jueves, 12 de noviembre de 2009

LOS AÑOS


Como cuando una noche, en el campo, junto a un arroyo,

uno levanta los ojos
y ve que las estrellas se han corrido hacia el oeste,
miro mis años esta tarde.

Hay espacios con una luz muy tenue
como si algo hace un instante
hubiese terminado de extinguirse,
algo que quizá fuera un deseo luminoso
y aún muerto durara
como la sensación que nos deja en las manos
el roce de un objeto querido.

Hay otros, donde la luz es tan intensa
que cuesta distinguir
las siluetas felices que danzan en el trigo
o en caballos radiantes atraviesan el sol
sobre los campos jóvenes
o regresan del bosque con la alegría verde y revuelta
y la noticia incontenible
de las primeras flores del mundo.

Hay espacios, también, donde un rumor de aguas
pasa (como el arroyo)
entre orillas nocturnas
junto al desvelo oscurecido
y a la trabajosa fogata
donde lo reunido y lo lejano
tardan en arder, en confundirse,
en aceptar el humo
que lentamente sube
y dispersa
los diálogos,
los miedos,
los gestos que alguna vez nos revelaron
el amor o el olvido,
esa última estela que dejamos, acaso, para nadie.

Como cuando una noche, en el campo,
uno levanta los ojos
y ve que las estrellas se han corrido hacia el oeste,
miro mis años esta tarde.

Hay un árbol hermoso
que, en el reparo, se resiste a reconocer el otoño
y se ha dorado levemente
como si exhalara un débil resplandor
más nítido que la luz de junio.
El mundo, por un instante, es ese árbol.
Y pienso cuántas cosas, por un momento,
por un hondo momento, han sido el mundo
dejándonos, apenas, una tierna dulzura
que, quizá, no alcanzamos a reconocer
como las siluetas felices que danzan en el trigo
o en caballos radiantes
atraviesan el sol sobre los campos jóvenes.

Miro serenamente mis años esta tarde,
como cuando una noche, en el campo, junto a un arroyo,
uno levanta los ojos
y ve que las estrellas se han corrido
un poco hacia el oeste.


Juan Manuel Alfaro


Juan Manuel Alfaro . Poeta, narrador y profesor de literatura argentino (Entre Ríos, Nogoyá, 1955). Ha publicado Cauce (1979), La luz vivida (1981), El cielo firme (1985), La piedra azul (1991), poesía, y La dama con el unicornio (2000), cuentos, Premio Literario Fray Mocho 1998. Compiló y prologó la Obra poética de Carlos Alberto Álvarez (Editorial de Entre Ríos - 2003) y El gozo y la elegía -Poesía- de Héctor Jorge Deut. En 1979, el Gobierno de Entre Ríos le otorgó la distinción "Joven destacado en Letras" y en 1981 fue invitado por el Fondo Nacional de las Artes para cumplir, en Buenos Aires, el "Programa de Extensión Cultural" destinado a escritores y artistas del interior del país. Volvió a recibir el premio Fray Mocho, por "Plena palabra" (Poesía, 2002). Integró, entre otros, el jurado del Premio a la Producción Literaria de la Municipalidad de Santa Fe, en 1982 y 1990.


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