lunes, 21 de diciembre de 2009

UNA CASA PARA DOS ESCRITORES

A Carlos Bernatek, mi esposo,
porque sin él no lo hubiera escrito
MILAGRO EN LA SIESTA

Entre mis pocos objetos imprescindibles –la máquina,
el Espasa, la revista del cable-, sos el más inmóvil.

El perro no lo sabe. Va hacia tu lado de la cama. Olisquea
la mano suelta. Tal vez sea su día de suerte. Puede ocurrir
el milagro de que te despiertes y lo acaricies.


MISSOURI
a Diego Bentivegna
Su padre hizo el cerramiento. Esta tarde
me trae para ostentar ciertas habilidades que quizás
haya heredado.
No te olvides, dice, ya existe un libro
con ese nombre. Me causa gracia ¡Claro que
la elección de una palabra conlleva
el riesgo de muerte!

La corriente mueve la llama del calentador. Somos
dos escritores. Nuestra tarea consiste
apenas en catalogar ¿Y ese río, Missouri? Todos saben
que arranca de cuajo árboles enteros.

Nos quedamos en silencio ¿Qué más podemos hacer?
Todo crece a nuestro alrededor.
Todo tiende a dejarse llevar. Incluso nosotros.


(De: El libro de los celos,
Ediciones en danza,
2009)

Cecilia Romana (Argentina, Buenos Aires, 1975)




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