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viernes, 25 de marzo de 2011

El dios del plegado




















él es un dios
que vive en algún paraíso origámico donde el mediodía
está plegado —siempre- sobre la medianoche
donde las olas arrugadas
salpican sus crestas
sobre una playa en forma de oreja de perro
donde los rincones de la piel
están guardados bajo rincones de sangre
y el cuerpo halla el camino
inclinándose entre las flexiones del viento

él es un dios
que pliega a los amantes
la noche y el batir de las alas
de una lechuza
en un abrazo más profundo

él es un dios
que reúne el bosque
en un billón de pliegues
para que pueda pasar bajo la puerta del soñador

impulsa el filo de la alegría
sobre el borde de la melancolía
y llama a esto música

siempre es amado
en ese paraíso
y algunas veces en este mundo

cuando solicitas su guía
debes juntar tus manos
en una oración solemne
porque el infierno
es una tumba
el abandono
el sitio donde nada puede ser plegado



Don Domanski


(Sin mención del traductor)


Don Domanski, poeta y artista (nacido en 1950 en Sydney, Nueva Escocia, Canadá). Don Domanski es un aclamado poeta marítimo que ha publicado nueve libros de poesía . Vive en el Halifax, Nueva Escocia. En 1975, publicó su primera colección de poesía, The Cape Breton Book of the Dead , estableciéndose como una voz original en la poesía canadiense. Otros de sus libros fundamentales son: Stations of the Left Hand (1994); All Our Wonder Unavenged. 2007; y Bite Down Little Whisper, 2013.




jueves, 24 de marzo de 2011

El corazón de un picaflor late 1260 veces por minuto




Este hombre estará sentado en su silla hasta el amanecer. Ha sido un largo día, y ahora las conversaciones del día separan las hojas del pasto para acostarse. Ahora las pausas entre palabras poseen todo. El esmero del vacío al cual él no le ve el fin, éxtasis de espacios en blanco entre las piedras y a todos los pensamientos fuera de las piedras, se los deja errar hasta la mañana. Hay en él una tristeza que no puede interpretar, como arroyuelos trayendo pinceladas de sangre de vuelta a un manantial que esta no comprende. Como todas las pequeñas pitonisas debajo de las tablas del piso que no pueden decir una palabra, y todos los libros en los estantes que no pueden leerse a sí mismos. En su habitación sólo el picaflor entiende, prensado entre las hojas de la biblia familiar de los años 1850, como una rosa que comprendiera el vuelo, aplastada tristemente contra todas las palabras de Dios. Una flor donde la oscuridad se condensa en forma de pájaro, donde la muerte se condensa 1260 veces por minuto. Esta tristeza es suficiente incluso para que un hombre la comprenda, para encontrar su lugar, el peso de su infelicidad, esa pluma que cae dentro de él mismo, donde no existen alas, ningún volar hacia la luz, ni un aleteo, ninguna respuesta que venga del movimiento.




Don Domanski (1950, Sydney, Nueva Escocia, Canadá)