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jueves, 11 de julio de 2024

CIUDAD


Vivo en medio de una ciudad amordazada.
Me cubren edificios que arruinan el sol
con sus lustrosas ventanas de clausura.
Me encadenan calles sin retorno ni partida,
carros que no terminan de pasar.
Una gran avenida que exhala su vaho,
farolas esparciendo partículas de duda.
Un mar de agobio me rodea.
El funesto cortejo de oficinistas,
la ofensa de los bancos y su fila de quejosos.
Torres-grúas como dinosaurios equivocados,
la lluvia metálica sobre paraguas de papel,
porteros de ojos tristes que sonríen
mientras tragan un bocado de malas noticias.
Pasan los mandamases cautivos de sus escoltas,
dejan la estela turbia de su reputación.
Estoy en el ojo del huracán
que bulle del miedo al odio y a la fiesta.
Recluida entre cinco paredes,
calco la imagen del colibrí que se siente libre
volando por las calles de una ciudad amordazada.

(de la Revista Prometeo 119-120,
Festival Internacional de Medellín,
2023)


Luz Helena Cordero




Luz Helena Cordero nació en Bucaramanga, Colombia,en 1961. 
Libros publicados: Todavía nos queda la insolencia
(cuentos). Bucaramanga: Ediciones Corazón de Mango, 2022; Unas
cuantas tiernas imprecisiones (crónica). Bogotá: Escarabajo Editorial,
2022; Pliegos de cordel (poesía, ensayo y crónica). Bogotá: Domingo
atrasado, 2019; Eco de las sombras (poesía). Bogotá: Editorial Exilio,
2019 y Uniediciones, 2018; Postal de la memoria (antología personal).
Ibagué: Caza de Libros, 2010; Por arte de palabras (poesía). Bogotá:
Universidad Externado de Colombia, 2009; Cielo ausente (poesía).
Bogotá: Ediciones Sociedad de la Imaginación, 2001; El puente está
quebrado (relatos). Bogotá: Editorial Magisterio, 1998; Canción para
matar el miedo (cuentos). Bogotá: Editorial Magisterio, 1997; Óyeme
con los ojos (poesía). Ciudad de México: Verdehalago, 1996 y Bogotá:
Editorial Trilce, 1996. Sus poemas han sido incluidos en diversas
antologías y traducidos al inglés, portugués, italiano y chino. 












 

martes, 2 de julio de 2024

DÍA ORDINARIO


Escuchábamos cómo se levantaban las olas saciadas de sí 
esa noche.
Desde la ventana
el viento viciaba el paisaje
y arremetía contra los cables y las uvas de la playa
despojándonos de toda luz.
Todo era pegajoso y negro y flotaban las cosas de la casa
tocábamos la mesa, la jarra, los cubiertos
para saber que seguíamos allí
indeciblemente solos
y a la espera.
Afuera
vaporoso como un fantasma
el viento arrancaba una a una las trinitarias del jardín
curtiendo de rojo el médano entre el miedoso ajetreo de los perros
y el polvo amarillento que esparcirían los gallos al amanecer.
Porque regresaría el paisaje.
Las niñas de la vecindad madurarían sus risas con sus muñecas al
sol
la anciana de la esquina espantaría las moscas del fogón
la ropa estaría tendida contra el mar
el ebrio hablaría a solas en el sendero sin nadie
el perro apaleado con sus ojos punzantes atravesaría el portón
entre una pausa y otra la voz del expendedor.
Y después
mucho después
la caída de la tarde
el bramido del color.
La abrasadora necesidad de la indulgencia.
El sendero nuestro sin otro horizonte que lo invisible del mar.

(De la revista Prometeo Nros.119-120,
julio de 2023)

Tallulah Flores


Tallulah Flores nació en Barranquilla, Colombia, en 1957. Ha dedicado gran parte de su vida a la docencia como profesora de Literatura y catedrática de semiología del cine, redacción y argumentación. Sus poemas han sido incluidos en antologías en China, Rumania, Francia, Portugal, Argentina y Colombia. Sus textos han sido 
traducidos al inglés, portugués, francés, rumano y chino. Ha publicado: El revés de la caída y otros poemas (poesía reunida); Poesía para armar
Cinematográfica;Voces del tiempo, y Nombrar las voces.


