jueves, 25 de marzo de 2010

A mi hija












Dame otra vida y seguiré cantando
en el café Raffaela. Y me quedaré ahí sentado
o parado como un mueble en un rincón
si esta vida nueva es menos generosa que aquella.

Así y todo, en parte porque desde ahora ningún siglo podrá
arreglárselas sin jazz ni cafeína, soportaré este sufrimiento
y a través de mis huecos y mis grietas, de todo el polvo
y los barnices, te observaré, en veinte años, en tu florecida flor.

Recuerda que, en general, seguiré existiendo. O más bien
que un objeto inanimado podría ser tu padre,
en especial si los objetos son más viejos o grandes que vos,
así que miralos atentamente, porque sin duda te juzgarán.

Ama esas cosas, te tropieces o no con ellas.
Además, quizá todavía recuerdes una silueta, un contorno,
cuando yo haya perdido hasta eso, junto con el resto del equipaje.
Así, estos versos, algo acartonados, en nuestra lengua en común.

(1994)

Joseph Brodsky (Leningrado, 1940 - Nueva York, 1996)

(Traducción de Daniela Camozzi
y Walter Cassara)
To my daughter

Give me another life, and I'll be singing
in Caffe Rafaella. Or simply sitting
there. Or standing there, as furniture in the comer,
in case that life is a bit less generous than the former.

Yet partly because no century from now on will ever manage
without caffeine or jazz. I'll sustain this damage,
and through my cracks and pores, varnish and dust all over,
observe you, in twenty years, in your full flower.

On the whole, bear in mind that I'll be around. Or rather,
that an inanimate object might be your father,
especially if the objects are older than you, or larger.
So keep an eye on them always, for they no doubt will judge you.

Love those things anyway, encounter or no encounter.
Besides, you may still remember a silhouette, a contour,
while I'll lose even that, along with the other luggage.
Hence, these somewhat wooden lines in our common language.




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