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martes, 23 de junio de 2020

LOS POETAS SALVAJES




















tres


EN NEW YORK UN DÍA DE OCTUBRE DE 1953 e.e. cummings PENETRA EN UNA HABITACIÓN, OLVIDANDO QUE SU MUJER LO AGUARDA EN OTRA


Ha buscado durante largas horas
un libro en la biblioteca
mientras el sol
se curvaba a través de la calle
y sus rayos abandonaban
con un torbellino diminuto y lento
la habitación
él se internaba en los libros
como en un delta
se abandonaba
como si de alas se tratase
como un batir imperceptible
que al mismo tiempo lo depositara
o suspendiera acaso
sobre haikus diversos
o el largo aliento de Walt Whitman
él hojeaba con
no ya la displicencia de quien transita
un aquietado jardín que se transforma en opaco para
sus ojos sino con
ese abandono que traen a la vista
esos árboles hindúes
que como en una trasmutación tal vez metafísica
convierten en un momento impreciso sus ramas colgantes
en raíces hundidas en la tierra
limosa así
(observen la dorada luz que se filtra entre esos árboles)
y su tronco se expande
se reproduce desde lo alto hacia los costados abarcando
mucho más que una vida sino más bien
una sucesión de árboles y personas
y esto
lo sabe cummings
y de las enormes distancias
que un hombre enjuto puede
atravesar solo en las polvorientas planicies del continente asiático
hasta
un día sin aviso ver ante sí el oscuro reberberar de una franja boscosa 12

y
se interna en la umbría
en la
oscura húmeda verde materia
para dar con sus huesos en el árbol del que hablé al comienzo
(observen la luz cayendo como líquido de lo alto)
y contemplar
la sucesión de árboles de ramas de raíces de personas
todas entrelazadas todas enmarañadas todas
en el instante en que
la voz de su mujer lo orienta y busca
en la chorreante luz del atardecer
los diminutos polvos orlando
su cabeza 
"The happiness is true"
e.e.cummings
1/10/95

 Miguel Gaya



Miguel Gaya. Poeta argentino (Ayacucho, Provincia de Buenos Aires, 1953). Integró en 1979 el Grupo Onofrio de Poesía Descarnada junto con Javier Cófreces y Jonio González. Miembro del Comité Editorial de la revista de poesía La Danza del Ratón, desde su creación por los nombrados en 1981 hasta su transformación en Ediciones en Danza en 2001. Publicó en España su primera novela, Contemplar ese animal sangriento, en 2008. Dicha obra resultó finalista del Premio Biblioteca Nacional 2007, con un jurado integrado por David Viñas, Luis Gusmán y Martín Kohan. En 2012 publicó la novela Una pequeña conspiración (Del Nuevo Extremo). Sus poemas han aparecido en varias antologías y reseñas, entre ellas Antología Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (Editorial Universidad de Buenos Aires, Bs. As. 1985), Poesía durante la dictadura (Ed. Calle Abajo,1989),  Una antología de la poesía argentina (1970-2008) (selección, prólogo y notas de Jorge Fondebrider, Ediciones LOM, Chile, 2008) y 200 años de poesía argentina (selección y prólogo de Jorge Moteleone, Alfaguara, 2010). En junio de 2007 Ediciones en Danza reeditó Grupo Onofrio de Poesía Descarnada (1º edición, Crisol, 1979), selección de poemas escritos entre 1976 y 1978, junto a Jonio González y Javier Cófreces. Ha publicado poemas y notas en Clarín, Página 12, Diario de Poesía y otros medios del país y el extranjero.  Ha publicado los siguientes libros de poesía: La vida secreta de los escarabajos de la playa (Ediciones de la Claraboya, Bs. As. 1982), Levanta contra el viento la cabeza oscura (Ediciones de la Claraboya, Bs. As. 1983), Colección Robin Hood (Editorial Acme Agency, Bs. As. 1994), Siluetas en la corriente del río (Ediciones del Cronopio Azul, Bs. As. 2000), Los poetas Salvajes (Ediciones en Danza, 2003), Lo efímero y otros poemas inestables (Ediciones En Danza, 2009) y Mediterráneo (edición del autor 2011); El alma  otros lugares (ed. en danza) y otros textos  como: Quién habla en el poema y Cabeza de artista, entre otros.

