viernes, 23 de enero de 2009

NOSOTROS DOS AÚN

Aire del fuego, no supiste jugar.
Arrojaste sobre mi casa una tela negra. ¿Qué es esta opacidad
en todas partes? Es la opacidad que cerró mi cielo. ¿Qué es este silencio en todas partes. Es el silencio que hizo callar mi canto.

Me hubiera bastado con un arroyuelo de esperanza. Pero te lo llevaste todo. Del sonido que vibra fui privado.

No supiste jugar. Atrapaste las cuerdas. Pero no supiste jugar. Lo tapiaste todo en seguida. Rompiste el violín. Arrojaste una llama sobre la piel de seda para hacer un horrendo pantano de sangre.

Su dicha reía en su alma. Pero todo era engaño. No duró mucho esa risa.
Ella estaba en un tren rodando hacia el mar. Estaba en un huso que hilaba sobre una roca. Se abalanzaba, aunque inmóvil, hacia la serpiente de fuego que habría de consumirla. Y fue ahí, repentinamente, donde sorprendió a la confiada, mientras peinaba sus cabellos, contemplando, en el espejo, su felicidad.

Y cuando vio trepar esa llama sobre ella, oh...

Al instante, la copa le fue arrancada. Sus manos dejaron de asir. Vio cómo se la apretaba en un rincón. Después de esto se detuvo, como quien lo hace ante un enorme motivo de meditación que es preciso resolver prestamente. Dos segundos más tarde, dos segundos demasiado tarde, huía hacia la ventanilla, pidiendo socorro.

Toda la llama entonces la rodeó.

Ahora se encuentra en una casa, desde donde su sufrimiento sube hasta el cielo, hasta el cielo, hasta el cielo, sin encontrar a dios alguno... desde donde su sufrimiento baja hasta el fondo del infierno, sin encontrar a demonio alguno.

El hospital duerme. La quemadura despierta. Su cuerpo, como un parque abandonado.

Defenestrada de sí misma, busca ahora la manera de volver a entrar en sí.
El vacío por donde maniobra no responde a sus movimientos.

Lentamente en la granja su trigo arde.
Ciega, a través de la larga barrera de sufrimiento, durante un mes remonta el rio de la vida, navegación atroz.

Paciente, en lo innombrable tumefacto, vuelve a trazar sus formas elegantes, teje de nuevo la camisa de su fina piel. La curación está en eso. Mañana, caerá el último vendaje. Mañana...

Aire, de la sangre, no supiste jugar. Tampoco tú supiste. Arrojaste súbitamente, estúpidamente, tu tonto coágulo obstructor a lo ancho de una nueva aurora.

Desde ese momento no supo ya ubicarse. Y no tuvo otra alternativa más que volverse hacia la muerte.

Apenas pudo distinguir la ruta. Un segundo abrió el abismo. El siguiente la precipitó en él.

Nosotros quedamos atontados. No tuvimos tiempo para decir adiós. Ni siquiera el tiempo de una promesa.

Ya había desaparecido del film de esta tierra.




Lou,
Lou, en el retrovisor de un breve instante
Lou, no me ves?
Lou, el destino de estar juntos para siempre
en el que tenías tanta fe
Y bien?
No vas a ser como las otras que ya no hacen más seña alguna,sumergidas
como
están en el silencio.
No, a ti no debe bastarte una muerte para arrebatar tu amor.
En la pompa horrible
que te distancia hasta yo no sé qué milésima dilución
buscas todavía, nos buscas lugar
Pero tengo miedo
No hemos tomado bastantes precauciones
Debimos haber estado más informados
Alguien me escribe que serás tú, mártir, quien habrá de
velar ahora por mí.
Oh! Lo dudo
Cuando toco tu fluído tan delicado
rezagado en tu cuarto y tus objetos familiares que aprieto en mis manos
ese tenue fluido al que siempre era preciso proteger
Oh lo dudo, lo dudo y temo por ti, impetuosa y frágil, ofrendada a las catástrofes
No obstante, voy a las oficinas en busca de certificados, dilapidando momentos únicos que sería mejor emplear más bien entre nosotros, precipitadamente mientras tiritas aguardando con tu maravillosa confianza a que yo vaya a ayudarte a salir de allí, pensando:

"De seguro vendrá,
"Habrá podido tener algún impedimento, pero no ha de tardar
"Vendrá, yo lo conozco
"No va a dejarme sola
"No es posible
"No va a dejar sola a su pobre Lou..."


