sábado, 2 de mayo de 2009

EL MAR DE MAÑANA



El mar. He dejado de ir al mar por indolencia. Y también por impaciencia con el ritual necesario: carpa, arena pegada en toda la piel. Pero aun así no puedo ir al mar y dejar de mojar mis cabellos. Y, al llegar a casa, hay que quitar la sal.

Pero un día hablaré del mar de una manera más apropiada. Aunque, creo que voy a empezar un poquito ahora. Voy a hablar del olor del mar que a veces me marea.
Tengo una conocida que vive en la Zona Norte, lo cual no justifica que nunca haya entrado al mar. Cuando me lo contó me quedé pasmada. Y me prometí que ella vendría a mi casa para entrar juntas al mar a las seis de la mañana. ¿Por qué? Porque es el momento de la gran soledad del mar. ¿Cómo explicar que el mar que es nuestra cuna materna tenga su aroma todo masculino; y no obstante sea cuna materna? Tal vez se trate de la fusión perfecta de lo masculino con lo femenino. A las seis de la mañana las espumas son más blancas.


10 de marzo de 1973

Clarice Lispector
(Ucrania, 1920; Brasil, Río de Janeiro. 1977)


(Traducción de Amalia Sato)




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