(Biografía parcial, tomada del sitio Ediciones en Danza)



viernes, 8 de febrero de 2013

Lo efímero y otros poemas inestables






















LA FLOR


La municipalidad le paga un sueldo a un hombre concienzudo
para que con un adminículo adosado a la espalda
mantenga limpios con un chorro de aire los caminos del parque.
Mi perra y yo lo observamos con suma atención
cuando levanta con estruendo flores lilas en la mañana de
noviembre
suspendidas contra el cielo
como catedrales efímeras
más altas que su gorra.
Sorprendidos todos
por el privilegio que el hombre tiene
de crear belleza.





EL RUIDO

No tengo nada que decir
O sea que perdonen
por interrumpir, pero
tal vez quisiera eso sí que continuara
esto que es apenas algo más que
silencio
un susurro
insistente monocorde mientras
sus voces restallan
con altura.
No es que fuera a decir algo
digo
apenas este murmullo
pero
insisto
es empecinado
y se mantiene al ras
entre los muebles de las habitaciones de los hombres
en sus lechos
y mesas
y en los huecos húmedos
que se arman y desarman
entre los cuerpos amantes.
Nada en que reparar
digo
mientras
los ruidos de ustedes
aturden.




LO SEPARADO

La ventana por donde 
la luz de la tarde cae 
tiembla a veces 
como
         si no creyera 
en lo que ella 
es 
    o
       mejor aún 
lo que ella
            es
cuando refleja 
algo ajeno

o tal vez 
     sea
ese temblor 
lo
    que se aleja
o
mejor aún 
el resultado 
del lento
         tenue
desvanecimiento 
de un rostro 
reflejado 
como en un 
pozo 
de luz 
húmeda. 
Así es.




LA TIBIEZA

Te ruego que te acerques
Que llegues descalza
Desnuda como la planta de los pies
Por la madera del piso
Hasta mí






EL PARQUE


Detestamos a los viejos poetas que se citan,
que declaman versos de juventud
como obstinados payasos de la pasión.
Nos reímos de ellos, y no puedo evitar pedirte que lo recuerdes
ahora
en que con voz engolada digo
"Como el hombre aquel que leía
en un libro ciego del Parque Lezama..."
esos versos que escribí para ti.
¿Cuántas veces desde entonces hemos caminado,
las manos juntas o en los bolsillos,
bajo los árboles o, permíteme decirlo,
en "las barrancas que el río tocó una vez"?
¿Qué de la pasión,
qué de los besos por apurar
ahora que tu paso tranquilo se detiene ante las chucherías
de los artesanos, y yo sigo,
en la estela de tu pelo, revolviendo los bolsillos,
sin encontrar
tiempo perdido alguno,
añejas melancolías?
Los viejos poetas ensayan versos carrasposos
y nuestro paso es lento y convengamos
nuestra vista tampoco es la de entonces.
No sé qué se hace con los amores de antaño,
dónde encogen sus pretensiones de absoluto.
No sé cómo vive aún
el amor en nosotros.
Desentendidos de todo, sin que nadie sepa
los versos que te escribí,
una pareja avanza
entre los árboles del Parque
hacia el río tal vez.




(De: Lo efímero y otros
poemas inestables,
Ediciones en danza, 
2009)

Miguel Gaya (Argentina, Buenos Aires, Ayacucho, 1953)



IMAGEN: Parque Lezama -Buenos Aires.




miércoles, 3 de octubre de 2012

La belleza




















No he comprendido tu belleza ante mí.
No la he celebrado lo suficiente, ni agradecido
en el pasado.
Pero tampoco he sabido apreciarla
en su esplendor
ahora.
Tantos dones a los que creemos tener derecho.
Tantas mañanas o momentos en que tu presencia me llena
de gozo
y por las que antes, por imaginarlas tan sólo
daba gracias.
Pero, digo, 
tal vez hasta pueda disculparme de esto.
No somos
sabios, no,
sólo por amar.
Somos avaros.
Y bebemos con ansiedad
de los dones recibidos
para apurar una copa
que no sabemos si otro ha de llenar
algún día.
Y sin embargo.
Nada puede opacar tu belleza ante mí.
Ni el tiempo
ni
el olvido
ni
la corrosión del tiempo y del olvido
sobre la carne amada.
Nada de cuanto temes, y te hace
frágil e inestable,
ha conseguido doblegarte.
Nada de esto, con ser dolor, es nada
frente a ti
y ante ti
me detengo
y te celebro.
(De: Lo efímero y otros
poemas inestables,
Ediciones en danza, 
2009)
Miguel Gaya (Argentina, Buenos Aires, Ayacucho, 1953)




IMAGEN: La actriz italiana Monica Bellucci.