Yo desconocía mi vida. Mi vida transcurría a través de ti. Volvíase cosa
simple este gran asunto complicado. Volvíase cosa simple, a pesar
de cualquier inquietud.


Tu fragilidad..., yo me consolidaba cuando la sentía apoyarse en mí.

Dime,es que verdaderamente no habremos de encontrarnos nunca más?

Lou, yo hablo una lengua muerta, ahora que no te hablo más. Tus grandes esfuerzos de liana en mí, lo ves, han logrado su propósito. ¿Lo ves al menos? Es verdad que tú jamás dudaste. Era necesario ser ciego como yo; necesitaba tiempo ese ciego, necesitaba tu larga enfermedad, tu belleza, resurgiendo esquelética de fiebres, necesitaba ese fulgor en ti, esta fe, para horadar finalmente el muro falaz de su autonomía.

Tarde lo vi. Tarde lo supe. Tarde aprendía "juntos" aquello que no parecía estar en mi destino. Pero no demasiado tarde. Los años han transcurrido para nosotros, no contra nosotros.

Nuestras sombras respiraron juntas. Debajo de nosotros, las aguas del río de los acontecimientos fluian casi en silencio. Nuestras sombras respiraron juntas y todo quedaba por ellas cubierto.

Tuve frío. Bebí sorbos de tu congoja. Nos perdíamos en el lago de nuestros intercambios.

Rico de un amor inmerecido, rico que se ignoraba con la inconsciencia
de los poseedores, perdí con ser amado. Mi fortuna se fundió en un solo día.


Árida, mi vida torna a encauzarse. Pero no vuelvo de mi asombro. Mi cuerpo permanece en tu cuerpo delicioso y hay en mi pecho antenas plumosas que me hacen sufrir con el viento reseco. La que ya no es, toma contacto en mí, y su ausencia devoradora me invade y me consume.

Estoy ahora añorando los días de tu sufrimiento atroz en la cama del hospital, cuando yo llegaba por los pasillos nauseabundos, atravesados por gemidos, hasta la momia espesa de tu cuerpo vendado; cuando escuchaba de pronto emerger, como el "la " de nuestra alianza, tu voz, dulce, musical, contenida, resistiendo con valor la fealdad de la desesperación; cuando, a tu vez, escuchabas mis pasos y murmurabas, liberada: "Ah! , estás aquí!"

Yo apoyaba mi mano sobre tu rodilla, por encima del sucio cobertor, y todo desaparecía entonces, el hedor, la horrible indecencia del cuarpo tratado como un barril o como una alcantarilla, por seres extraños, atareados y recelosos; todo se deslizaba hacia atrás, dejando que sólo nuestros dos fluidos se encontrasen de nuevo a través de las curaciones, se mezclasen en un aturdimiento del corazón, en el colmo de la amargura, en el colmo de la dulzura.

Las enfermeras, el medico interno, sonreían; tus ojos llenos de fe apagaban los de los otros.

El que está solo, vuélvese de noche contra la pared para hablarte. Sabe lo que te animaba. Viene a compartir contigo el día. Ha mirado con tus ojos. Ha escuchado con tus oídos. Siempre tiene algo que decirte.

No me responderás algún día?

Pero también pudiera ser que tu persona se hubiese vuelto como un aire del tiempo de la nieve, que entra por la ventana cuando uno va a cerrarla, presa de escalofríos o de un malestar precursor del drama, como me ha ocurrido hace algunas semanas. El frío se echó de pronto sobre mis espaldas, yo me cubrí precipitadamente y me volví, cuando eras tú quizá, y lo más cálida que pudieras darte, esperando ser bien recibida; tú, tan lúcida, no podías expresarte de otro modo. Quién sabe si en este preciso instante no esperas ansiosa que yo por fin comprenda y vaya, lejos de la vida donde ya no estás, a reunirme contigo, pobremente, pobremente, es verdad, sin medios, pero nosotros dos aún,
nosotros dos...


