domingo, 19 de julio de 2009

VERSO, REVERSO, CONTROVERSO



Del mismo modo en que hay gente que le tiene miedo a lo nuevo, hay otros que le temen a lo antiguo. Yo pelearé hasta la muerte por lo nuevo a causa de lo antiguo y daré la vida por lo antiguo a causa de lo nuevo. Lo antiguo que fue nuevo es tan nuevo como lo más nuevo. Es preciso, eso sí, saber distinguirlo en medio de todos esos infames vejestorios con que nos han embaucado durante tanto tiempo.



Arnaut Daniel, Joâo Airas de Santiago, John Donne, Marino, Corbière o Hophins, Gregório de Matos o Sousândrade o Kilkerry, para hacer una lista más extensa, no son menos nuevos que Joyce o Pound u Oswald o Pignatari. Son hermanos en el tiempo, sí, y son más nuestros hermanos y se hallan más próximos a nosotros que la flácida mayoría de los literatti que nos rodean. ¿Cómo no amarlos? Es mi amor vegetal creciendo vasto.


"En esas condiciones tan precarias, ante la falta de gente para coexistir, como la que hoy padecemos, ¿qué puede hacer un hombre sensible si no inventar a sus amigos, o por lo menos, a sus compañeros de espíritu?" (Fernando Pessoa).


Mi forma de amarlos es traducirlos. O deglutirlos, según dicta la Ley Antropofágica de Oswald de Andrade: sólo me interesa lo que no es mío. Traducción para mí es persona. Casi heterónimo. Penetrar en la piel del fingidor para volver a fingir todo de nuevo, dolor por dolor, color por color, sonido por sonido. Por eso nunca me propuse traducirlo todo. Sólo aquello que siento. Sólo aquello que miento. Lo que miento que siento, como diría, una vez más, Pessoa en su propia persona.
Quiérase o no: traducción es crítica, como advirtió Pound mejor que nadie. Una de las mejores formas de crítica. O por lo menos la única realmente creativa —cuando es creativa.


Hay más. Viendo lo que ellos hicieron en su tiempo aprenderemos mejor lo que podemos hacer o dejar de hacer —porque ya alguien lo hizo mejor que en el nuestro. El "paideuma" de Pound: una organización de materiales para que el próximo hombre o la próxima generación no batalle tanto para encontrar la parte más viva de ella y no pierda el tiempo con cosas obsoletas.


La poesía es una familia, dispersa de náufragos braceando en el tiempo y en el espacio. Intento reunir aquí algunos de sus raros sobrevivientes, de los que siento más cerca de mí: aquellos que lucharon bajo una bandera y un lema radicales: la invención y el rigor. Los intraducidos y los intraducibies. Los que alargaron el verso e hicieron controverso, para llegar al reverso.


Si alguien dijera que eso nada tiene que ver con el presente, responderé que es mentira. Ezra Pound aprendió mucho con varios de ellos. Y quien no aprendió de EP merece más nuestra lástima que nuestra condena, como dice Hemingway. Los concretos aprendieron mucho con esa gente. Los futurócratas pasadofóbicos, que dividen la historia en antes y después de sí mismos, no pasan de ser mediocres narcisistas que van directo a ser enterrados en el próximo pasado del futuro.


La poesía, por definición, no tiene patria. O mejor, tiene una patria mayor. "Un Oriente al oriente del oriente". Pero si alguien dijera que todo eso no tiene nada que ver con "nuestras raíces", sería otra mentira. Un día, un dedo, un dado dicen lo contrario. Es eso. Un huevo nuevo en lo viejo. "Fui aquel otro ahora".



Augusto de Campos (Brasil, São Paulo, 1931)

(Traducción: Iván García,
el poeta y su trabajo/26
otoño, 2007)



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