miércoles, 3 de junio de 2009

MAMÁ-NEGRA






















Cuando mamá negra hablaba del Chocó
le brillaba la cadena de oro en el pescuezo,
su largo pescuezo para beber agua en las totumas,
para husmear el cielo,
para chuparle la leche a los cocos.
Su pescuezo largo para dar gritos de colores con las guacamayas
para hablar alto entre las vecinas,
para ahogar la pena,
y para besar su negro, que era alto hasta el techo.
Su pescuezo flexible para mover la cabeza en los bailes,
para reír en las bodas.
Y para lucir la sombrilla y para lucir el habla.

Mamá negra tenía collares de gargantilla en los baúles,
prendas blancas colgadas detrás del biombo de bambú,
pendientes que se bamboleaban en sus orejas,
y un abanico de plumas de ángel para revolver el aire.
Su negro le traía mucho lujo del puerto cada vez que
venían los barcos,
y la casa estaba llena de tintineantes cortinas de conchas
y de abalorios,
y de caracoles para tener las puertas y para tener las ventanas.
Mamá negra consultaba al curandero a propósito del tabardillo,
les prendía velas a los santos porque le gustaba la candela,
tenía una abuela africana de la que nunca nos hablaba,
y tenía una cosa envuelta en un pañuelo,
un muñequito de madera con el que nunca nos dejaba jugar.
Mamá-negra se subía la falda hasta más arriba de la rodilla
para pisar el agua,
tenía una cola de sirena dividida en dos pies,
y tenía también un secreto en el corazón,
porque se ponía a bailar cuando oía el tambor de mapalé.
Mamá-negra se movía como el mar entre una botella,
de ella no se puede hablar sin conservar el ritmo,
y el taita le miraba los senos como si se los hubiera
encontrado en la playa.
Senos como dos caracoles que le rompían la blusa,
como si el sol saliera de ellos,
unos senos más hermosos que las olas del mar.
Mamá-negra tenía una falda estrecha para cruzar las piernas,
tenía un canto triste, como alarido de la tierra,
no le picaba el aguardiente en el gaznate,
y, si quería, se podía beber el cielo a pico de estrella.
Mamá-negra era un trozo de cosa dura, untada de risa por fuera.
Mi taita dijo que cuando muriera
iba a hacer una canoa con ella.



X-504. Seudónimo de Jaime Jaramillo Escobar. Poeta colombiano nacido en la población antioqueña de Pueblo Rico en 1932. Cofundó con Gonzalo Arango y otros escritores el Nadaísmo, movimiento de índole contestataria que cambió la percepción de la literatura y el arte colombianos a mediados de los años 60. Su propia obra se caracteriza por la ironía, el sarcasmo, los juegos paródicos del lenguaje popular, la irreverencia y el tono sentencioso con el que satiriza la sociedad y sus instituciones. Obra publicada: Poemas de la Ofensa (1968); Extracto de poesía (1982); Sombrero de Ahogado (1983); Poemas de tierra caliente (1985); Selecta (Antología,1987); Alheña y Azúmbar (1988); Poemas Principales (2000); El ensayo en Antioquia (2003); Barba Jacob para hechizados (Ensayo, 2005) y Método fácil y rápido para ser poeta (Ensayos sobre la creación poética, 2005).


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