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sábado, 5 de diciembre de 2020

"POEMAS" de e.e.CUMMINGS











12

 
desde hace mucho mi corazón ha estado con el tuyo
cercado en el enredo de tus brazos hasta
una oscuridad donde nuevas lucen nacen y
crecen,
hace tiempo tu ánimo ha entrado en
mi beso como un extranjero
en las calles y colores de una ciudad—
 
que tal vez he olvidado
cómo, siempre (con
qué apresurada crudeza
de sangre y carne) Amor
acuña Su más gradual gesto,
 
y aguza vida a eternidad
 
—después nuestras mitades separadas llegarán a ser museos
repletos de memorias bien colmadas


 21

cuánto te amo (bella querida)
 
mucho más que otra cosa de la tierra y
más que todo lo del cielo
—canto y sol hacen fiesta a tu venida
 
aunque sea invierno y en un lugar cualquiera
con tal silencio y tanta oscuridad
que ninguno pudiera adivinar
 
(sólo mi vida) cuál estación fuera—
 
y si esto que se llama mundo tuviese
la fortuna de oír tal canto (o ese
sol que se alza altísimo en el pecho
de alguien aún más que alegre cuando llegas
 
vislumbrara) seguro que creería
(hermosa mía) tan solo en el amor
 
 
 
26
 
llevo tu corazón en mí (lo llevo
en el mío) no lo dejo (dondequiera
que voy tú vas, querida; y lo que hago
lo haces tú, queridísima)
 
                                               no temo
al hado (dulce hado mío) no
quiero el mundo (tú lo eres, fiel belleza)
tú eres lo que una luna siempre ha sido
y lo que un sol entonará por siempre
he aquí el mayor secreto e ignorado
(aquí raíz de raíz brote del brote
sombra del árbol que se llama vida;
más alto que esperanza y pensamiento)
y tal prodigio rige las estrellas
 
tu corazón en mí (va con el mío)
 
 

(Del libro “Poemas”;
Visor, 2014)
 

e.e.Cummings (E.E.U.U.; Cambridge, 1894-North Conway, 1962)

(Traducción: Alfonso Canales)

 
LEER biografía en una entrada anterior del autor (Nota del Administrador).
 
 
12
it is so long since my heart has been with yours
 
shut by our mingling arms through
a darkness where new lights begin and
increase,
since your mind has walked into
my kiss as a stranger
into the streets and colours of a town—
 
that i have perhaps forgotten
how, always (from
these hurryng crudities
of blood and flesh) Love
coins His most gradual gesture,
 
and whittles life to eternity
 
—after which our separating selves become museums
filled with skilfully stuffed memories
 
21
 
i love you much (most beautiful darling)
 
more than anyone on the earth and i
like you better than everything in the sky
 
—sunlight and singing welcome your coming
 
although winter may everywhere
with such a silence and such a darkness
mone can quite begin to guess
 
(except my life)the true time of year—
 
and if what calls itself a world should have
the luck to hear such singing (or glimpse such
sunlight as will leap higher than high
through gayer than gayest someone's heart at your each
 
nearness) everyone certainly would (my
most beautiful darling) believe in nothing but love
 
 
26
 
i carry your heart with me (i carry it in
my heart) i am never without it (anywhere
i go you go, my dear; and whatever is done
by ondl me is your doing, my darling)
                                                               i fear
no fate (for you are my fate, my sweet) i want
no world (for beautiful you are my world, my true)
and it’s you are whatever a moon has always meant
and whatever a sun will always sing is you
 
here is the deepest secret nobody knows
(here is the root of the root and the bud of the bud
and the sky of the sky of a tree called life; which grows
higher than soul can hope or mind can hide)
and this is the wonder that’s keeping the stars apart
 
i carry your heart( i carry it in my heart)
 

 

 

IMAGEN: Cummings Photograph by Edward Weston.


miércoles, 29 de octubre de 2014

NO CONFERENCIA UNA: yo & mis padres




Al iniciar estas llamadas conferencias, permítanme advertirles cordialmente de que no tengo ni la más remota intención de hacerme pasar por un conferenciante. Dar conferencias es supuestamente una forma de enseñar, y supuestamente un profesor es alguien que sabe. Yo nunca supe, y sigo sin saber. Lo que siempre me ha fascinado no ha sido tanto enseñar como aprender, y les aseguro que si el aceptar las clases en la cátedra Charles Eliot Norton no se hubiera mezclado de inmediato con la expectativa de aprender muchísimo, ahora estaría en cualquier otro sitio. Quiero también asegurarles que me siento enormemente feliz de estar aquí, y que espero de todo corazón que ustedes no lo lamenten enormemente.

