domingo, 22 de marzo de 2009

TU FU (China, Duling, 712-Leiyang, 770)



"En mi opinión, y en la de la mayoría de los que están capacitados para opinar, Tu Fu es el más grande poeta no épico ni dramático que jamás haya existido en lengua alguna."

Sin duda esto es verdad, pero evade el problema: ¿qué clase de poeta es Tu Fu? No se trata de un poeta épico, ni dramático, pero tampoco es lírico en el sentido aceptado del término. Aun cuando muchos de sus poemas, junto con otros de la Dinastía Tang, han sido cantados desde entonces, y a pesar de que los ritmos insistentes, las rimas y las pautas tonales del verso chino se pierdan en una traducción en verso libre, con lo cual no nos damos cuenta del grado de musicalidad del verso chino aun en sus momentos más irregulares (resulta peculiar que el verso más irregular deba su condición al hecho de que fue escrito para melodías que existían con anterioridad), casi ninguno de los versos de Tu Fu es lírico en el sentido en que lo son las canciones de Shakespeare, Thomas Campion, Goethe o Safo.
Sus textos son más bien poesía de ensueño, comparable a L'Infinito de Leopardi, el cual bien podría ser una traducción del chino, o a los mejores sonetos de Wordsworth. Esta suerte de ensueño elegiaco se ha convertido en la forma principal de la poesía moderna, en la medida en que la poesía ha dejado de ser un arte público para devenir —como Whitehead dice de la religión— "Lo que el hombre hace con su soledad".
Es esta convergencia de sensibilidades a lo largo de las barreras del tiempo, el espacio y la cultura la que explica la gran popularidad de la traducción de la poesía china hoy en día, así como su profunda influencia en todos los grandes poetas modernos de Estados Unidos. Asimismo, a pesar de que Tu Fu de ninguna manera estuvo "alienado" ni en guerra con la sociedad como Baudelaire, se lo marginó de ella y pasó su vida como exiliado errante, después de una breve carrera como alto funcionario de Ming Huang, el Emperador Luminoso. Su poesía está saturada de la nostalgia del exilio así como del permanente sentido de pathos de la gloria y del poder. Además, Tu Fu comparte con Baudelaire y Safo —los únicos que podrían competir con él en Occidente— una sensibilidad excepcionalmente exacerbada, aguda hasta lo increíble. Sentimos que Tu Fu da a cada situación poética, a cada grupo de sensaciones y de valores, un sistema nervioso completamente expuesto. A partir de esto viene la elección de las imágenes: conmovedora, asombrosa y sin embargo de apariencia cotidiana. Las siguientes generaciones de poetas chinos no harían de estas expresiones cotidianas de misterio y penetración sino fórmulas; en Tu Fu, empero, éstas son en extremo frescas, ecuaciones recién nacidas de la conciencia, las cuales sobreviven casi en las más vulgares traducciones.
Tu Fu no está libre de errores. En tanto que censor de la corte —una suerte de tribuno de los patricios— en el gobierno de Su Tsung —el hijo de Ming Huang—, Tu Fu parece haber sido un cortesano quisquilloso. Tomó su sinecura con seriedad, y como creyente no arrepentido en los clásicos del confucionismo, procedió a amonestar al emperador en cosas de moral y de política externa. Tu Fu fue despedido y pasó el resto de su vida vagando por las inmensidades de China. El mayor tiempo lo pasó en su célebre cabaña en los suburbios Ch'eng Tu en Sechuán. Cuando la dinastía se desintegró, y China entró en un interregnum, en una época de dificultades, Tu Fu volvió a su vida errante a lo largo del gran rio, añorando siempre la capital. La última parte de su vida la pasó en un sampán, y en él murió a la edad de 59 años, posiblemente debido a insolación durante una inundación y una tormenta.
Ésta es una vida en extremo difícil; sin embargo, Tu Fu escribe acerca de ella con una melancolía que a menudo limita con la compasión de sí mismo. Tu Fu es un valetudinario. A los 30 años se llamaba a sí mismo anciano de cabello cano. Siempre habla de su hogar como de una cabaña y se presenta a sí mismo en una situación de extrema pobreza. De hecho, a pesar de que siempre tuvieron techumbre de paja, sus diversas casas probablemente fueron palaciegas, y al parecer nunca renunció a la posesión de ninguna de ellas, recibiendo siempre ingresos de las granjas vecinas. Tu Fu tuvo la más moderada devoción literaria para con su esposa, a la cual dejó de ver por muchos años. No escribió poemas amorosos a las mujeres; como la mayoría de su estirpe, sus relaciones pasionales fueron con hombres. Mucho de esto es una convención, el tono aceptado de la poesía china de una clase social pudiente e ilustrada. Los errores de Tu Fu son microscópicos en comparación con las manchas que cubren a Baudelaire. Debajo de la coraza de Baudelaire está una sensibilidad que pugna siempre por la trascendencia. En Tu Fu la visión de la realidad espiritual es inmanente, e imbuye a cada uno de los objetos que se presentan a los sentidos. Bajo los convencionalismos y los errores que hacen de él un hombre semejante a todos nosotros, se hallan una sabiduría y una condición humana tan profundas como las de Homero.
