miércoles, 23 de diciembre de 2009

el café del mar



Todo el mar puede caber

en una taza de café
basta con que la imaginación
del que observa la borra del fondo
empiece a tejer analogías
entre la porcelana y el nácar,
entre el brillo algo opaco de las paredes
de la taza y las valvas de ciertos moluscos,
basta que la emoción inestable
vuelque en la taza el anhelo
de la insondable inmensidad
de la madre oceánica, porque el mar
es hembra, una matriz colosal
y cualquier tarde de agosto puede
antojársele caber en una taza de café
para servir de bálsamo
a una irremediable melancolía
que invadida de pronto por su olor
salado y primordial, salte sobre sí misma
y nade hasta la superficie para
beberse de un trago todo el hambre de vivir
que quepa en la taza del mar.


Carlos Ardohain (Argentina, Mar del Plata)



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