sábado, 20 de marzo de 2010

UNA PIEL NORMAL



Los días húmedos llegan como un sarpullido:

después de un mes de sol, los vidrios de las ventanas
están nublados con la vida póstuma
del pelaje del gato y la balsamina,
y, enguantada en su último ataque
de eczema, nuestra silenciosa vecina
se sienta tras sus cortinas como una veladora
prendida, el rostro de lado,
los hombros encogidos.
Está desarmando los relojes que coleccionó todo el año
en bazares y fiestas de pueblo
y acomodando las piezas sobre la mesa.
Ella sabe cómo están hechas las cosas —pero no se trata de eso
lo que importa es el orden que inventa
y fija en su mente:
un mapa de engranes y resortes, dispuestos en hileras,
invisiblemente numerados.
Lo que anhelamos en el dolor es un orden,
la impresión de una vida
que no puede ser destruida, sólo desmantelada.
Durante años comprabas esas navajas de mango naranja,
la pasta de dientes y los champús suaves para una piel sensible
que yo nunca tuve. Durante años desarmé
los recuerdos que creí que me completarían
al desentrañarlos.
Lo que anhelamos en el dolor
es la razón: una impresión de nosotros mismos
como seres heridos, explicados,
privados de un destino.
Tarde por la noche,
nuestra vecina corre sus cortinas, desaparece,
y se recuesta en la reparadora oscuridad, medio despierta,
y adquiere una piel normal
a fuerza de voluntad.
No soy aquel que tú pensaste
sensible, el alma que esperabas encontrar:
al llegar a casa, húmedo aún de lluvia iluminada por la luna
entro al silencio que dejaste, en una casa sin sueños,
y reconozco cuán poco siento
si me detengo a escuchar.


John Burnside (Escocia, Dunfermline, Fife, en 1955)

(Traducción: Carlos López Beltrán
y Pedro Serrano)
A NORMAL SKIN

The wet days come like a rash:
after a month of sun, the windowpanes
are clouded with the afterlife
of cat fur and busy-lizzies,
and, gloved in her latest attack
of eczema, our silent neighbour
sits between her curtains like a burning
candle, her face turned aside,
her shoulders hunched.
She's taking apart the clocks she collected all year
at boot fairs and local fêtes
and laying them out in pieces on the table.
She knows how things are made — that's not the point —
what matters is the order she creates
and fixes in her mind:
a map of cogs and springs, laid out in rows,
invisibly numbered.
What we desire in pain
is order, the impression of a life
that cannot be destroyed, only dismantled.
For years you would buy those razors with orange handles,
the toothpastes and mild shampoos for a sensitive skin
I never had. For years, I took apart
the memories I thought would make me whole
being unravelled.
What we desire in pain
is reason: an impression of ourselves
as wounded, explained,
coerced from a destination.
Late at night,
our neighbour draws her curtains, disappears,
and lies in the healing darkness, half-awake,
achieving a normal skin
by an effort of will.
I'm not the one you thought
was sensitive, the soul you hoped to find:
arriving home, still wet with moonlit rain,
I enter the silence you left, in a dreamless house,
and reckon how little I feel,
when I stop to listen.



4 comentarios:

bea dijo...

"lo que anhelamos en el dolor es un orden",
"lo que anhelamos en el dolor es la razón":

TAL CUAL !!!!!!!!!!!!!!!!!

EXCELENTE TEXTO, QUÉ POETA!!!!!!!!!!
gracias y cariños
bea

bea dijo...

...y mi comentario?

igual cariños
bea

Marcelo dijo...

Un beso, Bea.

Marcelo dijo...

NO estuve en casa, Beatriz, por eso me demoré un poquito, pero ya está. Otro beso.