Desde antes de que muchos de ustedes existieran, no he dejado de aprender y reaprender, como escritor y como pintor, el significado de dos refranes inmemoriales: «sobre gustos no hay nada escrito» y «puedes llevar la yegua al agua, pero no puedes obligarle a beber». Ahora -como anticonferenciante- me enfrento por suerte a este otro dictum igualmente antiguo aunque mucho menos austero: «El mal viento a nadie trae nada bueno». Porque mientras un auténtico conferenciante debe obedecer las reglas de la decencia mental y envolver sus peculiaridades personales con generalidades colectivamente aceptables, un auténtico ignorante queda descaradamente libre para hablar como siente. Esta perspectiva me anima, porque valoro la libertad y nunca he esperado que la libertad pueda ser otra cosa que indecente. El mismo hecho de que un viejo adicto a la parodia (que se ha postrado muchas veces ante el altar de la revelación corpórea progresiva) se encuentre a punto de intentar un striptease estético, me parece una sorprendente manifestación de justicia poética y refuerza mi convicción de que puesto que no puedo contarles lo que sé (o más bien lo que no sé) no hay nada que me impida intentar decirles quién soy, algo con lo que disfruto muchísimo.

Pero ¿quién soy? o más bien -puesto que mi yo dibujante y mi yo pintor no les interesa en absoluto-¿quién es mi otro yo, el yo de la poseía y la prosa? Aquí se me plantea un grave problema, así como una excelente oportunidad de aprender algo. Por supuesto, no habría problema si me adscribiera a la hipercientífica doctrina de que la herencia no cuenta porque el entorno lo es todo; o si (tras haberme tragado este super-somnífero) imaginara el futuro de la llamada humanidad como un presente permanente, que envuelve prenatalmente a retrasados mentales cuasiidénticos en perpetua infelicidad. Sin embargo, acertada o equivocadamente, yo prefiero el insomnio espiritual al suicidio psíquico. El infierno aguado del obligatorio cielo en la tierra no es, rotundamente, santo de mi devoción, Al negar el pasado, que yo respeto, se niega el futuro... y yo amo el futuro. En consecuencia, para mí un problema autobiográfico es una realidad.

Examinando más de cerca mi problema autobiográfico, veo que engloba dos problemas, unidos por ese momento absolutamente misterioso que significa el autodescubrimiento. Hasta ese misterioso momento, yo soy sólo un escritor accidental: en primer lugar soy el hijo de mis padres y de cualquier cosa que les suceda. A partir de este momento, la respuesta a la pregunta «¿quién soy?» queda respondida por un «lo que escribo»; en otras palabras, me convierto en mi escritura, y mi autobiografía se convierte en una exploración de mi actitud como escritor. Pero surgen dos nuevas preguntas. La primera, «¿qué es lo que conforma mi escritura?», puede responderse rápidamente: mi escritura consiste en dos mal llamadas novelas; un par de obras de teatro, una en prosa y la otra en verso blanco; nueve libros de poemas; un número indeterminado de ensayos; un volumen de sátira sin título y el libreto de un ballet. La segunda pregunta, «¿en cuál de todo este material se expresa con más claridad mi postura como escritor?» puede responderse casi con la misma rapidez: me parece que se expresa con mayor claridad en la última de las mal llamadas novelas, en las dos obras de teatro, tal vez en veinte poemas y en media docena de ensayos. Muy bien; construiré la segunda parte de mi autobiografía alrededor de esta prosa y esta poesía dejando (siempre que sea posible) que la prosa y la poesía hablen por sí mismas. Sin embargo, la primera parte de mi autobiografía presenta un problema de otro orden completamente distinto. Para solucionar ese problema, debo crear un personaje perdido hace mucho tiempo -el hijo de mis padres-y su mundo desaparecido. ¿Cómo puedo hacerlo? No lo sé, y como no lo sé, lo intentaré. Tras haberlo intentado, abordaré mi segundo problema. Si el intento falla, al menos lo habré intentado. Si ambos intentos tienen éxito, habré logrado, de milagro, lo imposible. Porque entonces -y sólo entonces- ustedes y yo contemplaremos el autorretrato estético de la mitad entera de este y no de cualquier otro ignorante indivisible tal como es.

