lunes, 16 de marzo de 2009

HABÍA UN NIÑO QUE SALÍA



Había un niño que salía cada día,

y lo primero que miraba, en eso se convertía,
y eso formaba parte de él por aquel día o parte de aquel día,
o por muchos años o sucesivos ciclos de años.

Las lilas tempranas formaban parte de aquel niño,
y la hierba y las glorias-de-Ia-mañana blancas y rojas
y los blancos y rojos claveles, y el canto del jilguero,
y los corderos del tercer mes y las crías rosa pálidas de
la puerca y el potrillo de la yegua y el ternero de la vaca.
Y la alborotadora pollada del corral o la que chapuceaba
en la orilla fangosa de la poza,
y los peces suspensos de modo tan curioso allí abajo y
el bello curioso líquido,
y las plantas acuáticas con sus gráciles cabezas chatas,
todo formaba parte de él.

Los retoños del cuarto mes y del quinto mes formaban parte de él,
los retoños de las mieses invernales y los amarillos-claros
del maíz, y las raíces comestibles del jardín,
y los manzanos cubiertos de flores y de frutas más tarde,
y las moras silvestres y las zarzas más comunes del camino,
y el viejo borracho que tambaleándose volvía a su casa
de la taberna de la que tarde se levantara,
y ía maestra de escuela que pasaba camino de la escuela,
y los muchachos amigos que pasaban y los muchachos pendencieros,
y la nítida niña de rosadas mejillas y el negrito descalzo y la negrita,
y todos los cambios de la ciudad y el campo en dondequiera que iba,
sus propios padres, el que lo engendró y la que lo concibió
en su vientre y lo parió,
le daban de ellos mismos a este niño algo más que eso,
le daban en adelante cada día, ellos mismos venían a formar parte de él.

La madre en casa poniendo tranquilamente los platos
en la mesa de comer,
la madre con dulces palabras, limpios su gorro y su vestido,
sano olor emanando de su persona y ropa al caminar,
el padre, fuerte, pagado de sí, varonil, maligno, iracundo, injusto,
el golpe, la rápida dura palabra, el mezquino regateo,la astuta treta,
las costumbres de familia, su lenguaje, las visitas, los muebles,
el corazón, que añora y se expande,
el afecto que no se escatima, la sensación de lo real,
la idea de que si después de todo resultara irreal,
las dudas de día y las dudas de noche, el curioso si será y cómo,
si lo que parece así es así o si por ventura ¿es todo luces y sombras?

Los hombres y mujeres que se apiñan aprisa en las calles,
si no son luces y sombras, ¿qué son?
Las mismas calles y las fachadas de las casas, y las mercancías
expuestas en las ventanas, los vehículos, los caballos de tiro,
los muelles de gruesas tablas,
la afluencia de gente a las barcas que cruzan el río,
la aldea en la falda vista de lejos en el crepúsculo, el río
que la separa de aquí,
sombras, aureola y niebla, la luz cayendo sobre los techos
y los aleros blancos y rojizos dos millas más allá,
la goleta cercana descendiendo asueñada en la marea
con el botecito amarrado por larga cuerda a popa,
los rápidos tumbos, las crestas presto deshechas, azotando,
los estratos de nubes coloradas, la larga franja marrón
solitaria allá lejos, la extensión de blancura en que inmóvil se tiende,
el borde del horizonte, el vuelo del cuervo marino, la fragancia
de las salinas y del lodo en la costa,
todo venía a formar parte de aquel niño que salía cada día
y que aún sale y saldrá todos los días.


Walt Whitman ( EE UU, West Hills 1819 - Camden, 1892)

(Traducción de J.C.Urtecho y E.Cardenal,
Antología de la poesía norteamericana,
Aguilar, Madrid, 1962)
AUTUMN RIVULETS
THERE WAS A CHILD WENT FORTH

THERE was a child went forth every day,
And the first object he look'd upon, t
hat object he became, And that object became part of him
for the day or a certain part of the day,
Or for many years or stretching cycles of years.

The early lilacs became part of this child,
And grass and white and red morning-glories,
and white and red clover, and the song of the phoebe-bird,
And the Third-month lambs and the sow's pink-faint litter,
and the mare's foal and the cow's calf,
And the noisy brood of the barnyard or by the mire of the pond-side,


And the fish suspending themselves so curiously below there, and the
beautiful curious liquid,
And the water-plants with their graceful flat heads, all became part
of him.
The field-sprouts of Fourth-month and Fifth-month became part of him,
Winter-grain sprouts and those of the light-yellow corn, and the
esculent roots of the garden,
And the apple-trees cover'd with blossoms and the fruit afterward,
and wood-berries, and the commonest weeds by the road,
And the old drunkard staggering home from the outhouse of the
tavern whence he had lately risen,
And the schoolmistress that pass'd on her way to the school,
And the friendly boys that pass'd, and the quarrelsome boys,
And the tidy and fresh-cheek'd girls, and the barefoot negro boy and
girl,
And all the changes of city and country wherever he went.

His own parents, he that had father'd him and she that had conceiv'd
him in her womb and birth'd him,
They gave this child more of themselves than that,
They gave him afterward every day, they became part of him.

The mother at home quietly placing the dishes on the supper-table,
The mother with mild words, clean her cap and gown, a wholesome
odor falling off her person and clothes as she walks by,
The father, strong, self-sufficient, manly, mean, anger'd, unjust,
The blow, the quick loud word, the tight bargain, the crafty lure,
The family usages, the language, the company, the furniture, the
yearning and swelling heart,
Affection that will not be gainsay'd, the sense of what is real, the
thought if after all it should prove unreal,
The doubts of day-time and the doubts of night-time, the curious
whether and how,
Whether that which appears so is so, or is it all flashes and
specks?
Men and women crowding fast in the streets, if they are not flashes
and specks what are they?
The streets themselves and the facades of houses, and goods in the
windows,
Vehicles, teams, the heavy-plank'd wharves, the huge crossing at the
ferries,
The village on the highland seen from afar at sunset, the river
between,
Shadows, aureola and mist, the light falling on roofs and gables of
white or brown two miles off,
The schooner near by sleepily dropping down the tide, the little
boat slack-tow'd astern,
The hurrying tumbling waves, quick-broken crests, slapping,
The strata of color'd clouds, the long bar of maroon-tint away
solitary by itself, the spread of purity it lies motionless in,
The horizon's edge, the flying sea-crow, the fragrance of salt marsh
and shore mud,
These became part of that child who went forth every day, and who
now goes, and will always go forth every day.



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