domingo, 29 de marzo de 2009

CUERDAS



Un anciano de mameluco verde pintando el palomar

que ocupa un buen tercio del minúsculo jardín.
Está siempre ahí, haciendo mejoras, siempre de botas
y mameluco verde, milagrosamente ocupado.
A veces se le une su mujer, le lleva té
y se queda a charlar un poco antes de entrar otra vez.
En general son él solo y un viejo gato cansado
atado por una cuerda a la soga de la ropa - pasó asi
toda su vida, cinco metros de pasto que patrullar,
de un extremo al otro de esa línea, como un tranvía.
Ahora ya apenas se mueve, echado el día entero
en el mismo lugar. Muy de vez en cuando, y con apatía,
con una visible renuencia, como obligado a probar su felinidad
una vez más, se levanta y da una vuelta,
se muestra algo feroz, desafiando los tejados y las cercas
y vuelve a su territorio habitual, y ahí se queda,
mirando las palomas que vienen a cagar a la casa,
jaladas por sus cuerdas invisibles. En días así
el cielo entero parece descolgado en nuestros hombros
como una sábana que no soltaremos. Falta una eternidad, sin embargo,
para la brillante mañana del alma: mientras tanto el poema
revolotea encima de los suburbios, tras haber perdido el rumbo,
desesperado por una cuerda que lo jale a destino.


(De: Ways of falling -1991)



Peter Sirr (Irlanda, Waterford, 1960)

(Versión de Jorge Fondebrider
y Gerardo Gambolini)
WIRES

An old man in green overalls, painting the pigeon coop
that takes up a good third of the tiny garden.
He's always there, tending and improving, always
in green overalls and boots, miraculously busy.
Sometimes his wife joins him, brings him tea
and stays to chat a little before going back inside.
Mostly it's just him and a tired old cat
tied by a long wire to the washing-line —he's spent
all his life like that, five square metres of grass
to patrol, up and down the length of the line
like a tram. These days he hardly moves, just sits
all day in the same spot, very occasionally, and with
a heaviness, a visible reluctance, as if he felt obliged
to prove his catness one more time, gets up and prowls,
looks a little fierce, challenging rooftops and hedges,
then goes back to his usual patch and stays there
watching the pigeons come shitting home
tugged by their invisible wires. Days like this
the whole sky seems pulled down around our heads
like a blanket we won't let go. An eternity yet
before the bright morning of the soul: meanwhile, the poem
circles above the suburbs, having lost its way,
desperate for a wire to tug it home.



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