 

sábado, 23 de septiembre de 2023

LOS ELEMENTOS DEL DESASTRE (1953)


“204”

I
               Escucha Escucha Escucha

la voz de los hoteles,
de los cuartos aún sin arreglar,
los diálogos en los oscuros pasillos que adorna una
      raída alfombra escarlata,
por donde se apresuran los sirvientes que salen al
      amanecer como espantados murciélagos

               Escucha Escucha Escucha

los murmullos en la escalera; las voces que vienen 
     de la cocina, donde se fragua un agrio olor a comida 
     que muy pronto estará en todas partes, el ronroneo 
     de los ascensores

             Escucha Escucha Escucha

a la hermosa inquilina del “204” que despereza sus 
miembros y se queja y extiende su viuda desnudez 
sobre la cama. De su cuerpo sale un vaho tibio de 
campo recién llovido.

¡Ay qué tránsito el de sus noches tremolantes
      como las banderas en los estadios!

             Escucha Escucha Escucha
el agua que gotea en los lavatorios, en las gradas que 
    invade un resbaloso y maloliente verdín. Nada hay 
    sino una sombra, una tibia y espesa sombra que 
todo lo cubre.
Sobre esas losas —cuando el mediodía siembre de 
    monedas el mugriento piso— su cuerpo inmenso y 
    blanco sabrá moverse, dócil para las lides del tálamo 
    y conocedor de los más variados caminos. 
El agua lavará la impureza y renovará las fuentes 
del deseo.
Escucha Escucha Escucha
la incansable viajera abre las ventanas y aspira el aire 
      que viene de la calle. Un desocupado la silba desde 
      la acera del frente y ella estremece sus flancos 
en respuesta al incógnito llamado.



II

De la ortiga al granizo
del granizo al terciopelo
del terciopelo a los orinales
de los orinales al río
del río a las amargas algas
de las algas amargas a la ortiga
de la ortiga al granizo
del granizo al terciopelo
del terciopelo al hotel

Escucha Escucha Escucha

la oración matinal de la inquilina
su grito que recorre los pasillos
y despierta despavoridos a los durmientes,
el grito del “204”:
¡Señor, Señor, por qué me has abandonado!

(del libro POEMAS, Selección y notas del autor,
UNAM, México 2008)



Álvaro Mutis (Bogotá, Colombia, 1923; Ciudad de México, 2013)


Pueden LEER la biografía en entrada anterior del autor (N.del A.)


 

jueves, 8 de diciembre de 2022

SANSETTI (2018)

 


VERBO

Cada cosa del mundo comenzó en unos labios,
No es el amanecer el revés del crepúsculo,
Ni los tigres del agua son los tigres del fuego 
Ni bastan seda y sangre para tejer la rosa.

Qué tintas y metales el taller de los nombres,
Con cada hoguera a punto de volar y ser pájaro, 
Hay peldaños y hay hierbas que esperan su profeta 
Pero quizás la luna se cansó de su música.

Silban, tiñen, aroman, pero la luz se quiebra 
Y más allá hay silencios sobre ramas de cuarzo, 
Cada nombre se duele del cielo que ha perdido, 
Las palabras voraces persiguen las palabras.



VIDA

Sangre, lo que fue hecho para no ser visible,
Las músicas oscuras de la savia que asciende,
Los laberintos previos que intentan ser la rosa,
El futuro implacable aún disperso en sus causas.

El tiempo y sus innúmeros mecanismos de arena,
Los cansados planetas mendigando en los sueños, 
Cuando en trenes mojados las ciudades se ausentan, 
Todo lo que se abisma cuando Dios parpadea.

En el cristal las lágrimas que agrandan los suburbios, 
Que entre tantas miríadas sólo un dolor exista,
El anciano en las ráfagas de los otoños muertos,
La mañana guardada bajo guerras y escombros.



ELLA

Alguien guardò en sus cántaros la belleza que pierdes,
Con ella alumbra túneles en noches de tormenta, 
Presta tus viejas sílabas al eco en las terrazas, 
Peleará por tus ojos al final con la muerte.

Tú no hagas caso, mira las piedras como incendios, 
Pon las tres lunas rotas al pie de las murallas, 
Enumera los huesos del ala del murciélago,
Oye la honda cigarra de los bosques solares.