Algunos, si no la mayoría, de los distinguidos miembros de esta ilustrada audiencia sospecho que estarán ahora pensando para sus adentros; «¡Vaya! Venimos aquí esperando que un poeta nos hable sobre poesía y lo primero que hace el susodicho poeta es decirnos que no tiene la más remota intención de hacerlo. A continuación, el susodicho poeta se permite un montón de banales regresiones que no demuestran absolutamente nada, a no ser que, como dibujante, no distingue el culo de las témporas. Finalmente, para acabar de rematarlo, el susodicho poeta anuncia graciosamente que podemos esperar que nos regale con una descripción de su trayectoria prepoética, y luego, como si eso no fuera bastante, nos regala con una sarta de chismecitos prosaicos que se le han ido escapando de vez en cuando en las últimas tres décadas, porque sólo así es capaz de entender quién es él hoy en día. ¿Por qué, en nombre del sentido común, el susodicho poeta no nos lee algo de poesía -de cualquier poesía; incluso de la suya propia- y nos cuenta lo que piensa o deja de pensar sobre ella? ¿Es el susodicho poeta víctima de un egocentrismo galopante o es simplemente tonto?».

Mi respuesta inmediata a esta pregunta sería: ¿y por qué no las dos cosas? Pero suponiendo que enterrásemos parcialmente el hacha y aceptásemos el egocentrismo, ¿quién, si la pregunta no es demasiado impertinente, no es egocéntrico? Medio siglo en el tiempo y varios continentes en el espacio, junto a una curiosidad saludablemente desarrollada no me han permitido todavía localizar un solo ego situado en la periferia de sí. Tal vez, simplemente, no conocí a la gente adecuada y viceversa. En todo caso, mi escasa relación con senadores carteristas y científicos me lleva a concluir que tampoco ellos distan mucho del egocentrismo. Creo, por tanto, que todos son honestos educadores. Y también lo son (estoy convencido) los barrenderos sordomudos asesinos madres, hadas caníbales alpinistas, hombres fuertes hermosas mujeres niños no nacidos espías internacionales, escritores por encargo vagabundos ejecutivos, locos de remate chiflados morfinómanos policías, altruistas (sobre todo) picapleitos tocólogos y domadores. No hay que olvidarse de los funerarios, tal como prefieren llamarse los sepultureros en esta época de cultura universal. O, como mi amigo y distinguido biógrafo M.R. Werner señaló confidencialmente en cierta ocasión después de varias copas de Bisquit Dubouché: «Cuando llega el momento todos somos una caja de Pandora para nosotros mismos; tanto si se cree como si no».

Y ahora, permítanme hacerles una propuesta estrictamente egocéntrica. Teniendo en cuenta que una llamada clase magistral dura cincuenta minutos, juro solemnemente por la presente dedicar exclusivamente a la poesía y, aún más, poesía de la cual no soy en modo alguno responsable, los últimos quince minutos de todas y cada una de las clases. Esto me dejará sólo treinta y cinco minutos de cada clase para charlar prosaicamente sobre mí mismo; o (de vez en cuando) para leer un fragmento de un poema -o tal vez un poema entero- mío. La charla prosaica empezará con mis padres y continuará con su hijo, hablará del auto-descubrimiento; y luego, en la noconferencia número cuatro, realizará un análisis de la posición de E.E. Cummings como escritor. Por el contrarío, las lecturas poéticas tendrán lugar a lo largo de las seis conferencias y componen una antología estrictamente amateur o una colección de poesía que, por ninguna razón o sinrazón, adoro. En el curso de mis seis medias horas de egocentrismo discutiré, entre otras tareas, la diferencia entre hecho y verdad, describiré al profesor Royce y la crisis de la pajarita, nombraré al cochero del profesor Charles Eliot Norton y definiré el sueño. Si me preguntan por qué incluyo trivialidades, mi respuesta será «¿qué trivialidades?» En mis seis quinceminutos de lectura poética, trataré solamente de leer poesía, aunque no sé bien cómo. Si ustedes arguyen «pero ¿por qué no hacer también crítica?», les citaré brevemente un fragmento de un maravilloso libro que conocí a través de una maravillosa amiga llamada Hildegarde Watson, el libro Cartas a un joven poeta, del poeta alemán Rainer María Rilke:
Las obras de arte son de una infinita soledad, y con nada tienen menos que ver que con la crítica. Únicamente el amor puede comprenderlas, contenerlas y juzgarlas honestamente.
En mi orgullosa y humilde opinión, esas dos frases valen por toda la llamada crítica del arte que ha existido o existirá jamás. Disientan de ellas tanto como quieran, pero no las olviden nunca, porque si lo hacen, habrán olvidado el misterio que ustedes han sido, el que serán y el que son:

