martes, 30 de marzo de 2010

No me canso de mirar...



No me canso de mirar los árboles desnudos. Alamos,

abedules, tilos -todos aquellos que veo
desde mi ventana. No puedo comprender qué los hace
extraños y a un tiempo mortalmente hermosos. Debería
hacer algo con ellos, me gustaría dibujarlos,
describirlos, pero no tengo la capacidad para hacerlo.
Ni siquiera puedo describir lo que siento
sentado aquí frente a la ventana mirando las ramas
oscilantes
en la oscuridad que crece, algunas cornejas solitarias
en el viejo fresno, el abedul que se levanta entre la
pila de los leños.
Escribo sobre ellos simplemente, intento nombrarlos:
Populus, Tilia, Betula, Ulmus, Fraxinus,
como otros nombran a sus santos o leen mantras.
Y siento cierto alivio. Quizá veo incluso
que estos vástagos y ramas
este borrascoso diseño cotidiano bosquejado en negro y gris
encierra algo todavía. Como la palma de la mano.
Carácter. Destino. Futuro. Carácter del álamo.
Destino del tilo. Personalidad del abedul. Es difícil
decirlo en palabras. Probablemente no lo sea menos
sin palabras. Los mundos
de los árboles y de los hombres son muy dispares.
Sin embargo
hay algo casi humano, casi intelegible
en esta red de ramas. Casi una escritura,
un lenguaje que yo ignoro aunque sé
que el texto escrito en él me resulta familiar
no puede ser muy distinto de lo que leemos
en un libro, en una palma o en un rostro.


(sin mención del traductor)*


Jaan Kaplinski (Estonia, Tartu, 1941)


*Extraido de la Revista "Poesía y poética", Universidad Iberoamericana, Verano, 1994; el poema fue enviado en una traducción que Kaplinski hizo del estonio al inglés, y por pedido expreso del autor no fue publicado junto a la versión inglesa.



1 comentario:

Anónimo dijo...

muy muy bueno. Gracias. Y la consagración de la Primavera, ahhhhhhhhh.

GRACIAS. S.