Un rubí fue bastante para desviar el río,
Una hoja de tilo desamparó una espalda,
La ciudad de altas torres se perdió por un beso 
Pero al fin nadie supo de quién fueron los labios.


TATUAJE

Usa la voz de un río para medir la noche 
Mientras los soles cambian de color en la hondura, 
Un día verás lo que hubo antes de lo visible,
Los rostros que se forman uniendo las estrellas.

Y esa tarde, ese crimen, ese avión, esas ráfagas, 
Todo tendrá un preciso lugar en el relato,
Verás volver tu infancia desde un planeta en llamas, 
Verás el beso incauto que se alargó en herida.

Cada calle empinándose desde su propia sombra, 
Barcos que en su desvelo retienen las bahías,
Y esos brazos tatuados que fueron tu refugio 
Cuando caían los mundos y temblaba el futuro.



(De: "Poesía completa",
Ed. Lumen, 2022)

William Ospina



William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954), poeta, novelista y 
ensayista es considerado uno de los escritores más destacados de las 
útlimas generaciones y sus obras son mapas eruditos de sus amores 
literarios, acompañados de declaraciones ideológicas sobre la Historia y 
el mundo moderno. Autor de numerosos libros de poesía, entre ellos  "Hilo 
de arena" (1986), "La luna del dragón"(1992) y "El país del viento" 
(Premio Nacional de poesía del Instituto Colombiano de cultura, 1992, y de 
ensayo, como"Los nuevos centros de la esfera" (Premio Ezequiel Martínez 
Estrada de Casa de las Américas, La Habana (2003), "Es tarde para el 
hombre (1992), "¿Dónde está la franja amarilla? (1996), entre otros. Entre 
sus títulos más recientes destacan: "El año del verano que nunca llegó" 
(2015),"La lámpara maravillosa"" (2015) y "Guayacanal" (2020). 

(Biografía parcial tomada de la solapa de la edición de Lumen). Nota del 
administrador.   


martes, 6 de diciembre de 2022

LA MUCHACHA DE LA FOTOGRAFÍA

 



Lo que me inquieta
es que esa frágil criatura disuelta por los años 
siga siendo belleza para el mundo.
Las pocas veces que la vi sentí asombro.
Quise saber qué centro indefinible,
qué invisible alfarero va ordenando en belleza
la substancia terrestre;
por qué designio sus cabellos copiaban
el oro evanescente de los atardeceres,
bajo qué ritmo suavemente sus párpados
hablaban de la luz y del sueño,
de qué manera tan perfecta y terrible
su piel suave y sus gestos
ocultaban su red de misterios y entrañas,
la animal persistencia del corazón en la sombra,
la sangre ciega por las negras arterias.
Nadie, viendo los giros de su danza,
quiere pensar en esa fronda interna
de calcio y linfa y púrpuras fractales,
ni en cómo se destilan el sudor y las lágrimas,
ni en cómo avanza el aire a ordenarse en canciones
por la red de los bronquios.
Ni en las internas flores de su sexo,
ni en los cimbreantes nudos de bambú de las vértebras
por la espalda adorable,
ni el paladar estriado y rosa y dulce
tras el milagro de la risa.
Lo bello es sólo la expresiva apariencia 
y lo más misterioso es lo visible.
Viéndola, yo sentía que el amor es hermano 
de la fe, y el saber hermano de la duda.
Por eso no entendí las sombras de su alma.
Pensábamos que la belleza era la irradiación de la dicha, 
pero la indescifrable muchacha sufría.
Que el esplendor que dura en sus retratos
era expresión de un orden.
Pero era un estallido de la sombra el relámpago. 
También irradia su fulgor la desdicha.
Todo oculta sus causas, 
y donde el hombre ve en la carne fértil 
la tácita promesa de vida inagotable, 
también hila la muerte otras promesas.

Mira esta imagen.
Libre ya de su abismo,
mírala aquí deslumbrante y perfecta.
Mira la risa mágica que acaso
no era en el alma risa sino desvelo y súplica.
Mira el hermoso cuerpo que incesante aún irradia 
su tentación, como una flor perfume.

Pulió la muerte su labor más perfecta,
disgregó lo adorable,
pero dejó esta rosa a la memoria.
Y aquí la joven danza ya más bella en su ausencia, 
con rostro indestructible.
Nada en su risa de la activa tiniebla, 
nada en su forma de la impura angustia, 
nada en su carne mortal de la muerte.