qué multitud(cuántos demonios y dioses
cada cual más codicioso)es un hombre
(con cuánta facilidad uno se oculta en el otro;
y aun así no puede, siendo todos, escapar a ninguno)
qué tumulto más enorme el deseo más simple: 
qué cruel masacre la esperanza 
más inocente (tan profunda es la mente de la carne 
y tan alerta lo que la vigilia llama sueño)
que el hombre más solitario nunca está solo
(su aliento más breve dura lo que un año a un planeta,
su vida más larga es sólo el palpitar de un sol;
su mínima inmovilidad recorre la estrella más joven)
-¿cómo un tonto que se llama «yo» osaría 
abarcar un innumerable quién?
Y así llegamos a los padres de un personaje que hemos perdido de vista, que es el hijo de estos padres.
Para describir a mi padre, permítanme citar una carta y contarles una historia. La carta se la escribí yo a mi buen amigo Paul Rosenfeld, quien la utilizó en un ensayo que honró el número cinco de aquella publicación de título ambiguo, The Harvard Wake:

No sé cómo responder a tu pregunta sobre mi padre. Era oriundo de New Hampshire, uno ochenta y ocho de estatura, un tirador de primera & un famoso pescador con mosca & un marinero excelente (su chalupa se llamaba La actriz) & un silvicultor capaz de orientarse por bosques primigenios sin brújula & un piragüista que te conducía remando hasta un ciervo sin levantar ni una ola en la superficie de la laguna & ornitólogo & taxidermista & (cuando dejó la caza) un experto fotógrafo (el mejor que he conocido) & un actor que interpretó a Julio César en el teatro Sanders & un pintor (tanto de óleos como de acuarelas) & mejor carpintero que cualquier profesional & un arquitecto que diseñaba sus propias casas antes de construirlas & (cuando quería) un fontanero que, sólo por diversión, montaba todas sus instalaciones de agua corriente &: (cuando estuvo en Harvard) un profesor que se relacionaba poco con los catedráticos -por los que estábamos literalmente rodeados (Royce, Lanman, Taussing, etc), aunque no vencidos- & más tarde (en la iglesia unitaria South Congregational del Doctor Hale) un predicador que, durante la pasada guerra, anunció que los chicos del Gott Mit Uns («Dios con nosotros», lema del escudo de armas de la casa imperial prusiana desde 1701. Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados de la Wehrmacht llevaban el lema grabado en la hebilla de sus cinturones. N. de T.)
 estaban equivocados puesto que lo único importante era que el hombre estuviese con Dios & un hermoso domingo de primavera comentó desde el púlpito que no entendía cómo alguien había ido a escucharlo un día como aquel & sorprendió terriblemente a sus feligreses al exclamar: «El reino de los cielos no es un jardín espiritual en la azotea, está dentro de vosotros» & mi padre tuvo el primer teléfono en Cambridge & (mucho antes que cualquiera de los modelos Ford T) conducía un Buckboard de transmisión por fricción producido por la compañía de relojes Waltham & mi padre me mandó a cierta escuela pública porque su directora era una dulce negra como el carbón & cuando él se hizo diplomático (para la Paz Mundial) me ofreció a mí & a mis amigos una magnífica fiesta en lo alto de un árbol en Sceaux Robinson & mi padre estuvo al servicio de la gente que un día combatió sin piedad al mayor & más corrupto político de Boston y pocas tardes después se sentaba con él animadamente en el Rotary Club & la voz de mi padre era tan magnífica que lo llamaron para que interpretara la voz de Dios hablando desde Beacon Hill (se le oyó en todo el parque) & mi padre me regaló la metáfora de Platón con la leche de mi madre.

