lunes, 15 de junio de 2009

CADA DÍA


















Cada día al ir hacia mi auto

atravieso un jardín
y a menudo querría que Aristóteles
se hubiera detenido a
considerar el poema ditirámbico,
o que se conservaran sus apuntes.


Rústica hierba afea el bello prado
mientras miro a diestra y siniestra
tic toc...
Y a diestra y siniestra las hojas
crecen en el joven duraznero
por el esbelto tronco.

Ninguna rosa es segura, cada rosa es una
y esta, distinta de otra,
abierta del lodo, casi como un plato
sin taza. Pero es una rosa, color
de rosa. Se la siente rotar lentamente
sobre su tallo espinoso.


William Carlos Williams (estadounidense, Rutherford, New Jersey, 1883-1963)



(Versión de Alberto Girri)

Every day

Every day that I go out to my car
I walk trough a garden
and wish often that Aristotle
had gone on
to a consideration of the dithyrambic
poem - or that his notes had survived

Coarse grass mars the fine lawn
as I look about right and left
tic toc
And right and left the leaves
upon the yearling peach grow along
the slender stem

No rose is sure. Each is one rose
and this, unlike another,
opens flat, almost as saucer without
a cup. But it is a rose, rose
pink. One can feel is turning slowly
upon its thorny stem



Sí, son 18 versos divididos en tres estrofas de seis. La primera sitúa al señor Williams rodeado de todos sus objetos cotidianos. Pareciera que la presencia del jardín despertara en la mente de W. un mecanismo racional de pensamiento: Aristóteles o los libros. A partir de este conocimiento racional se domestican los objetos. Se detiene el paisaje y luego de una manera lógica e imperturbable se comienza a mover las cosas que se hallan dentro. Claro, se distorsiona la versión convencional de las cosas y se construye un orden mas detallado, raro y real. Así funciona la poeticidad de W., una idea subjetiva pero a partir de la observación objetiva: ( no Ideas salvo en las cosas). De este modo aparece la eficacia del artificio dada por la verosimilitud que adquieren los objetos.
Cualquiera sabe que una rosa no rota, está fija en su tallo, pero en este poema de W. rota: es la idea del objeto, la belleza es lo que depende siempre de una imagen willamsiana. No existen objetos bellos, no hay rosas lindas, la luna no es hermosa. Sólo hay belleza. Y cuando el objeto se traslada adquiere movilidad hacia un plano en donde se diluyen los contornos de las cosas y permanece solo una emoción provocada por la distorsión del objeto sin desarticular su realidad.
Pero es una rosa dice Williams, ¿es rosa o belleza o las dos cosas? Una rosa es rosa hasta que es belleza, como la belleza es momentánea, esa belleza torna a rosa nuevamente y así hasta que nos cansemos y el mecanismo de percepción del poema se sature. Al leer este poema no sentí que la cabeza me estallara, sino sencillamente un movimiento; sentí la mente rotar lentamente a pesar de sus esquemas espinosos.



Daniel Durand
(Argentina, Entre Ríos, Concordia, 1964)




(Poema y comentario tomados del Dossier dedicado a W.C. Williams en el segundo número de la Revista 18 Whiskys -Marzo 1993-)
Imagen: Le Tombeau des Lutteurs, c.1960 de Rene Magritte


2 comentarios:

Jorge Aulicino dijo...

Muy buena la exégesis de Durand. Muy buena rescatarla.

Marcelo dijo...

Gracias, Jorge.