Como si fuera el sufrimiento un pretexto 
para que dure la belleza, 
para que sigan los hermosos labios 
riendo de su tormento.

(De: "Poesía completa",
Ed. Lumen, 2022)

William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954)



IMAGEN: La actriz francesa Emmanuele Béart.


domingo, 4 de diciembre de 2022

¿CON QUIÉN HABLA VIRGINIA CAMINANDO HACIA EL AGUA? (1995)

 


NIETZSCHE

Está muriendo un Dios en el centro de un ópalo del color del crepúsculo. 

Está muriendo una hoja de hierba en el pecho de Cristo.
Está muriendo una rosa en el aire estancado de la catedral de Maguncia, 

traspasada en el aire por una quemante aguja de sol.

Está muriendo una llanura donde retozan embriagados leopardos.
Está muriendo un ángel sobre un glaciar blanquísimo.
Está muriendo un barco lleno de ancianos en una colina del cielo, 
en un aire cargado de delfines livianos y azules.

Está muriendo una cúpula bajo el asedio de las mariposas.
Está muriendo un lupanar lujoso y sonoro de besos enfermos.
Está muriendo mi corazón bajo los crueles halcones del olvido de Lou. 
Me estoy borrando en sus pupilas bellas y esperanzadas como comienzos.

Está muriendo un pájaro en un bosque de nubes.
Está muriendo una luna glacial bajo mis sábanas de seda.
Algo muy bello está borrándose por las bahías de mi infancia.
Algo muy triste calla en sus violines.




MÁS ALLÁ DE LA AURORA Y DEL GANGES


Buda le dijo al elefante:
eres la montaña que se ha puesto en camino.

Buda le dijo al rio:
eres el sendero de cantos que inventaron los dioses 
para que las cumbres blancas conozcan los abismos azules

Buda le dijo a la Luna:
el que te vea desde el amor se sentira mas amado, 
el que te vea en soledad se sentirá más solo.


(De: "Poesía completa",
Ed. Lumen, 2022)

William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954)



IMAGEN:  Nietzsche hacia 1875 por Friedrich Harttann.


viernes, 2 de diciembre de 2022

EL PAÍS DEL VIENTO (1992)

LO QUE DICE UNA MUJER VIEJA 
EN UN PUERTO DEL PACÍFICO

Este rostro fue bello, pero la belleza no es más que el resplandor de lo 
nuevo o lo eterno,
y aquí de las antorchas extinguidas mi carne es la ceniza.
¿De qué nos sirve lo que puede perderse?
Estas manos morenas empuñaron la espada. No ría usted, yo fui    guerrera,
yo entré en la batalla y arriesgué mi cuerpo en sus vórtices de humo    y 
de hierro,
y acaté la voz de mi hombre como un soldado más de sus tropas,
pero en la noche de la victoria fue mío su lecho,
para mi dócil desnudez su desnudez invasora,
para mi oído atento el misterioso rumor de sus labios.

Todo ocurrió hace mucho, tantos han muerto ya, 
tanta ceniza se va vertiendo en el suelo insaciable.
Pues la vida consiste en ver cómo se quiebran las espigas,
las altas y asombrosas vidas maduras que deben volver a lo informe,
en ver cómo se vuelven uno tras otro a la tierra los orgullosos corazones
que hicieron temblar al destino, que fueron la risa y la música,
la lealtad, la vanidad, la verdad, la perfidia,
los antiguos juegos humanos;
en ver cómo se borra lo increíble sobre los flancos de la montaña,
cómo se desvanecen en el cielo las nubes magníficas,
hasta que llega nuestro turno,
donde morían las letras la muerte de la página,
donde morían los peces la muerte tumultuosa del mar,
donde morían los colores la incomprensible muerte de las pupilas.

Estoy vieja, lo ve usted, y no sé a dónde fue mi belleza, 
a dónde fue mi esplendor, a dónde fue mi victoria, 
la plenitud que toqué con mis manos, la maravilla que besé con mis 
      labios.