Henry Michaux (Francia, Namur, 1899-París 1984)



(Versión de Lysandro Z. D. Galtier)

Air du feu, tu n'as pas su jouer.
Tu as jeté sur ma maison une toile noire. Qu'est-ce que cet opaque
partout? C'est l'opaque qui a bouché mon ciel. Qu'est-ce que ce silence
partout? C'est le silence qui a fait taire mon chant.

L'espoir, il m'eût suffi d'un ruisselet. Mais tu as tout pris. Le son qui
vibre m'a été retiré.

Tu n'as pas su jouer. Tu as attrapé les cordcs. Mais tu n'as pas su jouer.
Tu as tout bousillé tout de suite. Tu as cassé le violon. Tu as jeté une flamme sur la peau de soie pour faire un affreux marais de sang.

Son bonheur riait dans son âme. Mais c'était tout tromperie. Ça n'a pas fait long rire.

Elle était dans un train roulant vers la mer. Elle était dans une fusée filant sur le roc. Elle s'élançait quoique immobile vers le serpent de feu qui allait la consumer. Et fut là tout à coup, saisissant la confiante, tandis qu'elle peignait sa chevelure, contemplant sa félicité dans la glace.

Et lorsqu'elle vit monter cette flamme sur elle, oh...

Dans l'instant la coupe lui a été arrachée. Ses mains n'ont plus rien tenu.
Elle a vu qu'on la serrait dans un coin. Elle s'est arrêtée là-dessus comme sur un énorme sujet de méditación à résoudre avant tout. Deux secondes plus tard, deux secondes trop tard, elle fuyait vers la fenêtre, appelant au secours.
Toute la flamme alors l'a entourée.

Elle se retrouve dans un lit, dont la souffrance monte jusqu'au ciel,
jusqu'au ciel, sans rencontrer de dieu...dont la souffrance descend jusqu'au fond de l'enfer, jusqu'au fond de l'enfer sans rencontrer de démon.

L'hôpital dort. La brûlure éveille. Son corps, comme un parc abandonné...

Défenestrée d'elle-même, elle cherche comment rentrer. Le vide où elle
godille ne répond pas à ses mouvements.

Lentement, dans la grange, son blé brûlle.

Aveugle, à travers le long barrage de souffrance, un mois durant, elle
remonte le fleuve de vie, nage atroce.

Patiente, dans l'innommable boursouflé elle retrace ses formes élégantes, elle tisse à nouveau la chemise de sa peau fine. La guérison est là. Demain tombe le dernier pansement. Demain...

Air du sang, tu n'a pas su jouer. Toi non plus, tu n'a pas su. Tu as jeté subitement, stupidement, ton sot petic caillot obstructeur en travers d'une nouvelle aurore.
Dans l'instant elle n'a plus trouvé de place. Il a bien fallu se tourner vers la Mort.
À peine si elle a aperçu la route.
Une seconde ouvrit l'abîme. La suivante l'y précipitait.

On est resté hébeté de ce côté-ci. On n'a pas eu le temps de diré au revoir.
On n'a pas eu le temps d'une promesse.
Elle avait dispara du film de cette terre.

Lou / Lou / Lou, dans le rétroviseur d'un bref instant / Lou, ne me vois-tu pas? / Lou, le destin d'être ensemble à jamais / dans quoi tu avais tellement foi / Eh bien?/Tu ne vas pas être comme les autres qui jamais plus ne font signe, engloutis dans le silence. / Non, il ne doit pas te suffire á toi d'une mort pour t'enlever ton amour. / Dans la pompe horrible / quí t'espace jusqu'à je ne sais quelle millième dilution / tu cherches encoré, tu nous cherches place/ Mais j'ai peur/On n'a pas pris assez de précautions/ On aurait du être plus renseigné, / Quelqu'un m'écrit que c'est toi, martyre, qui va veiller sur moi à présent. / Oh! J'en doute. / Quand je touche con fluide si délicat / demeuré dans ta chambre et tes objets familiers que je presse dans mes mains/ce fluide ténu qu'il fallait toujours protéger/ Oh j'en doute, j'en doute et j'ai peur pour toi, / impétueuse et fragile, offerte aux catastrophes / Cependant, je vais à des bureaux, à la recherche de certificats / gaspillant des moments précieux / qu'il faudrait utiliser plûtot entre nous précipitamment / tandis que tu grelottes / attendant en ta merveilleuse confiance que je vienne t'aider à te tirer de là, pensant "À coup sûr, il viendra /Il a pu être empêché, mais il ne saurait tarder / Il viendra, je le connais / Il ne vas pas me laisser seule / Ce n'est pas possible / il ne va pas laisser seule, sa pauvre Lou..."


