lunes, 4 de mayo de 2026

¡PONELE MÚSICA!

 


Donde siempre

me ingresó un árbol
por un costado
bajo su sombra
retozan los recuerdos
todo sigue vivo
porque nada muere realmente
se renace a cada momento
a cada paso del camino
entre albas y luceros
a la hora señalada
en la esquina donde siempre

Impuntual


corro por la senda peatonal 
hacia tu encuentro 
mis pies
van tocando esas teclas 
y una dulce melodía 
inunda la calle 
y todos se preguntan 
de donde sale esa música


La mejor película de todos los tiempos

mi amor por vos 
es como esas plantas 
que crecen en los baldíos 
sin orden ni método 
a la bartola
hojas en ramas que alcanzan
alturas inimaginables
hasta taparlo todo
meciéndose en el viento
sonando como un theremin
mi amor por vos
siempre se las arregla
se inmiscuye
en lugares impensados
se te aparece en la fila del súper
o te dedica una canción por la radio
mi amor por vos
exprime su imaginación
atraviesa paredes y espejos
explora dimensiones astrales
mundos alternativos
donde nunca es lunes 
siempre encuentra un resquicio 
una abertura por donde colarse 
porque mi amor por vos 
te ama indefectiblemente 
y no se da por vencido 
porque no tiene 
fecha de vencimiento 
mi amor por vos 
es vitalicio
porque es la historia sin fin
la mejor película de todos los tiempos


El vino derramado

sobre el vino
que cayó sobre el mantel
se formó un mapa
donde busco infructuosamente
la dirección de mi casa


La infancia

la calesita del Parque Lezama 
de noche parece una jaula tapada 
adentro quedó mi infancia 
montada en un caballo blanco



La luna se aleja de mí

la luna se aleja de mí 
dobla por Callao 
se aleja de mí
ya no se ve a nadie por aquí 
sombras nada más y la muerte 
que gira en espiral 
la luna se aleja de mí 
dobla por Callao 
se aleja de mí 
no siento las piernas 
floto como en un mar 
todo vestido de gris 
la luna se aleja de mí 
dobla por Callao 
se aleja de mí



El poeta menor

soy un poeta menor
en la antología
te costará encontrarme
soy el pececito negro
deambulando en la pecera
te costará encontrarme
soy el que llaman por su nombre
y no se da por aludido
te costará encontrarme
soy el que se borró
de la hoja del cuaderno
te costará encontrarme
soy el que está sentado
en la mesa del fondo
te costará encontrarme
soy el que se perdió
el que pasó de largo
te costará encontrarme
soy el que se olvidó
pero se acordó de buscarte


Mi viejo me decía


mi viejo me decía 
"estudiá
si no querés cargar 
bolsas en el puerto" 
yo estudié
y ahora cargo palabras 
en el desierto



Mis vecinos de arriba

mis vecinos de arriba
bautizaron la casa
cantando a los gritos
Don't Look Back In Anger
corrían
saltaban
bailaban
me imaginaba
los besos
los abrazos
la felicidad que atravesaba
las paredes y se desparramaba
por todo el barrio
como serpentinas de luz
el tiempo pasó
como pasan los trenes
y de aquella vez
sólo me queda
un grato recuerdo
de aquel minuto feliz
como los hermanos Gallagher
mis vecinos un día 
se separaron 
hoy puse aquel disco 
en la bandeja 
y ellos
siguen girando y girando 
sentaditos
sobre la etiqueta del vinilo


Los muelles de la vida


las manecillas del reloj
son las tablas de surf
del tiempo
cruje la madera
en medio de la noche
y las tapas del pequeño cofre
se abren y cierran
como esclusas
pasan navíos
de distinto calado
y por los muelles de la vida
camino en puntas de pie
para no despertar a nadie


(Del libro homónimo,
Nebliplateada, 2025)
Rodolfo Edwards


Rodolfo Edwards (Buenos Aires, 1962) es una de las voces más representativas de la generación del 90'. Poeta, ensayista y periodista cultural, Licenciado en Letras (UBA), entre sus libros de poesía se destacan Culo criollo (1999), Mingus o muerte (2009) y El Campeón del Baile Suelto (2019). Eloísa Cartonera editó en 2016 La épica del movimiento continuo, su obra poética reunida. Participó de las publicaciones La Mineta, 18 whiskys y Lo novia de Tyson; organizó diversos ciclos de lecturas poéticas y performances de amplia repercusión. En Flacso dicta un módulo del posgrado Literatura y Discurso Político. En la Universidad Nacional de Hurlingham tiene a su cargo la edición de la revista La Perla del Oeste, donde también es profesor de la materia Una historia del Rock Nacional. Colabora regularmente en Cultura del diario Perfil.


