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martes, 27 de junio de 2023

UN DON SENSACIONAL

(Algunos poemas)

PRIMAVERA


Todavía hay polvo en el aire. La semana pasada arrancó una demolición al lado del edificio. Un grupo de hombres trabajó dos semanas para borrar de la faz de la tierra eso que algún otro grupo, hace cien años, trabajó para levantar.



José armó una valija y se fue. Dos valijas, para ser precisa. Dos valijas y una mochila. Acto seguido, quité los restos de vida en común que encontré: una foto vieja, de un casamiento, en la que éramos más jóvenes y mi reserva ovárica considerablemente superior. Rompí la comanda que trajimos de un almuerzo en Valizas. Cerré la puerta de su escritorio. No pienso abrirla. No es por tristeza. Hay que extirpar y combatir.



Madrugada. Desvelo. El insomnio es un fenómeno primaveral.
Hoy, el cielo estaba lleno de nubes rosas. Y el jazmín paraguayo del patio del edificio, en flor, azul y blanco. El aire vibraba alrededor. Dan ganas de meter la cara ahí, de lleno. Salir otra.
Temor y temblor, fue el dictamen del I Ching. “Todo trepida, todo se estremece.” Un tren en una pista de hielo.



Abro la puerta del edificio. Una chica corre entre las plantas, hacia el fondo. Su cuerpo largo, diez años, el short, el pelo. Corre y a los costados se multiplican las hortensias, los jazmines y muchas más plantas sin nombre. Es un fantasma de ella misma hace un instante. Se queda un segundo en mi retina, la niña inmaterial.


VERANO


Entre al consultorio de la psicologa: “Tengo una crisis on los vínculos . Salí del consultorio de la psicóloga-Tengo una crisis con el lenguaje”.


Cada mudanza, un acto de fe.



Paseo en auto. Manejo sola por primera vez en una autopista. A medida que cambio de marcha, se incrementa la sensación de poder y libertad. Al final, el secreto de manejar era ese. Dominar una máquina, otra especie, un instrumento dócil, que trepida y se estremece.



En la hamaca, a mediodía, bajo la santa rita. Seducida por el brillo, siempre, el brillo.
Pienso en la melancolía. Bilis negra. Parece que hay quien dice que es motor de creación. Yo creo que es congelamiento. Una imagen que enamora solo porque se rompió.


Del sur viene una nube negra, avioletada. Parece pesar mil kilos. Se refleja en las ventanas, ahora color cielo tormenta. Del norte viene la luz solar, brillante, fuerte. El viento mueve las sábanas. El día vacila entre lo leve y lo ominoso.




Enero y la sensación de estar viviendo una vida equivocada. Aunque no recuerdo sentir alguna vez que vivía la correcta. El punto es que no existe, diría mi analista. Pero tanta literatura y tanto cine basura sobre la liberación y finalmente el “encontrarse a una misma”. Repito: el punto es que no existe.


Llevamos la novión de juventud todavía incrustada en el pecho.



OTOÑO

En los últimos diez años, las personas que crecieron conmigo no pararon de reproducirse y de escribir. Yo no hice ninguna. 


Poder vivir en la luz de esta casa justifica el aislamiento.


El cielo está metalizado y las hojas a punto de caer. Es un instante De Chirico, el mundo radiante se recorta contra la tormenta.
Dos hombres de pulôveres raídos caminan hacia el Oeste. Contra el cielo hinchado, las hojas se desprenden y flotan. Los hombres se encorvan y dirigen sus pasos hacia un núcleo de fuerza desconocida.



INVIERNO


Un chico de la cuadra aprende a andar en bicicleta. Va enfundado en una campera amarilla. Las hojas de los liquidámbares, de los fresnos, se arremolinan y vuelan. Hay olor a frío (leña, aceite y suero).


Perder materialidad. Ganar velocidad. Volverse un fantasma-


De: "Un don sensacional",
Caleta  Olivia,  2022

Eloísa Oliva



Eloísa Oliva (1978). Escritora y periodista. Nació en Buenos Aires, creció en Neuquén y ahora vive en Córdoba. 


PUEDEN leer más datos biográficos (y poemas) en entrada anterior de la autora (N.del A.)     




domingo, 27 de julio de 2014

el tiempo en ontario






















James

James Lawrence vive en Sault Saint Marie
su voz es afelpada y grave
y sueña con ser
el galán de la tarde.
Una mujer contesta el teléfono
pregunta cómo está el tiempo en Ontario.
Está ventoso, dice James, la nieve
ha comenzado a deshacerse
y se insinúa en el aire
la próxima primavera.
No hay
ruidos de fondo
en la llamada grabada,
sólo la voz de la mujer
pregunta cosas y espera.
Después del tiempo, los problemas
con otra compañía,
y luego los antiguos
viajes de la mujer a Ontario.
Ella pregunta por bares
desaparecidos hace tiempo,
el parque y algunos nombres
de calles que James
no conoce. Entre ellos
nace algo
parecido a la seducción.
James sabe
que sus jefes lo escuchan
e intenta
retomar el guión, pero ella
no se resigna y arriesga
un toque más personal
tenés dos nombres, dos apellidos
Disculpe?
tenés dos nombres, dos apellidos
los dos ríen
con una risa tonta
y se despiden.
El número se desvanece,
pero antes
de la próxima llamada, James imagina
un instante las rutas
que lo llevarían a Alberta,
las líneas de cobre
temblando en los postes,
mientras grandes pájaros oscuros
sobrevuelan los bosques de pinos.


