martes, 24 de noviembre de 2009

EL ICEBERG IMAGINARIO





Preferimos tener el iceberg al barco,
aunque esto significara el fin del viaje.
Aunque se quedara inerte como una piedra de nube
y todo el mar fuera un mármol moviente.
Preferimos tener el iceberg al barco;
preferimos poseer esta llanura jadeante de nieve
aunque las velas yazgan en el mar
como la nieve flota sin disolver en el agua.
¿Te das cuenta, oh solemne extensión flotante,
de que un iceberg descansa en ti
y al despertar puede pastar en tus nieves?

Por esta escena un marinero daría sus ojos.

El barco olvidado, el iceberg se levanta
y se vuelve a hundir; sus pináculos vidriosos
corrigen elípticas en el cielo.
El que pisa las tablas en esta escena
es torpemente retórico. La cortina
es lo suficientemente ligera para alzarse
en las cuerdas muy tenues del trenzado de la nieve.
La brillantez de estas aristas listas
hace la finta al sol. Su peso el iceberg atreve
en un escenario cambiante, mira y se detiene.

Este iceberg corta sus caras desde adentro.
Como la joyería de una tumba
sobrevive perpetuamente y sólo a sí mismo se adorna,
o quizás a las nieves
que tanto nos sorprenden yaciendo sobre el agua.

Adiós, decimos adiós, el barco se aleja
hacia donde las olas dejan el paso a otras olas
y las nubes corren por un cielo más cálido.
Los iceberg invitan al alma
(ambos autoconstruidos de elementos menos visibles)
a mirarlos tan: encarnados, puros, erguidos, indivisibles.




Elizabeth Bishop (E.E.U.U.Worcester, 1911-Boston, 1979)
(Versión: Verónica Volkow)


THE IMAGINARY ICEBERG

We'd rather have the iceberg than the ship,
although it meant the end of travel.
Although it stood stock-still like cloudy rock
and all the sea were moving marble.
We'd rather have the iceberg than the ship;
we'd rather own this breathing plain of snow
though the ship's sails were laid upon the sea
as the snow lies undissolved upon the water.
O solemn, floating field,
are you aware an iceberg takes repose
with you, and when it wakes may pasture on your snows?

This is a scene a sailor'd give his eyes for.
The ship's ignored. The iceberg rises
and sinks again; its glassy pinnacles
correct elliptics in the sky.
This is a scene where he who treads the boards
is artlessly rhetorical. The curtain
is light enough to rise on finest ropes
that airy twists of snow provide.
The wits of these white peaks
spar with the sun. Its weight the iceberg dares
upon a shifting stage and stands and stares.

This iceberg cuts its facets from within.
Like jewerly from a grave
it saves itself perpetually and adorns
only itself, perhaps the snows
which so surprise us lying on the sea.

Good-bye, we say, good-bye, the ship steers off
where waves give in to one another's waves
and clouds run in a warmer sky.
Icebergs behoove the soul
(both being self-made from elements least visible)
to see them so; fleshed, fair, erected indivisible.




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