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lunes, 3 de mayo de 2021

ÚLTIMOS POEMAS (2018-2019)


 















Ha visto


 Ha visto la luna temblando sobre el Po en el agua que se ondula, y en la noche de allá lejos los yuyales, las chicharras, sentaditas con su hermana en unos sillones de jardín que chirriaban. Y vio una ciudad dorada y escuchó sobre el Moldava conversaciones animosas sin entender nada.
Y una escena perfecta con su padre en el patio de una casa de la que pronto se fueron y la mudanza a otra casa, ella llevando un gato y su hermanita una pelela en la mano. El gato se llamaba Geppo y dormía junto al brasero. Vio también allá en el sur una ciudad con palafitos y en el norte una sobre agua y otra toda de sal prendida a una barranca. Y una ciudad rosada como un labio y los últimos damascos del verano y una tropilla La desamparada corriendo sin bocado por el campo y una niña tan pequeña que cabía en la palma de una mano. Ha visto los basurales, las barracas del hambre y los puppi sicilianos, y el sol hundiéndose en los maizales, tristeza de puro rojo sobre la pampa. Animales como troncos manando hilos de sangre y un camino de penurias cuando ya ha caído el rayo. Por limitada que sea la vida de cada uno, hay un rebaño invisible que come pasto en la noche estrellada.

(De: Poesía reunida
Ediciones en danza, 2019) 

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Provincia de Córdoba, Argentina, 1954)
 

Pueden LEER la biografía en entrada anterior de la autora (Nota del administrador). 



miércoles, 21 de agosto de 2019

PARA QUE FLUYA y otros poemas






YA ESTÁ DICHA LA PENA

¿Quien sos?
La Tere
¿Qué Tere?
La Tere tuya.
Alumbrame que estoy loca.
No estás loca.
Estoy bien loca porque hay que sacarse
la pena. Es mala la pena,
es toda mala.
Sí, es mala.
Ya está dicha la pena. Es dura.
Sí, es dura.
Cuando veo llorar lloro,
pero no me dejo ver.
¿Querés un poco de agua?
No quiero agua, ni plata ni nada,
quiero amor.


  
PARA QUE FLUYA

Por el Monte de las Ánimas, va
una madre con sus hijas, llevando
las cenizas de su madre. La que ha muerto
amaba las cascadas, las flores amarillas,
las retamas. Hacia allá la llevan
las tres, hacia el nacimiento
del agua, la esparcen
para que fluya.

  

(De: Cleofé, 2017)

VISITA

Hoy vino mi madre a visitarme
y caminamos las dos por estas calles.
Hablamos de mi hermano,
de los hijos, de las chicas del Sur,
de mi cuñado. Otra vez yo critiqué
al gobierno y ella dijo otra vez
"¡Es un país tan grande!". No quiere
que me queje: "¡Este país generoso
recibió a tu padre!" y rodamos las dos
hacia una zona de tristeza, en silencio,
hasta que se detiene y dice: "Ayer
hice dulce de duraznos" y yo digo
que hablaron de mi libro
en el diario.

(De: Kodak. 2008)


Teresa A./1975/ Foto de archivo


Yo quería mandarle fotos a mi primo de Italia
y te pedí que me sacaras una con la minifalda nueva
y las sandalias de corcho. Una donde me vea linda,
dije, y vos hiciste ésa donde estoy apoyada en la pared
que da al patio de baldosas. Yo quería ser flaca
y odiaba tener tetas, pero el pelo me caía sobre la frente.
Quiero una foto que haga historia, dije, y vos hiciste ésa
donde me veo todavía sin dolor. Me puse el vestido
de salir, como un uniforme de viernes o domingo.
Necesitás ayuda, pregunté, y vos dijiste, sólo
un poco más de luz. El domingo estaba yéndose a otra
parte, pero nadie había muerto todavía. Me pediste
que cruzara las piernas y yo me apoyé sobre la tapia,
como una actriz de pueblo. Después le mandé a mi primo
una carta con esa frase que me da vergüenza recordar
y la frase que podría caber en boca de mis hijas,
se mezcló con una historia de catecismo
sobre las bodas de Canaá.