Shawna

Shawna ofrece
internet de alta velocidad.
La atiende una mujer
que escucha con paciencia:
Este es un servicio que pueden disfrutar
usted y su marido. Shawna es amable,
tiene una voz dulce
y áspera, de edad
indefinida.
Parece cubrirte con una manta cada vez
que te habla.
¡Oh, querida!, dice la mujer
al teléfono,
tengo ochenta y cuatro años, mi marido se fue hace cinco,
estoy completamente sola, eso no me serviría.
Shawna vive en Winnnipeg y escucha
canciones de la Velvet Underground,
cuando era más joven
fue hermosa y también
heroinómana.
¡Oh señora!, dice estirando su manta sobre ella,
no quería molestarla, gracias por su tiempo.
¡Oh no, querida, no es un problema!,
yo les agradezco
por las cosas bonitas que siempre me ofrecen
contesta la mujer, desde la
frontera del mundo.
Su mano
casi que se deshace
mientras cuelga el teléfono y
se acomoda el peinado.


Kimberly

La última navidad
Kimberly se compró
una Harley Davidson
de gran cilindrada. " 120 caballos
de potencia, una máquina
de verdad", se dijo
al lustrar el fuerte, cromado cuerpo
de su moto nueva.
De lunes a viernes la deja descansar
mientras entrena
nuevos equipos de venta. Dedicada
como una gran madre
muestra los trucos
para una buena llamada.
Le gusta escuchar las historias
de sus trainees. Pregunta,
siempre pregunta. Como buena madre,
Kimberly pregunta
pero no cuenta.
Un día está enferma, se la escucha
tan débil, su voz
no encaja en su torso
de cantante de ópera.
Entonces a ellos
les toca escuchar:
Cada sábado, subida a mi Harley
recorro el asfalto de la interestatal.
Me gusta recibir
el viento en la cara
olvidarme de todo y
acelerar, mientras la ruta
se deshace, metro a metro, bajo las ruedas.


Eloísa Oliva


Eloísa Oliva. Poeta argentina. Nació en 1978, en Buenos Aires, vivió gran parte de su niñez y adolescencia en Neuquén y actualmente vive en Córdoba. Estudió comunicación social y cine. Participó en la antología de poesía cordobesa Espuma de rabia (La Creciente, 2004). Publicó: Humus (La Creciente, 2005); 1027 (Nudista, 2010) y el tiempo en Ontario, Nudista, 2012. Las revistas Alguien llama, El banquete y Diario de Poesía incluyeron una selección de sus poemas. Asistió a talleres de poesía con Luciano Lamberti, Federico Falco, Claudia Prado y Fabián Casas, participó de la Clínica de Narrativa del Centro Cultural Ricardo Rojas dictada por Inés Garland y fue residente en RUSA (Residencia Un Solo Artista), Rosario, residencia organizada por la artista Claudia Del Río. Entre los años 2007 y 2008 formó parte del consejo de Editorial La Creciente. 




martes, 15 de diciembre de 2009

Zyrus:



Zyrus Buensuceso es

un chico promedio
estatura promedio, inteligencia
promedio
tampoco ha tenido
una suerte especial
ni una vocación
ni una fantasía.
Cada uno de sus días está dividido en tres.
El primer tercio lo pasa
sentado en un box, aislado
acústicamente.
Uno de los quinientos boxes
que la compañía para la que trabaja
tiene en su oficina
de Welland, Ontario, Canadá.
No es amable ni tampoco
agresivo, llega a su tope
de producción y está contento.
Tiene una hija pequeña
y un buick modelo 72
estacionado en la entrada
de su hogar prefabricado.
El segundo tercio suele pasear en su auto
recorrer los suburbios
de la gente más rica, las casas
grandes y viejas, donde columnas de humo
brotan de las chimeneas.
Los domingos
lleva a su familia
hasta los lagos cercanos,
a ver los patos salvajes
que ahí se reproducen
y nadan.
En las noches de verano, se sienta en el porche.
Mira pasar a los chicos de la cuadra.
Sabe que envejece, y su hija también
pero todo es tan
tranquilizador…
Destapa su cerveza
y espera
a que la noche
se termine de evaporar.


(De El tiempo en Ontario,
inédito)
Eloísa Oliva (Argentina, Buenos Aires, 1978)
(Selección: Maria Teresa Andruetto)


padre a hijo



ahora, de pie frente a los restos

la cara opaca y la parrilla
sin carbón
le dice vos sabés, Agustín,
de un paquete así de leña
no queda más que esta ceniza

y la ceniza va haciéndose nubes
nubes chiquitas
que se alejan

Inédito


Eloísa Oliva (Argentina, Buenos Aires, 1978)

(Selección: María Teresa Andruetto)