martes, 3 de noviembre de 2009

LOS TREINTA Y TRES NOMBRES DE DIOS












(1)

Mar de mañana

(2)

Ruido de la
fuente en
las rocas
sobre las lajas
de piedra

(3)

Viento del mar
la noche,
en una isla

(4)

Abeja

(5)

Vuelo triangular
de los cisnes

(6)

Cordero recién nacido
carnero hermoso
oveja

(7)

El suave morro
de la vaca
el morro salvaje
del toro

(8)

El morro
paciente del
buey

(9)

El fuego rojo
en el hogar

(10)

El camello
cojo
que atravesó la
gran ciudad atascada
camino a su muerte

(11)

La yerba
El olor a yerba

(13)

La buena tierra
la arena
y la ceniza

(14)

La garza que
esperó toda la
noche, casi helada,
y que al fin
apacigua su
hambre al alba

(15)

El pequeño pez
que agoniza
en la garganta
de la garza

16

La mano,
que se pone en
contacto
con las cosas

(17)

La piel, por
toda la superficie
del cuerpo

(18)

La mirada
y aquello que mira

(19)

Las nueve puertas
de la
percepción

(20)

El torso
humano

(21)

El sonido de una
viola o de una
flauta indígena

(22)

Un sorbo
de bebida
fría o
caliente

(23)

El pan

(24)

Las flores
que brotan
de la tierra
en primavera

(25)

Tener sueño
en una cama

(26)

Un ciego
que canta
y un niño
enfermo

(27)

Caballo que
corre
en libertad

(28)

La mujer-
de-los-perros

(29)

Los camellos
que se abrevan
con sus pequeños
en el arduo
guad.

(30)

Sol naciente
sobre un lago
aún helado
a medias

(31)

El silencioso
relámpago
El rayo
estrepitoso

(32)

El silencio
entre dos amigos

(33)

La voz que viene
del este,
entra por la oreja
derecha
y enseña un canto



Marguerite Yourcenar


(Versión de Silvia Baron Supervielle)


Marguerite de Crayencour; Bruselas, 1903 - isla de Mount Desert, Maine, EE UU, 1987) Escritora francesa de origen belga. Huérfana de madre desde su nacimiento, fue llevada muy pronto a Francia por el padre (natural de Lille) que, tras impartirle una educación bastante esmerada, la llevó siempre con él, en el curso de su cosmopolita existencia, comunicándole su amor por los viajes. Cursó estudios universitarios, especializándose en cultura clásica, y empezó a publicar diez años antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, aunque con escaso éxito. De esta primera época son las novelas Alexis o el tratado del inútil combate (1928), que comenzó a despertar el interés de la crítica: obra de corte gidiano, es una lúcida y desinhibida vivisección de un fracaso existencial; La Nouvelle Eurydice (1929); Denier du rêve (1934); y La mort conduit l'attelafe (1934), colección de tres cuentos. Sus largas estancias en Grecia dieron origen a una serie de ensayos reunidos en Viaje a Grecia y llevaron a su maduración la idea originaría de Fuegos (1936), una obra esencialmente lírica compuesta de relatos míticos y legendarios. La misma dimensión mítica se deja traslucir en su colección de Cuentos orientales, publicada en 1938. El año siguiente aparece El tiro de gracia Son importantes también varios ensayos, como Pindare (1932) y Les songes et les sorts (1938). En 1939 la guerra la sorprendió en los Estados Unidos y allí fijó su residencia, en Maine, dedicándose en un principio a la enseñanza y adquiriendo la nacionalidad norteamericana en 1948. Llevó a cabo también en este período una serie de refinadas traducciones de textos de diversa naturaleza: obras de Virginia Wolf, Henry James y K. Kavafis y la antología de poesía griega antigua La couronne et la lyre.Su fama como novelista la debe a dos grandes novelas históricas que han tenido gran resonancia: Memorias de Adriano (1951), reconstrucción histórica realizada con gran celo documental de la vida del más ilustrado de los emperadores romanos. Escrita a modo de carta dirigida como testamento espiritual a su sucesor designado, es una meditación del hombre sobre sí mismo, e ilustra el único remedio posible a la angustia de la muerte: la voluntad de vivir conscientemente, asumiendo el deber principal del hombre que es el perfeccionamiento interior. La otra fue Opus nigrum (1965), obra fruto de cuidadosas investigaciones, que gira en torno a la figura del médico alquimista y filósofo Zenón, intelectual enfrentado a los problemas del conocimiento. Publicó también el ensayo A beneficio de inventario (siete estudios sobre A. d'Aubigné, Piranesi, S. Lagerlöf, Kavafis, Th. Mann, etc.) y diversas obras teatrales como Electre ou la chute des masques (1954), Le mystère d'Alceste (1963) y el volumen de 1971 que comprende Dar al César, Le petite Sirène y Le dialogue dans le marécase. En 1974 publicó su autobiografía en dos volúmenes: Recordatorios y Archivos del Norte, frescos histórico-narrativos sobre su propia familia. Fue la primera mujer en ser elegida miembro de la Academia Francesa en 1980. En el curso de un viaje a África llevó a término la redacción de los tres relatos que componen Como el agua que fluye (1982), y el ensayo Mishima o la visión del vacío (1981), fruto de la larga frecuentación de la obra del gran escritor japonés. En 1982 vio la luz Con los ojos abiertos, libro de conversaciones con Matthieu Galey, que constituye una reveladora autobiografía.


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