Creo que este es un bosquejo preciso de Edward Cummings, Harvard, promoción de 1883, salvo en lo referido a sus relaciones de buena vecindad. Realmente se «relacionaba poco con los catedráticos» en general, pero con los profesores concretos cercanos a él sus relaciones eran casi siempre amistosas y, en ciertos casos, afectuosas. Sin duda alguna, el vecino preferido de mi padre era William James; resulta extraño que me haya olvidado de mencionar a un amigo tan leal y un ser humano tan extraordinario. No sólo es extraño: es una ingratitud, puesto que debo mi existencia al profesor James, que presentó mi padre a mi madre. 
Ahora, sigamos con la historia. 
Hace treinta y cinco años, un sobre sucio con un sello francés llegó al 104 de Irving Street, Cambridge. El sobre contenía unos garabatos redactados cuidadosamente; decían, entre otras cosas, que yo estaba internado en cierto campo de concentración, con un buen amigo llamado Brown al que había conocido en el barco camino de Francia; él, como yo, se había alistado voluntario como conductor de ambulancia con los señores Norton (no Charles Eliot) y Harjes. Inmediatamente, mi padre -no ha habido ni habrá jamás un padre más amante de su hijo que él- puso un telegrama a su amigo Norton; pero el señor Norton ni siquiera nos había echado en falta y, en consecuencia, no había movido un hilo. A continuación, a través de un simple pero leal conocido, mi padre puso al ejército americano sobre nuestra pista, estipulando contundentemente que mi amigo y yo debíamos ser rescatados juntos. Pasaron muchos días. De repente, sonó el teléfono: un mandamás preguntaba por el reverendo Edward Cummings.
-Hola -dijo mi padre.
-Le habla el comandante Fulanitodetal -farfulló una voz airada-. Ese amigo de su hijo no es trigo limpio. Puede que sea un espía. En cualquier caso, poco patriota. Se merece lo que le está pasando. ¿Entiende?
-Entiendo -contestó mi padre, profundamente patriota.
-No hay trato con Brown -continuó farfullando-, así que su hijo o nada; le garantizo que si acepta, su hijo estará fuera de ese lugar de mala muerte en cinco días. ¿Qué me dice?
-Le digo -contestó mi padre- que no se moleste.
A propósito, el comandante se molestó y, como resultado, mi amigo Slater Brown aún sigue vivo.
Permítanme añadir que, mientras mi padre hablaba con el ejército americano, mi madre estaba a su lado, porque estos dos maravillosos seres humanos, mi padre y mi madre, se amaban uno a otro más que a sí mismos:
si el cielo existe mi madre tendrá(para sí sola) 
uno. No será un cielo con pensamientos ni 
un frágil cielo con lirios del valle sino 
un cielo de rosas granates
mi padre estará (hondo como una rosa 
alto como una rosa)
de pie, cerca
(balanceándose sobre ella
en silencio)
con ojos que son en realidad pétalos y no ven
nada, con la cara de un poeta que en realidad
es una flor y no una cara con
manos
que susurran
esta es mi amada
(de repente,a la luz del sol
él se inclinará,
y todo el jardín se inclinará con él)

En cuanto a mí, fui recibido como nunca ningún hijo de rey y de reina haya sido recibido. En eso radica mi jubiloso destino y mi suprema fortuna. Si, de alguna manera, soy capaz de transmitirles un vestigio de esta inconmensurable bendición, mi existencia, aquí y ahora, estará plenamente justificada; en caso contrario, cualquier cosa que les diga no significará nada. Porque del mismo modo que cada noviembre tiene su abril, sólo los misterios son significativos, y un misterio de misterios es el origen de todos ellos:
nada falso y posible es el amor
(quien lo ha imaginado,por tanto ilimitado)
el amor es al dar lo que el dar es al guardar; 
lo que afirmar es a condicionar,el amor es al sí
No intentaré describir a mi madre, pero permítanme darles unas pinceladas de la persona más asombrosa que he conocido jamás. Procedía del muy respetable linaje de los Roxbury, tan respetable que uno de sus distinguidos antepasados, el reverendo Pitt Clarke, sacó a su hijo adulto, cogido por la oreja, de lo que nosotros consideraríamos un baile plenamente decoroso. Pero no acaba ahí la respetabilidad de Clarke. Cuando el padre de mi madre, que trabajaba en el negocio con su suegro, añadió (en una ocasión) la firma de este último a un cheque, aquel ilustre personaje no sólo mandó a la cárcel de Charles Street a su yerno sino que borró su nombre de los archivos familiares. Mi madre me contó que durante toda su infancia creyó que a su padre lo habían ahorcado. También me aseguró que era una jovencita tímida o, como diríamos hoy en día, una neurótica a la que había que sacar a rastras de debajo del sofá cuando llegaban amigos de visita; aquello me parecía casi increíble, aunque era tan imposible que ella mintiera como que anduviera por el techo. Jamás he conocido a nadie más alegre, más saludable en cuerpo y alma, a nadie tan incapaz de guardar rencor, ni a nadie tan absoluta, humana y naturalmente generosa. Mientras que mi padre había creado su propio unitarianismo (su padre era uno de esos cristianos que creen en el fuego del infierno), ella había heredado el suyo; era parte integral de sí misma, ella lo expresaba cuando respiraba y cuando sonreía. Mi madre siempre mantuvo que los dos factores indispensables de la vida eran «la salud y el sentido del humor». Y aunque la salud le falló con el tiempo, mantuvo su sentido del humor hasta el final.