Recosté mi cabeza en el pecho de aquel que gobernó las tormentas,
respiré la saludable envidia de las repúblicas,
moví al odio y al amor y a la veneración a miles de seres.
Nadie ha dejado ofrendas más preciosas en las fauces del tiempo.
En este puerto miserable, en un cuarto cualquiera, 
viviendo de un humilde comercio, 
en esta ranchería bajo cielos de amarillas tormentas, 
llena de selva el alma ya, llena de mares viejos, 
oyendo el partir de los lentos barcos decrépitos, 
yo trato de vivir, yo trato de espantar mis recuerdos 
como si fueran pájaros malignos;
en la luz de azafrán de las tardes bato en vano mis brazos 
espantando aquellos años de oro,
la embriaguez de las crueles batallas, la hora de las capitulaciones, la 
entrada bajo lluvias de flores en las ciudades libres, 
los orgullosos desfiles, las damas mudas en los bellos balcones, 
y yo entre todos los soldados, digna y radiante, 
la mujer del guerrero.

Pero lo que no pudo la batalla lo pueden los minutos inexorables, 
que ablandan la carne y fatigan los ojos y afantasman los finos cabellos y 
aquietan el corazón bajo los cielos invadidos.

Como las balas en el pecho del Mariscal, la enfermedad en su pecho, mi 
hermoso General dijo adiós a sus vastas repúblicas 
y sobre su ceniza recién enmudecida se alzaron las guerras facciosas, 
y todo se dio al cambio, al examen del fuego.

Yo, que lo tuve todo, sé que es de humo el mundo, 
reales de oro, trajes de seda, el poder, la victoria, 
nada resiste al soplo del viento sutil e implacable.

Nadie me reconoce, y ya no quiero que me reconozcan.
Soy una mujer más, una anciana que vende pescado en la plaza, 
no aquella reina en los salones radiantes, centro de un círculo de reyes   
   de espadas.

Nadie podría reconocerme sino uno.
Ese que llega cuando estoy sola al atardecer, en el balcón ruinoso mirando 
al mar que se apaga en torbellinos de amaranto y de sangre, ese que me 
susurra al oído «Manuela» y hace correr la sangre otra vez     joven por 
mis venas,
y que al volverme es vasto como el atardecer porque está junto a mí y me 
sacia de orgullo,
ese que intento rechazar con mis manos rugosas y viejas 
porque es un joven aún, elegante y travieso, 
ese que trata a una vieja pescadera como si fuera una reina, 
vestido de soldado en estos tiempos muertos,
ese que viene a decirme que sólo es nuestro lo que no podemos perder, 
lo que impregnó de orgullo cada fibra, 
un alto sueño de un día altivamente llevado y vivido, 
altivamente sostenido contra la tempestad, contra el mundo, 
y escrito con amor en cada piedra para que las noches en torrente     lo 
borren
y el día desnudo lo vuelva a escribir cuando una mano aparta las hierbas   
  fragantes.

Usted no creerá que un guerrero llega al crepúsculo
a esta cabaña olvidada en este puerto en ruinas,
al pie de un mar hirviente de calor y mosquitos,
pero debe saber que aunque los vivos sí,
los muertos nunca olvidan,
los muertos son antiguos como el aire y perduran,
soplan sobre los rostros evanescentes de los vivos con salvajes perfumes
y hacen pasar un alto pregón que habla del honor y la pasión y el orgullo
sobre los largos muelles abandonados.

(De: "Poesía completa",
Ed. Lumen, 2022)
William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954)




IMAGEN: Anciana (De archivo).

 


 














miércoles, 30 de noviembre de 2022

LA LUNA DEL DRAGÓN (1991)