Je ne connaissais pas ma vie. Ma vie passait à travers tou. Ça devenait
simple, cette grande afaire compliquée, Ça devenait simpie, malgrè le souci.
Ta faiblese, j'etais raffermi lorsqu'elle s'appuyait sur moi.

Dis, est-ce qu'on ne se rencontrera vraiment plus jamais?

Lou, je parle une langue morte, maintenant que je ne te parle plus. Tes grands efforts de liane en moi, tu vois, ont abouti. Tu le vois au moins? Il est vrai, jamais tu ne doutas, coi. Il fallait un aveugle comme moi, il lui fallait du temps, lui, il fallait ta longue maladie, ta beauté, resurgissant de la maigreur et des fièvres, il fallait cette lumière en toi, cette foi, pour percer enfin le mur de la marotte de son autonomie.

Tard j'ai vu. Tard j'ai su. Tard, j'ai appris "ensemble" qui ne semblait pas être dans ma destinée. Mais non trop tard.
Les années ont été pour nous, pas contre nous.

Nos ombres ont respiré ensemble. Sons nous les eaux du fleuve des événements coulaient presque avec silence.
Nos ombres respiraient ensemble et tout en était recouvert.

J'ai eu froid à ton froid. J'ai bu des gorgées de ta peine. Nous nous perdions dans le lac de nos échanges.

Riche d'un amour immérité, riche qui s'ignorair avec l'inconscience des possédants, j'ai perdu d'être aimé. Ma fortune a fondu en unjour.

Aride, ma vie reprend. Mais je ne me reviens pas. Mon corps dermeure en ton corps délicieux et des antennes plumeuses en ma poitrine me font souffrir du vent du retrait. Celle qui n'est plus, prend, et son absence dévoratrice me mange et m'envahit.

J'en suis à regretter les jours de ta souffrance atroce sur le lit d'hôpital, quand j'arrivais par les corridors nauséabonds, traversés de gémissements vers la momie épaisse de ton corps emmailloté et que j'entendais tout à coup émerger comme le "la" de notre alliance, ta voix, douce, musicale, contrôlée, résistant avec fierté à la laideur du désespoir, quand à ton tour tu entendais mon pas, et que tu murmurais, délivrée "Ah, tu es là".

Je posais ma main sur ton genou, par-dessus la couverture souillée et tout alors disparaissait, la puanteur, l'horrible indécence du corps traité comme une barrique ou comme un égout, par des étrangers affairés et soucieux, tout glissait en arrière, laissant nos deux fluides, à travers les pansements, se retrouver, se joindre, se mêler dans un étourdissement du coeur, au comble du malheur, au comble de la douceur.

Les infirmières, l'interne souriaient; tes yeux pleins de foi éteignaient ceux des autres.

Celui qui est seul, se tourne le soir vers le mur, pour te parler. Il sait ce qui t'animait. Il vient partager la journée. Il a observé avec tes yeux. Il a entendu avec tes oreilles. Toujours il a des choses pour toi.


No me répondras-tu pas un jour?


Mais peut-être ta personne est devenue comme un air de temps de neige, qui entre par la fenêtre, qu'on referme, pris de frissons ou d'un malaise avant-coureur de drame, comme il m'est arrivé il y a quelques semaines. Le froid s'appliqua soudain sur mes épaules je me couvris précipitamment et me détournai quand c'était toi peut-être et la plus chaude que tu pouvais te rendre, espérant être bien accueillie; toi, si lucide, tu ne pouvais plus t'exprimer autrement. Qui sait si en ce moment même, tu n'attends pas, anxieuse, que je comprenne enfin, et que je vienne, loin de la vie où tu n'es plus, me joindre à toi, pauvrement, pauvrement certes, sans moyens mais nous deux encore, nous deux...






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