No es frecuente conocer a una auténtica heroína. Yo tengo el honor de ser el hijo de una auténtica heroína. Un día, mi padre y mi madre venían de New Hampshire a Cambridge en su flamante automóvil nuevo, un Franklin con motor refrigerado por aire y bastidores de madera. Cuando se acercaban a los Ossippees, empezó a nevar. Mi madre conducía y, si la hubieran dejado, jamás se habría detenido por una tontería como la nieve. Pero como no dejaba de nevar, mi padre la hizo detenerse para bajar a limpiar el parabrisas. Después, él volvió a subir al coche y ella siguió conduciendo. Unos minutos más tarde, una locomotora partió el coche en dos y mató a mi padre en el acto. Cuando los guardafrenos saltaron del tren detenido, vieron a una mujer de pie -mareada, pero erguida-junto a un coche destrozado; con sangre que le salía «a chorros» de la cabeza (como me contó el mayor de ellos). Con una de las manos (añadió el más joven) se palpaba el vestido como si tratara de descubrir por qué estaba húmedo. Los hombres cogieron a mi madre, de sesenta y seis años, por los brazos e intentaron llevarla hasta una granja cercana; pero ella se zafó de ellos, se dirigió a grandes zancadas hasta el cuerpo de mi padre y ordenó a un grupo de asustados espectadores que lo cubriesen. Cuando lo hicieron -y sólo entonces- ella les permitió que se la llevaran.

Un día después, mi hermana y yo entramos en una pequeña habitación oscura de un hospital rural. Aún estaba viva, aunque el médico en jefe no se lo podía explicar. Ella sólo deseaba una cosa: unirse a la persona que más amaba. El estaba a un paso de ella, pero ella no podía alcanzarle. Hablamos y ella reconoció nuestras voces. Poco a poco su propia voz empezó a comprender lo que su muerte significaría para la vida de sus hijos y muy poco a poco se produjo el milagro. Decidió vivir. «Tengo algo en la cabeza que no me funciona», nos decía débilmente; y no se refería a su fractura de cráneo. A medida que los días y noches pasaban, descubrimos por casualidad que aquella espantosa herida había sido suturada a la luz de las velas cuando se produjo un apagón general en la ciudad. Pero el jefe médico no tenía intención de perder a su paciente: «¿Trasladarla? -gritó- ¡imposible! sólo el sentarla la mataría», y pasaron siglos antes de que encontrásemos el modo de remediar su decisión. Cuando llegó la ambulancia, dispuesta a trasladar a mi madre a un gran hospital de Boston, ella estaba sentada (totalmente vestida y sonriente) junto a la puerta. Elogió la ambulancia, charló animadamente con el conductor, y se negó a tumbarse porque si lo hacía se perdería el paisaje durante el camino. Atravesamos pueblos y cruzamos ciudades. «Me gusta ir rápido», nos dijo, radiante. Por fin, alcanzamos la meta. Tras un tiempo interminable en el quirófano -en el que (luego nos enteramos) ella insistió en mirar en un espejo todo lo que sucedía, mientras un gran neurocirujano extraía un trozo de hueso y limpiaba cuidadosamente la herida- mi madre apareció en una silla de ruedas; muy tiesa y moviendo triunfante una botellita en la que (ante su imperiosa petición) el médico había colocado
la porquería, suciedad y esquirlas cuya existencia habían pasado alegremente inadvertidas a su predecesor. «¿Lo veis? -nos dijo sonriente- ¡yo tenía razón!»
Y, aunque más tarde tuvieron que volver a reabrir la herida, salió del hospital en tiempo récord; al cabo de unos cuantos meses en casa, estaba totalmente recuperada; de vez en cuando asistía a las reuniones de la cercana Sociedad de Amigos; luego, un día cogió sola el tren a Nueva York y empezó a trabajar como voluntaria en el servicio de asistencia al viajero de la Grand Central Station. «¡Soy dura!», era su enérgico comentario cuando tratábamos de expresarle nuestro asombro y alegría.

Mí madre amaba la poesía y copiaba la mayoría de sus poemas preferidos en un cuadernillo que siempre tenía a mano.
Algunos de esos poemas están también entre mis preferidos. En el cuarto de hora que queda, trataré de leerles uno de ellos. Se trata de la oda de William Wordsworth titulada «Presagios de inmortalidad de recuerdos de la infancia», introducida por estos tres versos:
El Niño es padre del Hombre;
y yo desearía que mis días estuvieran
unidos entre sí por una piedad natural.

