sábado, 28 de marzo de 2009

Algunos MEMBRETES




Lo prodigioso no es que Van Gogh se haya cortado una oreja, sino que conservara la otra.



"La Maja Vestida" está más desnuda que la "maja desnuda".


La arquitectura árabe consiguió proporcionarle a la luz, la dulzura y la voluptuosidad que adquiere la luz, en una boca entreabierta de mujer.


El problema más grave que Goya resolvió al pintar sus tapices, fue el dosaje de azúcar; un terrón más y sólo hubieran podido usarse como tapas de bomboneras.


En vez de recurrir al whisky, Turner se emborracha de crepúsculo.


Todo el talento del "douannier" Rousseau estribó en la convicción con que, a los sesenta años, fue capaz de prenderse a un biberón.


Los cubistas cometieron el error de creer que una manzana era un tema menos literario y frugal que las nalgas de madame Recamier.


Los únicos brazos entre los cuales nos resignaríamos a pasar la vida, son los brazos de las Venus que han perdido los brazos.


¡Sepamos consolarnos! Si las mujeres de Rubens pesaran 27 kilos menos, ya no podríamos extasiarnos ante los reflejos nacarados de sus carnes desnudas.


Hasta la aparición de Rembrandt nadie sospechó que la luz alcanzaría la dramaticidad e inagotable variedad de conflictos de las tragedias shakespearianas.


Los pintores chinos no pintan la naturaleza, la sueñan.


Nadie escuchó con mayor provecho que Debussy, los arpegios que las manos traslúcidas de la lluvia improvisan contra el teclado de las persianas.


¿Existe un llamado tan musicalmente emocionante como el de la llamarada de la enorme gasa que agita Isolda, reclamando desesperadamente la presencia de Tristán?


Musicalmente, el clarinete es un instrumento muchísimo más rico que el diccionario.


Ningún Stradivarius comparable en forma, ni en resonancia, a las caderas de ciertas colegialas.


Los rizos, las ondulaciones, los temas "imperdibles" y, sobre todo, el olor a "vera violetta" de las melodías italianas.


Los críticos olvidan, con demasiada frecuencia, que una cosa es cacarear, otra, poner el huevo.


Un libro debe construirse como un reloj, y venderse como un salchichón.


¡La opinión que se tendrá de nosotros cuando sólo quede de nosotros lo que perdura de la vieja China o del viejo Egipto!


¿Por qué no admitir que una gallina ponga un trasatlántico, si creemos en la existencia de Rimbaud, sabio, vidente y poeta a los 12 años?


El ombligo no es un órgano tan importante como imaginan ustedes... ¡Señores poetas!


¿Cómo dejar de admirar la prodigalidad y la perfección con que la mayoría de nuestros poetas logra el prestigio de realizar el vacío absoluto?


¡Sin pie, no hay poesía! —exclaman algunos. Como si necesitásemos de esa confidencia para reconocerlos.


Hasta Darío no existía un idioma tan rudo y maloliente como el español.


La poesía siempre es lo otro, aquello que todos ignoran hasta que lo descubre un verdadero poeta.


Sólo después de arrojarlo todo por la borda somos capaces de ascender hacia nuestra propia nada.


Ambicionamos no plagiarnos ni a nosotros mismos, a ser siempre distintos, a renovarnos en cada poema, pero a medida que se acumulan y forman nuestra escueta o frondosa producción, debemos reconocer que a lo largo de nuestra existencia hemos escrito un solo y único poema.


Hay poetas demasiado inflamables. ¿Pasan unos senos recién inaugurados? El cerebro se les incendia. ¡Comienza a salirles humo de la cabeza!


Las mujeres modernas olvidan que para desvestirse y desvestirlas se requiere un mínimo de indumentaria.


Con la poesía sucede lo mismo que con las mujeres: llega un momento en que la única actitud respetuosa consiste en levantarles la pollera.


El adulterio se ha generalizado tanto que urge rehabilitarlo o, por lo menos, cambiarle de nombre.


¿Estupidez? ¿Ingenuidad? ¿Política?... "Seamos argentinos", gritan algunos... sin advertir que la nacionalidad es algo tan fatal como la conformación de nuestro esqueleto.


Europa comienza a interesarse por nosotros. ¡Disfrazados con las plumas o el chiripá que nos atribuye, alcanzaríamos un éxito clamoroso! ¡Lástima que nuestra sinceridad nos obligue a desilusionarla ... a presentarnos como somos; aunque sea incapaz de diferenciarnos . .. aunque estemos seguros de la rechifla!




Oliverio Girondo (Argentina, Buenos Aires, 1891 - 1967)





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