viernes, 31 de julio de 2009

END OF THE WORLD, 3



La arena negra. El agua que corre

en arroyitos, los caracoles
un poco más grandes que los nuestros, más rugosos,
que a duras penas despegamos de su cieno.

El murmullo de los árboles, su espesor.
En todas partes el suelo tiene el mismo aspecto,
la misma riqueza, la misma frescura,
el mismo silencio, el mismo aburrimiento.

Nada que te dé la menor pista;
pero si la tierra se niega así al recuerdo humano,
¿por qué conduce aquí el camino?

China Beach, Vancouver Island, 1995


Anne Talvaz (Bélgica, Bruselas, 1963)

(Traducción de Mirta Rosenberg
y Jaime Arrambide)
END OF THE WORLD, 3

Le sable noir. L'eau qui s'y écoule
en rus, les coquillages
un peu plus grands que les nôtres, plus rugueux,
qu'on dégage à grand-peine de la vase.

Le murmure des arbres, leur épaisseur.
Partout, le sol a le même aspect,
la même richesse, la même fraîcheur,
le même silence, le même ennui.

Rien pour te donner le sens de la piste;
mais si la terre se refuse ainsi au souvenir humain,
pourquoi le chemin mène-t-il ici?


China Beach, Vancouver Island, 1995


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