(De: Sueño Americano, 2009)




María Teresa Andrueto





María Teresa Andruetto. Escritora argentina. Nació en Arroyo Cabral, Córdoba, Argentina, en 1954, hija de inmigrantes italianos (piamonteses). Reside en un paraje sobre la ladera oriental de las Sierras Chicas de esa provincia, en el barrio Cabana, perteneciente a la ciudad de Unquillo. La construcción de la identidad individual y social, las secuelas de la dictadura y el universo femenino son algunos de los ejes de su obra. Es profesora y licenciada en Letras, egresada de la Universidad Nacional de Córdoba, ejerce la docencia a nivel terciario y coordina talleres de escritura. Publicó, entre otros: Tama (Novela. Editorial de la Municipalidad de Córdoba, 1992; Stefano (Novela. Editorial Sudamericana. Bs. As. 1997;  Palabras al rescoldo (Poesía. Ediciones Argos. Córdoba, 1993, Pavese y otros poemas (Poesía. Ediciones Argos. Córdoba, 1997; El heresiarca y Cía, realizó una edición digital, Rosario, 2000), Kodak (Poesía, Ediciones Argos, Córdoba, 2.001), Cleofé, 2017; y diversos libros destinados a jóvenes lectores, entre ellos El anillo encantado (Cuentos. Editorial Sudamericana, Buenos Aires,1993) y Huellas en la arena (Cuentos, Editorial Sudamericana. Buenos Aires 1997), La mujer vampiro (Cuentos. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2001), Dale Campeón (Ediciones Garabato, Córdoba, 2000) y la colección Fefa es así ( Amoríos, Caballito al viento, De golpe, Palabras), Ediciones Altea, Buenos Aires, 1999. Hizo las versiones del portugués del libro Rota de Colisao, de la poeta brasileña Marina Colasanti, figura en diversas selecciones y catálogos internacionales de libros para niños y jóvenes, en los que se ha especializado, por los que ha recibido numerosas distinciones, incluido, el Konex de Platino. Es la primera escritora argentina y en lengua española en ganar el premio Hans Christian Andersen (2012). Tambíen escribió Enero, obra de teatro que se representó en el Teatro Cervantes. Atenta a la escritura de otras mujeres, codirige una colección de rescate de narradoras argentinas olvidadas. Ha sido invitada a cátedras de literatura, de literatura y género, de literatura infantil en diversas universidades y espacios de formación de grado y de postgrado de su país y el extranjero, así como a leer sus ponencias y reflexiones en Congresos e Instituciones de la Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Colombia, México, Estados Unidos, España, Alemania, Suiza e Italia.

(Biografía parcialmente tomada de la página HonorArte.com.ar)




miércoles, 2 de junio de 2010

BUSTRIAZO















por María Teresa Andruetto


Entre la tradición y la vanguardia, Juan Carlos Bustriazo Ortiz (1) (Santa Rosa de Toay, actual provincia argentina de La Pampa, 1929), crece como una flor poco menos que sola en la poesía de su provincia y como una extraña expresión de lirismo y experimentación en la poesía de Argentina y Latinoamérica. De circulación completamente subterránea hasta no hace muchos años, pero con un prestigio mítico, la obra de Bustriazo empieza a ser conocida más allá de su provincia, gracias a personas como Dora Battistón (durante cierto tiempo también su albacea), Carla Rivara, Sergio De Matteo y Cristian Aliaga, hasta que publicaciones como Alguien Llama, La Danza del Ratón, El Camarote o Diario de Poesía, empiezan a publicar sus poemas.

Hijo de un policía, el Penca Bustriazo siguió a su padre en los traslados familiares por el deshabitado oeste pampeano y fue telegrafista (oficio al que le adjudica importancia central en su percepción de la música y el ritmo poéticos) en Puelches. Ha escrito más de ochenta libros, de los que sólo cinco fueron editados (Canto quetral, 1969; Elegías de la piedra que canta, 1969; Aura de estilo, 1970; Unca bermeja, 1984 y Libro del Ghenpín, 2004), en los que se puede diferenciar al menos tres etapas: una primera (1954-1969) que corresponde al cancionero y se caracteriza por la intención de cantarle a la región y por el uso de los esquemas métricos tradicionales (estilos, zambas, milongas), una segunda, etapa de transición (1969-1970), donde abandona el esquema fijo de la canción, y la tercera etapa (1970 en adelante) en la que se repliega en Santa Rosa mientras su poesía se abre, también podríamos decir se rompe, en múltiples formas de experimentación.

