos en Amore, 1998), textos de carácter ensayístico (Cos'è questo fracasso, 2000) y obras poético-teatrales (como Groppi d'amori nella scuraglia, 2005). El poema seleccionado forma parte de una serie surgida de un viaje a la ciudad dálmata de Zara (actualmente en territorio croata) y fue publicado en el sitio de Internet Il primo amore, donde Scarpa escribe habitualmente: Aquí, y posteriormente reproducido en la Sección "Versiones", de la Revista "Hablar de poesía" Nº17, noviembre de 2007, de donde fue tomado.

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