miércoles, 9 de septiembre de 2009

SI EL MÚSCULO PUEDE SENTIR



Si el músculo puede sentir repugnancia, aún existe un

movimiento falso que hacer;
si la mente puede imaginar un mañana, aún existe una
derrota que recordar;
mientras el propio ser pueda decir "Yo", no rebelarse es
imposible;
mientras exista una virtud accidental, existirá un vicio
necesario:
y el jardín no puede existir, el milagro no puede ocurrir.

Porque el jardín es el único lugar que existe, pero tú
no has de encontrarlo
hasta no haber mirado en todas partes y no encontrado
ninguna que no sea desierto;
el milagro es lo único que sucede, pero para ti no será
aparente,
hasta que hayan sido estudiados todos los hechos y nada
suceda que no puedas explicarlo;

El acebo y el muérdago deben ser bajados y quemados
y los niños alistarse para la escuela. Han quedado suficientes
sobras, para recalentarse, por el resto de la semana—
No que aún tengamos mucho apetito, después de haber
bebido en tal cantidad,
de desvelarnos tanto, tratar—completamente sin éxito—
de amar a todos los familiares, y en general
haber torpemente sobrestimado nuestras fuerzas. Una vez más
como en los años anteriores hemos visto la verdadera visión e incapaces
de otra cosa más que de recibirla como a una posibilidad
simpática, una vez más la despachamos fuera,
pidiéndole sin embargo continuar su desobediente siervo,
el niño prometedor que no puede mucho tiempo guardar su Palabra.
La Fiesta de Pascuas es ya un marchito recuerdo,
y ya el ánimo vagamente experimenta
un desagradable vaho de aprensión al pensamiento
de que Cuaresma y Viernes Santo no pueden ahora, después de todo,
estar muy lejos. Pero por ahora, aquí estamos,
otra vez en la mesurada ciudad aristotélica
del zurcido y el Ochocientos Quince, donde la geometría de Euclides
y la mecánica de Newton dan razón de toda nuestra experiencia,
y la mesa de la cocina existe porque yo la restrego.
Parece que se hubiera contraído durante la fiesta. Las calles
son mucho más angostas de lo que habíamos imaginado;
no nos acordábamos
que la oficina fuese tan deprimente. Para aquellos que vieron
al niño, aunque oscuramente, aunque incrédulamente sin embargo,
el Ahora es, en cierta forma, la más tiránica hora.
Porque los niños inocentes que con tanta excitación cuchicheaban
detrás de la puerta cerrada donde sabían estar los juguetes
crecieron cuando fue abierta. Ahora, recordando ese momento
podemos reprimir el gozo, pero la culpa nos permanece consciente;
recordando el establo donde por una vez en la vida
todas las cosas se hicieron Tú y ningún objeto era Ello.
Y suspirando por la sensación pero ignorando la causa,
buscamos algo, no importa qué, en derredor, donde posar
la propia reflexión, y lo obvio para ello sería
un gran sufrimiento. Así, una vez que vimos al Hijo,
estamos tentados en adelante de rogar al Padre:
"Déjanos en la tentación y el mal por nuestro bien,"
Porque vendrán, descuídate, está muy bueno; probablemente en una forma
que no nos esperamos, ciertamente con una fuerza
más terrible de lo que puede imaginarse. Mientras tanto
aún hay cuentas que pagar, máquinas que dar a componer,
verbos irregulares que aprender, el Ahora que redimir
de la insignificancia. La mañana feliz ha terminado,
la noche de la agonía aún está por venir; ahora es mediodía:
cuando el Espíritu debe practicar sus escalas de júbilo
sin una audiencia hostil tan siquiera, y el Alma soportar
un silencio que no es ni a favor ni en contra de su fe
de que se hará la Voluntad de Dios, de que, a pesar de sus ruegos
Dios no defraudará a ninguno, ni siquiera al mundo
a la hora de su triunfo.

(Fragmento de For the Time Being
Oratorio de navidad, 1944.)
W.H.Auden( Inglaterra/E.E.U.U.; York, Reino Unido, 1907-Viena, 1973)

(Traducción de J.C.Urtecho y E.Cardenal,
Antología de la poesía norteamericana,
Aguilar, Madrid, 1962- Edición no Bilingüe)



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