jueves, 19 de noviembre de 2009

Vuelve del sueño...



Vuelve del sueño la lluvia pegajosa

que sostiene su peso sobre las almas
-agua lenta, insaciable, inmensa, vacilante,
aún niña- con las antiguas flores
cuya pared se ha rajado
para dejarla ir lejos, donde quiera.
Risas de la extranjera de las barcas, la plata
de sus rodillas con sal, la tan pequeña
bombacha de encaje negro, la partida
del tren azorado en el humo
de los brebajes y los fuertes adioses
hasta el horizonte perdido de su boca,
hasta apagarse en la distancia la música
desequilibrada por las olas y el viento
de la memoria. En la torre del mercado
la gorda vendedora de sandías, con un pañuelo
rojo en la cabeza; y las hojas
empezaron a volar otra vez para siempre
entre los dientes amarillos del tiempo,
desde tales lugares y su gloria
que sostuvieron sus pechos, donde la lluvia
tendió de nuevo el anillo insondable
para la ceremonia. Y todo lo perdido
es adorable y espléndido, el resplandor
de Dios en la cascara del camarón y la piedra,
los soles pasionales, la ciega
belleza sin consuelo del mundo.


Enrique Molina (Argentina, Buenos Aires, 1910-id, 1996)



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