E.E. Cumming


(Traducción: Olivia de Miguel)


Edward Estlin Cummings (Cambridge, 1894-North Conway, 1962). Poeta estadounidense. Su obra es una de las más innovadoras de la moderna poesía en lengua inglesa. Durante la I Guerra Mundial, se alistó como voluntario en una brigada de enfermería, experiencia que relató en La gran habitación (1922). Su poesía, caracterizada por la experimentación tipográfica y por la invención de neologismos, incluye Tulipas y chimeneas (1923), Vi Va (1931) y Cincuenta poemas (1941). También publicó novelas (Eimi, 1933) y obras de teatro (Him, 1927; Tom, 1935).




lunes, 27 de octubre de 2014

maggie y milly y molly y mía




bajaron  a la playa (a jugar un día)

y maggie descubrió un caracol que cantaba
tan dulcemente que no pudo recordar sus problemas, y

milly se hizo amiga de una estrella perdida
cuyos rayos cinco lánguidos dedos eran;

y molly fue perseguida por una cosa horrible
que corría de lado mientras soplaba burbujas: y

may volvió a casa con una piedra lisa y redonda
tan pequeña como un mundo y tan grande como sola.

porque cualquier cosa que perdamos (como un vos o un yo)
siempre es a nosotros mismos que encontramos en el mar.


E.E.Cummings (Cambridge, 1894-North Conway, 1962)

(Versión: Marina Kohon)


maggie and milly and molly and may
went down to the beach (to play one day)

and Maggie discovered a shell that sang
so sweetly she couldn’t remember her troubles, and

milly befriended a stranded star
whose rays five languid fingers were;

and molly was chased by a horrible thing
which raced sideways while blowing bubbles: and

may came home with a smooth round stone
as small as a world and as large as alone.

For whatever we lose (like a you or a me)
it’s always ourselves we find in the sea.





viernes, 11 de julio de 2014

eso es un poeta


















ningún hombre,si los hombres son dioses;pero si los dioses deben 
ser hombres,el a veces único hombre es éste 
(muy común,porque cada angustia es su aflicción; 
y,porque su gozo es más que gozo,muy raro)

un demonio,si los demonios hablan con la verdad;si los ángeles
        se queman

en su propia generosa completamente luz,
un ángel;o(como los diversos mundos que él rechazará
antes que fallarle al inconmensurable destino)
un cobarde,payaso,traidor,idiota, soñador,bestia—

eso fue un poeta y será y es

—el que resolverá las honduras del horror para defender 
la arquitectura de un rayo de sol con su vida: 
y tallará inmortales junglas de desesperación 
para sostener el latido de una montaña en su mano.



E.E. Cummings (E.E.U.U. Cambridge, 1894-North Conway, 1962)
(Traducción: Jorge Santiago Perednik)



no man,if men are gods;but if gods must 
be men,the sometimes only man is this 
(most common,for each anguish is his grief; 
and,for his joy is more than joy,most rare)

a fiend,if fiends speak truth;if angels burn

by their own generous completely light, 
an angel;or(as various worlds he'll spurn 
rather than fail immeasurable fate) coward,clown,traitor,idiot,dreamer,beast—

such was a poet and shall be and is

—who'll solve the depths of horror to defend 
a sunbeam's architecture with his life: 
and carve immortal jungles of despair 
to hold a mountain's heartbeat in his hand



IMAGEN: A Window Through The Life, fotografía de Abbas Kiarostami.






miércoles, 9 de julio de 2014

me gusta mi cuerpo




















me gusta mi cuerpo cuando está con tu
cuerpo.    Es algo tan del todo nuevo.
Los músculos mejor y los nervios más.
me gusta tu cuerpo,    me gusta lo que hace,
me gustan sus modos.     me gusta sentir la columna
de tu cuerpo y sus huesos, y la vibrante
-suave-firmeza y lo que habré
otra y otra y otra vez
de besar,     me gusta besar esto y eso de ti,
me gusta, acariciar lentamente el, vello estremecedor
de tu eléctrica piel, y lo qué-es-que llega
sobre la carne partida —Y los ojos grandes migas-amor,

y posiblemente me gusta la excitación 

de abajo mío tú tan del todo nueva





E.E. Cummings (Cambridge, 1894-North Conway, 1962)