Ningún otro gran poeta es tan completamente secular como Tu Fu. Viene de una cultura más madura y sana que la de Homero, y para él ni siquiera es necesario afirmar que los dioses —las abstracciones de las fuerzas naturales y de las pasiones humanas— son frivolos, lascivos, viciosos, pendencieros y crueles, y que sólo la constancia del hombre en su fidelidad, magnanimidad y compasión pueden redimir el lado oscuro del mundo. Para Tu Fu, el ámbito del ser y el del valor no están separados. El Bien, la Verdad y la Belleza no constituyen un Absoluto enfrentado a una realidad incoada que siempre se esfuerza en vano por acercarse al valor puro de lo absoluto. La realidad es densa, toda ella un solo ser. Los valores son la manera en que vemos las cosas. Ésta es la esencia de la cosmovisión china que supera aun al budismo filosofante más etéreo, distinguiéndose en ello de sus fuentes hindúes. Nada hay que sea absolutamente omnipotente, pero tampoco existe algo que sea puramente contingente.
Tu Fu está lejos de ser un poeta filosófico en un sentido ordinario; sin embargo, ninguna poesía china encarna de una manera tan cabal el significado chino de la inquebrantable totalidad de lo real. La cualidad es la cantidad; el valor es el hecho. La metáfora y los símbolos no son conclusiones que se extraen de las imágenes; son las imágenes mismas en su relación concreta. Es esta inmediatez de la locución la que ha hecho que las traducciones de la poesía china sean tan admiradas entre los poetas modernos de Occidente. Las complicadas referencias y evocaciones históricas y literarias desaparecen; los efectos sonoros no pueden transmitirse. Lo que llega hasta nosotros, libre de todo elemento accidental, es el simple esplendor de los acontecimientos: la situación poética, desnuda y transfigurada.
El concepto de la situación poética es en sí mismo un factor determinante en casi todos los poemas chinos de cualquier época. Los poetas chinos no son retóricos; no hablan del contenido de la poesía ni filosofan de un modo abstracto acerca de la vida: presentan una escena y una acción. "El viento del norte rasga las hojas de plátano": ésta es la parte sur de China durante el otoño. "Un ganso solitario vuela hacia el sur cruzando el ocaso": de nuevo el otoño, y un atardecer. "El humo asciende desde el animal de jade rosado hasta los cabríos de color": un palacio. "Ella toca ociosamente las cuerdas de un laúd con incrustaciones": una concubina. "De súbito, alguien chasquea debajo de sus enjoyados dedos": ella está tensa y cansada de esperar a su maestro. Éste no es el tema, pero sin duda es el método de casi todos los poetas del lenguaje moderno universal, ya se trate de Pierre Reverdy o Francis Jammes, Edwin Muir o William Carlos Williams, Quasimodo o de los primeros —y a mi juicio los mejores— poemas de Rilke.
Si Isaías es el más grande de todos los poetas religiosos, entonces Tu Fu no es un poeta religioso. Pero a mi juicio, la suya es la única religión que puede trascender el tiempo de dificultades con el que termina el siglo xx. Sólo se lo puede entender y apreciar mediante la aplicación de lo que Albert Schweitzer llamó "reverencia a la vida". Lo que existe es lo que es sagrado. He traducido gran parte de la poesía de Tu Fu y me he saturado de él por 40 años. Tu Fu ha hecho de mí un hombre más digno, un organismo más perceptivo y sensible, así como, espero, un mejor poeta. Su poesía responde, de entrada, a la pregunta que preocupa a los estetas y a los críticos literarios: "¿Para qué sirve la poesía?" Aquello que su poesía realiza de manera superlativa es el propósito de todo arte.


"Classics Revisited" (1965)

* ("Recordando a los clásicos",
Traducción de Carlos Ávila Flores,
FCE, 1993.

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