lunes, 16 de noviembre de 2009

A un domador de caballos




1
Cuatro elementos en guerra
forman el caballo salvaje.
Domar un potro es ordenar la fuerza
y el peso y la medida;
es abatir la vertical de fuego
y enaltecer la horizontal de agua;
poner un freno al aire, dos alas a la tierra.

¡Buen domador el que armoniza y tañe
las cuatro cuerdas del caballo!
(Cuatro sonidos en guerra
forman el potro salvaje.)
Y el que levanta las manos de músico y las pone
sobre la caja del furor
puede mirar de frente a la Armonía
que ha nacido recién
y en pañales de llanto.
Porque domar un potro
es como templar una guitarra.


2
¡Domador de caballos y amigo que no pone
fronteras a la amistad,
y hombre dado al silencio
como a un vino precioso!
¿Por qué vendrás a mí con el sabor
de los días antiguos,
de los antiguos días abiertos y cerrados
a manera de flores?
¿Vienes a reclamar el nacimiento
de un prometido elogio,
domador de caballos?

(Cordajes que yo daba por muertos resucitan:
recobran en mi mano el peligroso
desvelo de la música.)


6
El caballo es hermoso como un viento
que se hiciera visible,
pero domar el viento es más hermoso
y el domador lo sabe.

Y así los vemos en el Sur: jinete
del río y de la llama;
sentado en la tormenta
del animal que sube como el fuego
que se dispersa como el agua viva;
sus dedos musicales afirmados
en la caja sonora
y puesta su atención en la Armonía
que nace de la guerra, flor de guerra.


Leopoldo Marechal (Argentina, Buenos Aires, 1900-1970)



Tres poemas de los siete "Poemas australes" -1937-, tomados de Campo de maniobras, donde se puede leer la serie completa.

1 comentario:

bea dijo...

..."y puesta su atención en la Armonía
que nace de la guerra, flor de guerra"...

"HARMONIA EST DISCORDIA CONCORS"

gracias Marcelo, por traer al maestro Marechal