CASAS


Las casas donde he vivido hacen viajes de noche,
vienen en silenciosas bandadas desde abandonadas ciudades,
desde pueblos que asedian carboneros,
y siempre me encuentran en un sitio de la oscuridad,
ante una lámpara me encuentran, o en un lecho solitario,
y vuelan a mi alrededor como cosas de bruma,
muros y puertas que ya son pensamiento y nostalgia.
¡En cuántas he vivido desde los grandes días de mi infancia! 
Quiero esquivarlas porque traen, como viejos papeles, 
el testimonio de otros que fui,
de muertes que esquivé, de insomnes radios arruinando las tardes, 
de amores que fingieron ser el único amor, el verdadero, 
y que después huyeron como los caudalosos años en que ardían.
La substancia de mi ser parece cambiar como ellas, 
y pienso en tantos seres que recorrieron siempre 
una misma región de pasillos y salones y puertas 
y crecieron tal vez con un alma más firme.
Es más definitiva toda pérdida
cuando la edad del perdedor quedó también dispersa, 
tras esas puertas que no abriremos nuevamente, 
tras esos muros que después cayeron, 
en sitios donde hubo casas espaciosas y frescas 
y ahora hay duras torres orgullosas
o sólo un campo que recorren sin prisa vientos que olvidan.
Porque así sé que sólo lo que se queda en la memoria perdura, 
que ninguna lealtad me reclama en esas habitaciones lejanas.
Así he entendido que no hay morada
sino la que proyecta el corazón sobre un espacio cambiante, 
ni techo más fiel que ese de blancas nubes y estrellas, 
ni otro suelo que aquel de rumorosa hierba que aguarda.




LA JOVEN FLOR PLATÓNICA

Disgregada en las rosas del sueño y del olvido, 
con espinas de acero que enrojeció la historia, 
replegada en las íntimas rosas de la memoria, 
la rosa es una rosa para cada sentido.
Leve esfera de pétalos que en frágil fuego asoma, 
luz que una mano copia con su matiz exacto, 
fresca rosa de seda que fluye bajo el tacto, 
densa rosa de almíbar, tenue rosa de aroma.
En cada puerta el ángel de un deleíte distinto, 
imaginario alcázar, cristal y laberinto, 
melodiosa en los labios y en las letras cautiva.
Esfera multiforme, llama de amor violenta, 
ayúdame a ser Uno, bajo este sol que inventa 
una rosa de sombra junto a la rosa viva.

(De: "Poesía completa",
Ed. Lumen, 2022)
William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954)




IMAGEN: Fotografía de Olga López  de Larrinzar -Puerta entrabierta


 
 

lunes, 28 de noviembre de 2022

POEMAS TEMPRANOS



A BROKEN BUNDLE OF MIRRORS


Cada mañana nuevamente pido, 
lejos de esas colinas y esa tarde, 
que haya un espejo eterno que nos guarde 
después de la ceniza y del olvido.
Y busco nuevamente cada día, 
huyendo del rumor ajeno y triste, 
la música severa en que dijiste 
tu adiós que era promesa y que mentía.
Ya se borra aquel sueño, la promesa 
ya nos deshace en el jardín secreto.
No volverás, el ciclo está completo, 
hoy sé que aquí, otra vez, la vida empieza.
          Pero recaigo en esos cuartos, lejos, 
          y me rasgan las manos sus espejos.


(De: "Poesía completa",
Ed. Lumen, 2022)

William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954)



IMAGEN: Adelina Carrion- Espejos rotos



 

domingo, 9 de septiembre de 2018

EL BAR DE LA AVENIDA 33







































LA DESPEDIDA DE LOS LEJANOS

Intenté abandonarte veinte veces al día,
observando tu amanecer en la resaca,
en los timbres desconocidos
y en la estupidez de los sillones
que esperan y revuelcan.

Me provoqué
recogiéndote
chocando los vidrios de mis venas,
aislándote de ti y de mí
en un parque de memoria.

Este año será rápido
como las sortijas de un matrimonio espeso
y la lluvia de un sol indeciso:
sin evidencias que me motiven

Me dueles en el fondo de la garganta
donde el ruido es un sarcasmo
y la vida una sombra que espera

Te lloro cuando me esperas en la oscuridad
y no puedo verte.

Me hiero soñando tus manos en los bares,
tu gabán negro
y cabello desordenado

Pesan los restos de mis cuencas
y soy incapaz de llamarte.

Ya nos yace la despedida,
mis pulmones se han abierto
en este frío que quiere volarse con ellos,
pareciera una propagación atrevida
donde retumban sus alas de óxido.



EL SECRETO DE LOS AMANTES

Te escondí en un cuartito del closet,
asomé mis manos en tu cuerpo
para sentirte gemir
y ahogarte en mi boca.
Tu respiración se fue mezclando
como una mecha a punto de disolverse.
Tu risa de cautiverio me inquietó;
el tiempo y mis dedos se apresuraron
en hundirse en esa carne de sudores y caos.

