lunes, 27 de abril de 2009

CARTA A CÉSAR VALLEJO

















César Vallejo, tu bastón, tus ojos,
tu madre, tu chaleco humilde y triste,
tus palabras de uso, gastadas noblemente
como una herramienta milenaria
que te han puesto en las manos,
como la herramienta tocada, sudada por el hombre,
agraviado de tanta lejanía, anónimo señor de la calle,
elegido a la fuerza, sepulturero, insomne,
calado hasta los buceos de trascendente llama,
de trigo servicial y de nativo llanto necesario,
César Vallejo, tu pan leído del cielo,
tu pan distinto de nostalgia,
tu cara parecida a "en fin", "después de todo",
César Vallejo, del lado más terrible y más desnudo del mundo,
haces signos, previenes, nos preguntas la sangre,
nos preguntas el sueño y nos gritas
por qué te dan así tanto en el alma.


César Vallejo, tu voz cómo nos suena,
qué igual a tu persona inconfundible, a la incesante piedra
de tu siempre, a tu caer molido en tu esqueleto,
a tu caer sin fin hasta tu fondo
sin sobra y con arrugas,
a tu espoleada frente recorriendo
la tierra varonil de tu tristeza.


Porque así, sencillamente, como debe ser,
hablas las cosas que te pasan
y todavía más las que han pasado,
porque es necesario hacer clara la lista,
el texto que te piden, la escritura que sacas
del olvido, que piden a ese sueño sombrío que es tu vida,
la cláusula pasiva de tu carne, tus palabras,
como tú las querías, para siempre.


Ahora pienso en ti, pienso en la roca
que tiene el cielo atrás, echado al alma,
y un taciturno espejo espeso que lo mira,
su existir corrobora las aves sin embargo,
y es así que te veo, escueto de pasiones,
rectificando al hombre que pasa por la calle
con su familia tácita, sn esperanza inmediata,
su rostro en el bolsillo momentáneo,
y tú, mientras, desnudo, mortificado, solo,
rectificas tu muerte, rectificas
su estancia sollozada, su suntuosa mentira,
y las definitivas decenas, gota a gota,
de la muy minuciosa y pueril, de un solo trago,
y la arbitraria cuenta de tus noches.


Pero si es verdad que, como te decía,
atestiguas el llanto, de pie, contra la noche,
o el súbito argumento rotundo de una muerte,
si es verdad que sollozas tu fuego venidero,
y le das unidad a tanta desgracia,
tanto oscuro desorden cercando, tanta sombra,
aún te queda sonrisa por la sopa materna,
y el vino hecho en la casa recorre tus semanas,
aún hablas de las mulas, del tiempo, o de si es tarde,
aún ves caer la lluvia y te sonríes
como si hubieras visto un pariente querido,
aún dices sin embargo, bizcocho, nieve, ahora,
aún olvidas, no excluyes,
admitiendo esa costumbre tan antigua del mundo
de abrazar la saliva y el ave,
en el mismo aceite innombrado,
en un tan idéntico fuego de estatura melancólica.
Aún olvidas el llanto un instante, la agujereada
materia de tu llanto, y un momento acaricias la vida,
y dices que no es nada, no es nada, no es nada.


En esta hora que te escribo
todo sigue lo mismo, las nubes, las semanas,
ya ves, es increíble que toda siga tan lo mismo,
y si es verdad que pensar que hayas vivido
me alegra y duele a un tiempo,
sé que es sólo un momento que pasará bien pronto
pues apenas hay hora para vivir lo nuestro y decir
aquí estamos, éste es mi testimonio, ésta es mi alma.


Siga el árbol y el hombre con su amargura a cuestas
y las sagradas letras del crepúsculo olviden
que apenas se ha perdido tu pobrecito traje
de esa tela tan triste que nos das para siempre.
Llueve largo el olvido,
tu pueblo está distante, trabajador, minero,
ya no llueve otra vez porque te acuerdes
cómo llovía antes, y está oscuro
tu domingo, la casa, el adiós.


(Revista Orígenes,
La Habana, Otoño, 1944)
Fina García Marruz



Fina García Marruz. Poeta cubana, Nació en La Habana en 1923. Graduada en Ciencias Sociales. Perteneció al grupo de poetas de la revista Orígenes (1944-1956) junto a su esposo Cintio Vitier. Desde 1962 trabajó como investigadora literaria en la Biblioteca Nacional "José Martí" y desde su fundación en 1977 hasta 1987 perteneció al Centro de Estudios Martianos, donde alcanzó la categoría de Investigador Literario, integrada al equipo realizador de la edición crítica de las Obras Completas de José Martí. Su poesía ha sido traducida a varios idiomas (cf. especialmente en Poeti ispanoamericani del novecento, por Francesco Tentori Montalto, Milano, 1987). Entre otras antologías, figura en la realizada por Carmen Conde: Once grandes poetisas hispanoamericanas, Madrid, 1967; y en la de Margaret Randall: Breaking the silence, Vancouver, Canadá, 1982. Se le otorgó el Premio Nacional de Literatura en 1990. En ese mismo año apareció el estudio de Jorge Luis Arcos En torno a la poética de Fina García Marruz. Ha recibido numerosas distinciones. Poesía publicada: Poemas , 1942; Transfiguración de Jesús en el Monte, 1947; Las miradas perdidas, 1951; Visitaciones, 1970; Viaje a Nicaragua, con Cintio Vitier, 1987; Poesías escogidas, 1984; Créditos de Charlot, 1990 (Premio de la Crítica 1991); Los Rembrandt de l'Hermitage, 1992; Viejas melodías, Caracas, 1993; Nociones elementales y algunas elegías, Caracas, 1994; Habana del centro, 1997; Antología poética, 1997; Poesía escogida, con Cintio Vitier; Editorial Norma S.A., Bogotá, 1999.

2 comentarios:

benyrema dijo...

despues de leer mucho a Cesar Vallejo encuentro muchas referencias tomadas de Jose Marti.

Marcelo dijo...

Te parece benyrema?. Como cuáles? Contame...Desde el p.de v. formal, Martí es mucho más tradicional, no?