sábado, 28 de noviembre de 2009

LA CACEROLA


Cuando se detuvo al fin en la larga calle principal

de la ciudad pequeña, tras aquel viaje de ciento
noventa millas, a las cinco en punto, bajo un sol de septiembre,
de latón, rastrero y húmedo, en Westcountry
en el extremo lejano de la calle, y cuando
él sacó su rigidez del coche
atestado de libros, bolsas de viaje
para alfarería o cuchillerías y artículos de bebé,
y cruzando la calle en pendiente en aquel pueblo extraño
para comprar una cacerola en la que calentar leche y comida
infantil,
en ese momento en que ellos llegaron
horas antes que sus muebles
a su nueva casa desnuda, en su extraña nueva vida,
no se dio cuenta que la ferretería
en la que compró la cacerola llevaba cerrada
y vacía más de dos años. Y al volver
con la pequeña cacerola tampoco se dio cuenta
de que había en la acera un hombre mirándola,
su brazo rodeando a una chica que llevaba
un traje de noche largo casi inexistente,
abierto hasta la cadera, y un chai blanco, calado y de seda
sobre los hombros desnudos y pendientes con garras de leopardo,
no reconoció ni él ni su mujer tampoco
mientras fatigado se apretaba junto a ella
al volante del Morris Traveller,
que ese hombre, a dos yardas apenas,
mirándolos fijamente a ambos,
ese hombre, infinitamente más vivo
que cualquiera de ellos, felices en su coche,
era incluso él -aun sabiendo por entero su futuro
incapaz de avisarles.

(de: Cartas de cumpleaños,
Lumen, 1999)


Ted Hughes (Inglaterra, Mytholmroyd, 1930-Leicester, 1998)

(Traducción de Luis Antonio de Villena)

THE PAN

When he stopped at last in the long main street
Of the small town, after that hundred
And ninety miles, the five-o'dock, September,
Brassy, low, wet Westcountry sun
Above the street's far end, and when
He had extricated his stiffness
from the car crammed with books, carrier bags
Of crockery, cutlery and baby things,
And crossed the tilting street in that strange town
To buy a pan to heat milk and babyfood
The moment they arrived
Hours ahead of their furniture
Into their stripped new house, in their strange new life,
He did not notice that the ironmonger's
Where he bought the pan had been closed
And empty for two years. And returning
With the titile pan he did not notice
A man on the pavement staring at him,
His arm round a young woman who wore
A next-to-nothing long evening dress
Slashed to the hip, and a white, silk, open-work shawl
Round her naked shoulders, and leopard-claw ear-rings,
He did not recognize, nor did his wife
As he squeezed back weary beside her
Behind the wheel ofthe Morris Traveller,
Thaf this man, barely two yards from them,
Staring at them both so fixedly,
The man so infinitely more alive
Than either of them there in the happy car
Was himself- knowing their whole future
And helpless to warn them.


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