Te reviví en el piso frío y quise retener
ese espacio ardiente de la memoria
donde cubrí tus ojos exaltados.
Quise que no acabaran tus sombras
ni tus cautos pasos del espacio que te redujeron
en la medida que te succionabas indecible adentro.

Te di pocas pistas para que no te movieras en un espejo de infinitos.
A escondidas nos duchamos el uno del otro,
imaginé tu cuerpo y te imaginé observando el mío
reinventándote inevitable
Te escondí ese día que no soporté alejarte
Te escondí tanto que no pude reconocer los saltos
de esa distancia que palpitaba fúnebre.



LA MESITA DEL CENTRO DEL BAR DE LA AVENIDA 33

La mesita de centro espera a media luz,
erguida y elegante en ansias
como si estuviera en medio de un lago extenso de cruces,
Inmaculada.

Espectadora de recuerdos,
de discursos atrapados,
acompañante de aves perdidas y danzantes,
amante de resucitados con sus nostálgicos protocolos,
desmayados por tanta acrobacia

La mesita de centro del bar de la avenida 33
purga los insomnios sin ponzoña,
remueve los ojos deshabitados en el rito
y cuando aumenta la noche detiene las despedidas
en su íntima música de hirvientes desvelos



LA CÁRCEL DE LAS HORAS

Podrían los desconocidos
mejorar el apetito de tu boca
recorrerme en ti
como hotel viejo y deshabitado

Aparecerme en la madrugada
y después del festín añorar tu refugio
Todos los sonidos se acercan
(no los de adentro)
revisan los rincones
e insectos que se pegan a las almohadas

Me despierto gritando por los abusos del miedo.
Arrullo mis letras de olvido
y apareces en los enjambres de la noche.
Siento que se ahorcan tus delgadeces,
las heridas de tus palabras me retumban en el cuello
y nada me rodea.



BREBAJES VIII

La destreza que te renueva
solo abarca un círculo de ojos alucinados,
un espacio reducido sin ventanales
y juegos adolescentes

Era de esperarse


BREBAJES XIV

Quiero besar la luna de tus cenizas
para que me vuelva el cuerpo perdido en tus labios.
El pasado se enciende en la difuminación del recuerdo
pronunciado...
suavemente



BREBAJES XXII

Perdí todo como una apuesta de dados,
nunca fui buena para eso
Siempre lo que abunda en pocas partículas
hace del corazón una tonada de fuego




(Del libro Homónimo, 
gentileza de la autora)

Sofía Rodríguez García






Sofía Rodríguez García, Bucaramanga (Colombia). Escritora, artista y editora. Ha sido coordinadora de espacios organizativos y de estudios políticos. Defensora de Derechos Humanos y de género; educadora popular; tallerista de literatura desde hace 22 años. Ex Detenida política. Su obra ha sido publicada en antologías, periódicos y revistas  de Rumania, Colombia, España, Argentina, México, Portugal, El Salvador, Chile e Italia. Autora del libro “Cada vez que cobija el fuego ”,  “El bar de la avenida 33”, “No permaneceré más de 40 horas contigo”Obra visual ,  edita actualmente un libro de cuentos ficción.   Realiza producciones de Poesía sin texto, “un licor del meu”: Ha participado en varios festivales en Argentina y en Colombia. Parte de su obra ha sido traducida en rumano, italiano, catalán y portugués.




lunes, 4 de enero de 2016

DÍAS DE AGONÍA













Llanto

Treinta años pidiendo que
no lloráramos tu muerte.

La primera vez en uno 
de esos almuerzos de domingo:
Carolina tenía diez años,
Daniel seis
y yo ocho…

Nos miramos,
un ácido quemó
mi estómago,
te pedimos que no hablaras
de esas cosas.

Mamá en silencio…
sus ojos perdidos
ocultaban su miedo.

Te gustaba traer el tema
cuando estábamos juntos.
Empezaste a sumarle al discurso
tu última voluntad:
lanzar tu cuerpo al mar
para volver a la naturaleza.  

Siempre que te escuchaba
regresaba la amargura,
el desencanto,
y el ácido volvía a quemar
la boca de mi estómago.

Un año nuevo en Manhattan
te oí decir que habías llevado una
vida larga,
yo tenía treinta y cinco…

Cada vez que lo decías volvía
el desasosiego 
para envolvernos
a mamá y a mí.