(Traducción: Jorge Santiago Perednik)


i like my body when it is with your
body.    It is so quite new a thing.
Muscles better and nerves more.
i like your body.      i like what it does,
i like its hows.      i like to feel the spine
of your body and its bones, and the trembling
-firm-smooth ness and which i will
again and again and again
kiss,     i like kissing this and that of you,
i like, slowly stroking the, shocking fuzz
of your electric fur, and what-is-it comes
over parting flesh .... And eyes big love-crumbs,

and possibly i like the thrill 

of under me you so quite new





lunes, 7 de julio de 2014

UNO NO ES MITAD DE DOS



uno no es mitad de dos.    Dos son mitades de uno: 
cuyas mitades reintegrándose,acontecerán 
ninguna muerte y alguna cantidad;pero que 
todas las enumerables muy las verdaderas más

mentes ignorantes de la estrella milagrosa 
esta cada verdad—cuidado con los ellos sin corazón 
(dado el escalpelo,diseccionan un beso; 
o,vendida la razón,insueñan un sueño)

uno es el canto que ángeles y demonios cantan:
todas las mentiras asesinas dichas por mortales suman dos.
Que se marchiten los mentirosos,devolviendo la vida que les prestaron;
nosotros(por un don llamado nacer muriente)debemos crecer

profundos en lo oscuro lo menos nosotros mismos recordando 
que el amor sólo conduce su año.
                            Todo pierde,entero encuentra



E.E. Cummings (Cambridge, 1894-North Conway, 1962)

(Traducción: Jorge Santiago Perednik)



one's not half two.     It's two are halves of one: 
which halves reintegrating,shall occur 
no death and any quantity;but than 
all numerable mosts the actual more

minds ignorant of stern miraculous 
this every truth—beware of heartless them 
(given the scalpel,they dissect a kiss; 
or,sold the reason,they undream a dream)

one is the song which fiends and angels sing: 
all murdering lies by mortals told make two. 
Let liars wilt.repaying life they're loaned; 
we(by a gift called dying born)must grow

deep in dark least ourselves remembering 
love only rides his year.

                           All lose,whole find




sábado, 5 de julio de 2014

puesto que sentir es lo primero




puesto que sentir es lo primero 
quien preste alguna atención 
a la sintaxis de las cosas 
nunca te besará del todo;

ser del todo un tonto
mientras la Primavera está en el mundo

mi sangre aprueba,
y los besos son un destino mejor
que la sabiduría
señora lo juro por todas las flores.         No llores
—el mejor gesto de mi cerebro es menos
que el parpadeo de tus pestañas que dice

somos el uno para el otro: entonces 
ríe,recostada entre mis brazos 
porque la vida no es un párrafo

Y la muerte pienso no es ningún paréntesis



E.E. Cummings (Cambridge, 1894-North Conway, 1962)
(Traducción: Jorge Santiago Perednik)



since feeling is first 
who pays any attention 
to the syntax of things 
will never wholly kiss you;

wholly to be a fool
while Spring is in the world

my blood approves,
and kisses are a better fate
than wisdom
lady i swear by all flowers.     Don't cry
—the best gesture of my brain is less
than your eyelids' flutter which says

we are for each other: then 
laugh,leaning back in my arms 
for life's not a paragraph

And death i think is no parenthesis




sábado, 27 de octubre de 2012

tal era y será y es el poeta




tal era y será y es el poeta
aquel que descifrará las profundidades del horror para defender 
con su vida la arquitectura 
de un rayo de sol : y tallará selvas inmortales de desesperación
para sostener en su mano el latido de una montaña.





E.E. Cummings (Cambridge, 1894-North Conway, 1962)

(Versión: Marina Kohon)



Such was a poet and shall be and is
-who’ll solve the depths of horror to defend a sunbeam’s 
architecture with his life: and carve immortal jungles of despair 
to hold a mountain’s heartbeat in his hand. 






sábado, 24 de octubre de 2009

puede que no siempre sea asi...















puede que no siempre sea así; y te digo
que si tus labios, que he amado, tocaran
los de otro, y tus amados y fuertes dedos aprisionaran
su corazón, como el mío no hace mucho;
si sobre un rostro ajeno cayera tu cabello
en el silencio que conozco, o se retorcieran
las grandes palabras, por decir demasiado,
presas de impotencia frente al espíritu contenido;

si esto ocurriera, te digo, si esto ocurriera-
dueña de mi corazón, envíame una palabra sola;
iré hacia él y, tomando sus manos,
le diré, Acepta de mi la felicidad toda.
Luego voltearé el rostro, y escucharé el canto de un pájaro
terriblemente lejos de las tierras perdidas.




E.E. Cummings (Cambridge, 1894-North Conway, 1962)


it may not always be so; and i say...

it may not always be so;and i say
that if your lips,which i have loved,should touch
another's,and your dear strong fingers clutch
his heart,as mine in time not fara away;
if on another's face your sweet hair lay
in such a silence as i know,or such
great writhing words as,uttering overmuch,
stand helplessly before the spirit at bay;

if this should be,i say if this should be--
you of my heart,send me a little word;
that i may go unto him,and take his hands,
saying,Accept all happiness from me.
Then shall i turn my face,and hear one bird
sing terribly afar in the lost lands.