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sábado, 2 de mayo de 2026

LA CALÍGINE

Revuelcan en su comidilla 
flores de ceibo destrozadas 
ornamentan postes con posturas 
emigran hacia formas colectivas en el cielo 
tomadas por la euforia del sol cada mañana 
advierten vibraciones, protegen el descanso 
amigas de caballos, aran con el buey 
traducen a los vientos 
editan su semblante 
apenas dejan huella




Piedra de contención 
hacé durar en mí 
la belleza del mar.

Verté en mi cueva vacía 
la inteligencia del movimiento.

Que sepa cuándo arrojarme.

Y aunque me encuentres apagada 
no dejes de prestarme 
simpatía planetaria.

Ya aprenderé 
a edificar mi fortaleza.




Una torre invisible 
creció desde la barranca 
conmigo adentro 
hasta más arriba 
de la altura de las copas.

Me adormecí viendo
los camiones cruzar a Santa Fe
y desperté flotando
en el cielo claro de noviembre
rosa y amarillo casi blanco.

En vuelo nupcial me arrojé 
y la entrada a la torre 
empotrada en la tierra 
se recubrió de pasto.

Voy por un caminito apenas raleado 
la luciérnaga intuición 
apa y desa parece.

Ya quisiera yo encontrar un ascensor 
que me lleve a humedecer 
cada vez que lo quiera 
la visión de mi espíritu.

Demasiado perezosa
para la larga escalera de lo divino.




Esta mañana
salgo a remar porque quiero 
ser feliz

Trabados talón y torso 
brazos en hélice
el escándalo del sol en mis rodillas

     una    flor

     flota en un

plato verde y me alcanza

Cerca de la boya diviso 
un chisporroteo de mojarras 
saltando enloquecidas a la boca del aire 
cuando llego la imagen se defracta 
en mil olitas sin dirección

Parado en la copa 
de un árbol sumergido 
un biguá observa todo 
con su cuello interrogante 




Fruta fugitiva

¿Por qué tan presta 
a abandonar tu centro? 
¿Por qué altera el ambiente 
tu caricia pregnante?

En ácido dulce 
se desgaja la tarde.

Vas repartiendo 
semilla y magnesio 
con nombre de china 
mandarina.



Soplo el polvo de dos estaciones 
asentado en los conductos 
de la estufa que responde 
con un fulgor contenido.

Las voces que me habitan 
acuden a un llamado 
que no creo haber hecho. 
Agolpadas bajo un techo diminuto 
cómo no dejarlas pasar?

Hoy no puedo anfitrionar
les propongo que sean ellas
las que lleven la charla
elijan la música y pongan la mesa.
Duchas se ponen a obrar.

Se las siente cuchichear en la cocina 
corretear por el patio, mudar macetas 
pedir presupuestos, cambiar sábanas 
arreglar la pérdida, respira la casa.

Aprovecho la ocasión 
de vencerme con aplomo 
una me quita el calzado 
otra me hace una trenza 
otra recita un poema.

Por último les confío mi cuaderno 
para que escriban mientras duermo 
una siesta encantadora.



Una sensación me acaricia los dedos 
murmura palabras de otros tiempos 
lagrimal, trifurca... ¿Cómo despertar 
de este sueño cansado?
¿Qué vendrá por mí?

Entre mis manos un cofre 
porta un tesoro 
que deberé entregar 
sin haber visto.


(Del libro homónimo,
Mansalva, 2024)

Daiana Henderson


Daiana Henderson nació en Paraná, Entre Ríos, en 1988. Publicó, entre otros, El gran dorado (Ivan Rosado, 2012), A través del liso (Determinado Rumor, 2013), Un foquito en medio del campo (Editorial Municipal de Rosario, 2013) e Irse (Ivan Rosado, 2018). Parte de su obra fue compilada y publicada en España y Estados Unidos, bajo los títulos Humedal (Liliputienses, 2014) y So that something remains lit (CardBoard House Press, 2018). Codirige la editorial Neutrinos, y gestiona espacios de encuentro en Rosario, donde vive actualmente.

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