Mostrando entradas con la etiqueta Alojz Ihan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alojz Ihan. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de diciembre de 2015

RITMO

























ES TIEMPO

Es tiempo
de hablarnos,
si hubiese siquiera algo de qué hablar,
y de compartir,
si hubiese siquiera algo que compartir.
Es tiempo
y pronto nos quedaremos
también sin él.



VÍBORAS

Y pienso: así se aman las víboras
en su guarida,
entrelazadas, anudadas, un leve mordisco mortal
un mordisco cautivador
casi un beso, casi de amor.
Me lames como un helado con tu lengua bífida,
fisgadora, en mi mente martillean 
tus venenosos dientes.



COHETES

Nunca lo comprenderán, aunque, sí, aman,
y quizá precisamente por eso  quieren acercarse cada vez más,
mientras que tú las necesitas lejos, más allá de las carreteras, bosques,
ríos y ciudades: tendrían que pasar siglos,
terminar grandes batallas, emerger reinos, y
desintegrarse; la gente tendría que salir de vacaciones
en cohetes y regresar bronceada
de las estrellas, y otras muchas cosas
tendrían que suceder -pero ellas ya a la mañana siguiente
se sientan todas fragantes e íntimas sobre tu escritorio,
balanceando sus desnudas piernas con seguridad desde
la ropa interior de encajes, y, al apresurarte 
a tocar esta risueña hermosura,
te das cuenta de que nunca lo comprenderán.



DOS TESTIGOS

Y de pronto estamos tan solos,
los únicos testigos,
y aunque nos contásemos todo, o nos callásemos todo,
es difícil que haya en alguna parte algún dios al que le importe,
y quedará aislado del destino cada beso, cada grito.
Esta proximidad es aterradora.
Con vientres y párpados fruncidos, nos ahogamos
en los ojos,
de pronto tan solos,
dos únicos testigos.




Alojz Ihan


(Traducción;Marjeta Drobnic y Francisco Javier Uriz)





Alojz Ihan (Ljubljana, Eslovenia, 1961). Escritor y Doctor en medicina, especialista en microbiología e inmunología clínicas. Publicó cinco libros de  poemas: La moneda de plata, 1985; Los jugadores de póker, 1989; Poemas, 1989;  Ritmo, 1993; y Chica del sur, 1995. Dos novelas: La casa, 1988; y Peregrinación de dos...y el perro, 1998; y un libro de ensayos: Un Platón entre los dentistas, 1997. Sus ensayos y artículos aparecen regularmente en diarios y revistas de Eslovenia.





domingo, 27 de diciembre de 2015

UN GUIÓN SURREALISTA



























Un hombre entra en la catedral.
Silencio sepulcral. A lo lejos, ante el altar,
hay una joven arrodillada rezando. De pronto se da vuelta.
El hombre se enamora al instante. Como en trance va hacia ella.
Sus pasos golpean regulares penetrando el tiempo.
La mujer lo observa inmóvil. Su belleza va encaneciendo,
las arrugas marcándose en su rostro. El hombre acelera.
Apresura el ritmo de sus pasos.
La mujer envecece patentemente. El hombre echa a correr,
el tic tacm de sus pasos se vuelve un sonido
regular, casi doloroso, descolorido. 
A la mujer se le caen los dientes, la piel se le vuelve áspera,
el cabello blanquísimo. El hombre se detiene aterrado.
Comienza a retroceder. La mujer va haciéndose más joven,
recupera su belleza anterior. El hombre
vuelve a acercarse. Y a retroceder. Y a acercarse.
Y a retroceder. Y un día se decide. Sin más
consideraciones se le acerca y le toca un hombro.
En las bóvedas de la catedral resuenan los sonidos del órgano.
La gente está reuniéndose, delante del altar aparece
un sacerdote. Va vestido de negro.


Alojz Ihan (Ljubljana, Eslovenia, 1961)


(Traducción;Marjeta Drobnic y Francisco Javier Uriz)






sábado, 26 de diciembre de 2015

ACERCA DE LAS VIOLETAS






















Al ver sus muslos me puse pálido.
Era primavera y automáticamente comencé a seguirla,
no fui el único. Pronto, íbamos todos tras ella en procesión 
por el parque y, cuando la chica se detuvo
de pronto, quedamos petrificados, coagulados,
y cuando se dio vuelta, toda atrevida, nos convertimos
en hierbas, flores de primavera, arbustos, 
reverdecimos todo el parque con nuestra pasión, y la verde, 
esbelta pendeja paseaba por ahí,
sus muslos dirigían nuestro metabolismo,
en su cartera, los cuadernos se reían de nosotros
con sus ángulos doblados, blancos,
y escondimos nuestros globos oculares
entre el follaje y los árboles
y los doctores se olvidaron de sus doctorados,
los peones camineros de sus carreteras,
los profesores de sus conferencias,
los comerciantes de sus beneficios;
todos nos sentimos unidos en una hermandad fatal, peligrosa,
y nos tapábamos implacables con las ramas mutuamente,
nos asfixiábamos con las raíces, nos apartábamos con las ramas,
de modo que las violetas comenzaron a perecer lentamente,
y luego los hierbas y los arbustos,
hasta que sólo quedaron los robles más altos,
la hermosa les hizo guiños con alegría
y también a ellos les estalló el sistema circulatorio
y comenzaron a secarse, descomponerse, derrumbarse,
mientras que la chica se alisó la falda y subió al autobús. 


Alojz Ihan (Ljubljana, Eslovenia, 1961)

(Traducción;Marjeta Drobnič y Francisco Javier Uriz)