martes, 30 de marzo de 2010

El viento no sopla...




El viento no sopla. El viento es el soplo.
¿Acaso hay viento que no sople, sol que no brille,
río que no corra, tiempo que no fluya?
El tiempo es el fluir. Aunque ignoremos
qué es lo que fluye. ¿O habrá quizá
un tiempo aguardando, detenido como un lago
que un dique retiene? ¿Existe un fuego que
no abrase, que ni siquiera humee?
¿Un fuego frío? ¿Un relámpago que aún no haya irrumpido?
Un pensamiento todavía no pensado? Una vida
aún no vivida y que tal vez perdure para siempre,
un espacio vacío, un agujero negro en una seca escoba de hechicera,
una ola petrificada antes de alcanzar la playa y que ahora
mira mis ojos desde la mesa
y que en el sueño golpea mi corazón.


La silla en la que estás...

La silla en la que estás sentado, la flor en el alféizar
la hoja de papel sobre la mesa, el lápiz en tu mano,
la propia mano, tú, tú mismo -todo
se desvanece, se funde, pierde contornos,
si tan solo logras verlo, seguirlo
un instante, detener tu ojo y tu mente
sin saltar hacia un lado o hacia delante. Algo existe todavía
cuando no ves nada en particular.
La distracción da a las cosas una forma definida. La atención
abre la puerta a un mundo totalmente diferente
en el que nada es por sí mismo, en el que todo está en todo
y todo es algo distinto como yo lo sospechaba
hace ya muchos años. He escrito también sobre ello.
Igual que Gunnar Ekelôf hace cincuenta años
como hace poco descubrí.

(Sin mención del traductor)*


Jaan Kaplinski (Estonia, Tartu, 1941)


*Extraido de la Revista Poesía y poética, Universidad Iberoamericana, Verano, 1994,el poema fue enviado en una traducción que Kaplinski hizo del estonio al inglés, y por pedido expreso del autor no fue publicado junto a la versión inglesa.


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