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jueves, 11 de junio de 2015

ESPAÑA




El  frío  se  largó. Con  el  frío  se  fue  el  siglo XX. Ahora  reina  el fuego. El calor en España es muy salvaje. La gente quiere tomar el sol, beber cerveza helada, mirar el mar. Como casi todo se ha muerto, sólo nos queda lo que siempre estuvo allí desde el principio: el cuerpo. Nos dedicamos a darle placer al cuerpo. Somos helénicos, griegos, mediterráneos. Platón ha vuelto. Queremos el lujo, casas frente al mar, ocio,  largos viajes por el mundo, el conocimiento, la gravedad, la posesión, el escrutinio. No queremos un coche barato, queremos un Mercedes 600, ¿te enteras ya? No queremos acudir en cola rusa a piscinas municipales, queremos el lago de Garda a nuestros pies. No queremos un apartamento de 40 metros en Salou, queremos una villa en el Adriático. Lo demás no puede importarnos. Por eso nos hemos hecho absolutamente modernos. Sólo los antiguos aún hablan de la pobreza, del sacrifcio, del trabajo, del fútbol, de la redención, de madrugar todos los días, de ir a votar para que alguien haga posible el gran milagro de que puedas seguir madrugando todos los días. Hemos progresado filosóficamente. Hasta  los vascos nos  son  indiferentes. Del Rey nos importa saber quién le cuida las enormes rosas abiertas para pocos del palacio de Marivent. Sólo  la riqueza extrema y el ocio metafísico hacen  interesante  este mundo. Disfruta  este  enorme paraíso, este mar, este calor español. Lo queremos todo. Estamos preparados para la felicidad.


Manuel Vilas




Manuel Vilas (Barbastro, España, 1962). Narrador y poeta español. Escribe habitualmente en prensa (Abc, Heraldo de Aragón y El Mundo) y en revistas de literatura. Entre sus  libros de poesía destacan El cielo (DVD Ediciones, 2000), Resurrección (XV Premio Jaime Gil de Biedma, Visor, 2005) y Calor (VI Premio Fray Luis de León, Visor, 2008). Su poesía completa se publicó en 2010 (Visor) con el título de Amor. Es autor del libro de relatos Zeta  DVD Ediciones, 2002) y de las novelas Magia (DVD Ediciones, 2004), España (DVD Ediciones, 2008) y Aire Nuestro (Alfaguara, 2009). Su última novela se titula El luminoso regalo; Alfaguara, 2013). 




martes, 9 de junio de 2015

EZRA POUND


Ya sabes que Ezra Pound fue declarado loco y traidor a su patria, los Estados Unidos. Loco y traidor, dos títulos de vieja y noble  leyenda en un mundo que ya no quiere leyendas; loco de tantas voces como llevaba dentro: las voces de los emperadores chinos, las voces del Cid y los suyos, la voz de Adams, la voz del hipocondríaco fascista Marinetti, la voz de Casanova llamándole desde su casa con vistas al Gran Canal. 
Gran codicia de todas las bellezas, de la sangre nublada del verano. 
Era verano, en Venecia, subí al vaporetto y me fui a la isla-cementerio de San Michel, la brisa en la cara, como un pañuelo de Dios. Italianos muertos con sus delirantes fotografías, las fechas, las tumbas, el recuerdo, las flores, gente muerta en la nada detenida y por la nada sostenida y yo lloré; un espectáculo celestial, eso es San Michel, sol sobre la muerte, sol de barro sobre el barro donde vive la muerte. 
Y allí busqué la tumba de Ezra Pound. Largos paseos por aquel cementerio en una mañana de fuego. 
Y me costó encontrar su tumba. 
La tumba de un hombre en una mañana en que otro hombre, sin ningún cometido, le busca para decirle algo. Me ayudé del consejo de los empleados del cementerio y tras un largo y errático paseo me encontré con una lápida de suelo muy parca en explicaciones. Sólo estaba el nombre y nada más: Ezra Pound. 
Acerqué mis labios a la tumba de Ezra Pound y le dije 

Ezra: La poesía ha muerto. Y la vida también. Y yo me largo,  
dejo esta mierda. 
Subí al vaporetto y me fui a la Fondamenta Nuove 
y en una terraza del Campo di S.S. Giovanni e Paolo, 
rodeado de turistas codiciosos de la luz adriática, 
me comí unos espagueti con gambas, calamar, pulpo y almejas, 
con mucho vino blanco, frío, bañado en una cubitera con hielo  
  grande,
mientras mi rostro se doraba bajo el maduro sol del cielo.



Manuel Vilas (Barbastro, España, 1962)