Entonces, ya respirabas
con dificultad,
te cansabas,
preferías no salir a caminar…

Hoy tengo treinta y ocho,
ella te susurra
y te veo resistir
conectado a una máquina
que respira por ti.

Lloro,
todos lloran,
tú nos miras en silencio.


Juego de niños


Papá,
ya no soy el niño,
soy el hombre que soñaste
que sería cuando era niño.

Ahora el niño eres tú,
y soy yo quien te cuida.

Te imagino
jugando a los carritos con tus hermanos
Omar y Nemesio.

Tienes un Buick en las manos,
Omar un Studebaker
y Nemesio un Ford modelo T.

José, 
tu padre,
debió soñar con el hombre 
que serías cuando fueras grande.

Él no te vio crecer,
ni tú lo viste ser de nuevo niño.

La vida te lo quitó
como el viento que tumba
las hojas de los árboles.

Cargaste su legado,
su amor por el Líbano,
su herencia de buen hombre
y anfitrión generoso.

Yo seré el siguiente
en ser niño,
aunque tú no tengas nietos
ni yo un hijo
que ruede un Mustang
de juguete entre sus manos.


La enfermera


Lo único bueno que tiene este cuarto
de hospital es Martica.

Entra con su uniforme
ceñido al cuerpo…

Sus ojos negros
entienden mi dolor…

Acomoda la cánula
en tus fosas nasales.

Detallo su piel oliva,
su cintura delgada,
la curvatura de sus nalgas…



(Del libro inédito: Días de agonía)



LUZ

I

La luz puesta en los ojos
es un espejismo que enceguece.

La luz puesta en los ojos
es oscuridad blanca…


II


La luz llega a la vida para irse…
La luz destruye ilusiones…


V

Todos quisimos tocar la luz,
y nos hemos convertido en sombras…


XI


La luz es un grito
en el silencio de la oscuridad.



OSCURIDAD


II


En la oscuridad los reflejos
adquieren forma de pasado,
el canto se vuelve mudo
y la bahía se hace grande…

En la oscuridad se dibujan
los hombres y mujeres que
se perdieron en el camino…

La inmensidad se hace grande
y los hombres
se pierden con las palabras en
sus bocas…


SILENCIO

I

El silencio es un arma poderosa,
un ruido blanco en el que los
pájaros
cantan su desesperanza,
la ausencia de la lengua,
un pálpito mudo
en el que se ahogan
las miradas.


IV

Tu silencio me hiela,
es el filo
de la montaña donde
solo aúlla el viento.


XIV


Este espíritu en el que te convertiste
me tapa la boca. 

Los dos huimos el uno del otro,
somos víctimas que decidieron
cruzarse como fantasmas,
luces que no se tocan,
gatos solitarios
que se lamen en silencio…




(Del libro inédito: Luz, oscuridad y silencio, 2013)




Eduardo Bechara






Eduardo Bechara Navratilova nació en la ciudad de Bogotá, Colombia, en 1972. Es hijo de padre de origen libanés y de madre checa.  Luego de trabajar durante tres (3) años como abogado, realizó un viaje de seis (6) meses por Europa Occidental, Europa del Este, México y Canadá, y volvió a Colombia a publicar la novela “La novia del torero”, 2002, Editorial La Serpiente Emplumada. Se graduó de literatura en la Universidad de los Andes, en 2005, y publicó su segunda novela “Unos duermen, otros no”, 2006, Editorial Escarabajo. En 2009 se graduó de una Maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Temple, Filadelfia, Estados Unidos, en donde después fue profesor, en 2009. “Poemas a una ciudad, un insecto y una mujer”, 2010, coedición entre Editorial Escarabajo y El Copista de Córdoba, Argentina, es su primer libro de poemas”, y “Mendigo por un día”, 2012, coedición entre Editorial Escarabajo y Ediciones del Boulevard, Córdoba, Argentina, es su primer libro de crónicas. Desde enero de 2013 se encuentra realizando un viaje continental por Sur América en desarrollo del proyecto “En busca de poetas”, con el objeto de descubrir poetas editados e inéditos, documentarlos y publicar un par de antologías de poesía suramericana en las que se haga una selección de los mejores poemas. Ver más del proyecto en: www.enbuscadepoetas.com. Eduardo es conferencista y colaborador de periódicos y revistas literarias.