domingo, 12 de julio de 2009

LITTLE GIDDING

v

Lo que llamamos el principio es a menudo el fin
y poner fin es poner un principio.
El fin es el lugar donde empezamos.
Y cada frase u oración correcta
(donde cada palabra está a sus anchas,
ocupando un lugar para apoyar las otras;
la palabra ni tímida ni presuntuosa, un fácil
comercio de lo antiguo y lo moderno:
la palabra común exacta sin vulgaridad,
la palabra formal precisa pero no pedante,
y el consorcio completo danzando en armonía),
cada oración y cada frase es un principio y es un fin,
cada poema un epitafio. Y cada acción
es un paso a lo informe, hacia el fuego, hacia el fondo
del mar o hacia la piedra indescifrable:
y allí es donde empezamos. Morimos con los moribundos:
¿ven?, se van, y nosotros los seguimos.
Nacemos con los muertos:
¿ven?, vuelven, y nosotros regresamos.
La hora de la rosa, la hora del ciprés,
son de igual duración.
Un pueblo sin historia no se salva del tiempo,
porque la historia es una trama
de momentos intemporales.
Así, mientras la luz declina
sobre el atardecer de invierno
en una capilla apartada
la historia es ahora e Inglaterra.

Con la atracción de este Amor y la voz de este Llamado

no cesaremos de explorar
y el fin de nuestra exploración
será llegar donde empezamos
y por primera vez conocer el lugar.
Por el rememorado portón desconocido
cuando el último trozo de tierra inexplorada
sea el lugar de la partida;
donde nace el más largo río
la voz de la cascada oculta
y los niños en el manzano,
por no buscados ignorados
pero oídos a medias, en la calma
entre dos olas sobre el mar.
Rápido ahora, aquí, ahora, siempre...Un
estado de total simplicidad
(que cuesta simplemente todo)
y todo se arreglará y
cualquier clase de cosa saldrá bien
cuando las lenguas de llama se incluyan
en el nudo de fuego coronado
y la rosa y el fuego sean uno.

(de Four Quartets)


T.S. Eliot (E.E.U.U./Inglaterra, Saint Luis, 1888- Londres, 1965)

(Traducción de J.R.Wilcock)
V

What we call the beginning is often the end
And to make an end is to make, a begining.
The end is where we start from. And every phrase.
And sentence that is right (where every word is at home,
Taking its place to support the others,
The word neither diffident nor ostentatious.
An easy commerce of the old and the new,
The common word exact without vulgarity,
The formal word precise but not pedantic,
The complete consort dancing together)
Every phrase and every sentence is an end and a beginning,
Every poem an epitaph. And any action
Is a step to the block, to the fire, down the sea's throat
Or to an elligible stone; and that is where we start.
We die with the dying:
See, they depart, and we go with them.
We are born with the dead:
See, they return, and bring us with them.
The moment of the rose and the moment of the yew-tree
Are of equal duration. A people without history
Is not redeemed from time, for history is a pattern
Of timeless moments. So, while the light fails
On a winter's afternoon, in a secluded chapel
History is now and England.

With the drawing of this Love and the voice of this Calling

We shall not cease from exploration
And the end of all our exploring
Will be to arrive where we started
And know the place for the first time.
Through the unknown, remembered gate
When the last of earth left to discover
Is that which was the beginning;
At the source of the longest river
The voice of the hidden waterfall
And the children in the apple-tree
Not known, because not looked for
But heard, half-heard, in the stillness
Between two waves of the sea.
Quick now, here, now, always—
A condition of complete simplicity
(Costing not less than everything)
And all shall be well and
All manner of thing shall be well
When the tongues of flame are in-folded
Into the crowned knot of fire
And the fire and the rose are one.

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