jueves, 5 de marzo de 2009

SITUACIÓN

A Rafael Cadenas

Se hizo tarde.
La lucidez protege
de la desolación.
Se hizo tarde
para emprender el viaje
hacia el conocimiento liberador.
Somos siervos
de los artificios inventados
por nosotros mismos.
Siervos de máquinas,
de imágenes sustitutivas
del mundo,
de raudales energéticos hurtados
al cosmos.
Nos infecta el afán de poder,
el ansia de dominar
sin merecimiento.
Sin embargo… a veces…
se oyen llamadas truncas,
ecos de grandes luces,
anuncios de desgarraduras celestes.
Adviene la nostalgia inexplicable
de lo perdido sin haberlo tenido,
de lo nunca vivido.
La multiplicidad ahoga.
Se pertenece a la multitud,
a lo relativo, a lo virtual,
a lo ilusorio.
Sin embargo…
se escucha, de pronto,
fluir en uno mismo el manantial secreto,
se respira un súbito perfume,
se aprende, mirando las olas,
la fuerza de alzarse, de romper
y volver a levantarse intacto.
¡Buscar la piedra ardiente,
seguir el árbol caminante,
cantar a las torres del viento
llenándose de los helechos colgantes!

Pero
¿no será muy tarde?



Juan Liscano



Juan Liscano (Caracas, 1915-2001). Poeta, ensayista, crítico literario y editor venezolano. Suele situársele entre los poetas del grupo Viernes (1936-1941), aunque no perteneció a él, y en la llamada generación del 42. Para este autor, mantenerse al margen de grupos y hacer su obra desde la soledad fue siempre un modo de encarnar su vocación literaria. Su iniciación acaeció a fines de la década de 1930 con sus 8 poemas. Su obra cumplida es amplia, constante, perseverantemente escrita. Al menos cuatro instancias podemos hallar en su poesía. La primera de ellas toca asuntos íntimos, una segunda se refiere a lo telúrico hispanoamericano, el tercer ámbito es el erótico y el cuarto la búsqueda personal de la videncia espiritual interior. Su obra poética puede ser seguida a través de los volúmenes Cármenes (1966), Nombrar contra el tiempo (1968), Fundaciones, vencimientos y contiendas (1991) y Antología poética (1993). En el ensayo destacó por su interés en recorrer e iluminar las más graves instancias contemporáneas. Tal la que examinó en su libro El horror por la historia (1980). Como crítico, recorrió e iluminó la comprensión del proceso de las letras contemporáneas venezolanas. Volúmenes suyos, como Caminos de la prosa (1953), Espiritualidad y literatura (1976) o Lecturas de poetas y poesía (1985), constituyen los singulares dentro de estas búsquedas. Como editor, fue presidente de Monte Ávila Editores y gestor de las revistas Cubagua (1938) y Zona franca (1964-1984).

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