Itinerante por los pueblos pampeanos, ejerciendo diversos oficios, J.C. Bustriazo Ortiz fue derivando vida y hacer hacia la poesía. La originalidad de su voz, su sentido de la musicalidad y el afán de exploración con el lenguaje a partir de líneas de la poesía popular, lo convierten en un poeta de gran luminosidad, una figura extraña –absolutamente atípica– en el panorama de la poesía de su país, desvinculado de un contacto personal con otros grandes poetas de su tiempo y con los grandes movimientos poéticos y al mismo tiempo receptor, heredero y promotor de todo ello.

Cuando su poesía da –hacia 1970– un salto desde lo folclórico, las letras para ser cantadas y la sujeción a las formas clásicas hacia lo urbano, la experimentación y las preocupaciones de la vanguardia, las formas y los tonos se vuelven más intensos, se enfatiza lo lírico y es más compleja su concepción del mundo y menos realista su visión del hombre y del paisaje. Bustriazo pierde, o mejor olvida, los esquemas fijos de la lírica, mantiene y exacerba una alta intensidad rítmica (una de las características más potentes de su poesía), y sus poemas, ahora autónomos, se despliegan en imágenes. En esta última etapa, su mundo gira ya de un modo definitivo en torno a Santa Rosa de Toay, sus calles, sus boliches y peñas (San Cayetano, boliche La Araña, Corü Hue, Camarüco, Temple del Diablo, muchas veces citados al pie de sus poemas como el lugar donde se produjo la visión), viejas casonas de la ciudad o sus alrededores, mundo nocturno de la bohemia provincial, donde encuentra a sus criaturas, oscilando sobre la marginalidad, y con ellas muestra (y se muestra en) soledad, demencia, decadencia.

Poeta nocturno, de extramuros, Bustriazo da importancia a lo cíclico, la celebración de la amistad, lo sobrenatural que roza hasta a las criaturas más sumergidas y las capas más míseras de la condición humana, lo agónico y lo elegíaco, el tiempo que corre pavoroso, la desolación de la memoria, el efecto que produce la decrepitud, el retorno de los espectros personales, el gusto por lo arqueológico, la presencia de la mujer como orden cósmico y el amor que se define por su ausencia, todo lo cual lo liga a la lírica universal, sin que por eso deje de jamás de permanecer tan fuertemente situado en su geografía y en su tiempo.

Este poeta dionisíaco que dice escribir atento al dictado, en estado de trance o como producto del sueño o del alcohol y se acerca a la experiencia mística (en una percepción del destino próxima a la cosmovisión mapuche, que deja ver sin embargo en las fisuras la ausencia de Dios, la omnipresencia de la muerte, y la permanencia del deseo como lo único que justifica la vida de los hombres), nos ha entregado un lirismo que no se parece al de ninguno y que encuentra al mismo tiempo afinidades con Lamborghini, con Girondo, los neorrománticos, el cancionero popular, el melodrama, la gauchesca y la poesía clásica. Lirismo que ha permanecido subterráneo en buena parte por los injustos modos de circulación de la poesía en Argentina y por la dificultad de encontrar espacios de validación que permitan a la obra de un poeta excepcional salirse del co-to regional.


(2004)

(1) Bibliografía consultada: Alguien llama, carpetas de poesía argentina, Año VII Nro 11, febrero 1999. Villa María, Córdoba (editor Alejandro Schmidt). Diario de poesía, Año 18 Nro.66, diciembre 2003 a marzo 2004. Buenos Aires (nota: Daniel Freidemberg). Museo salvaje/revista cultural. Santa Rosa, otoño 2005, Año VII Nro 15 (Unca bermeja o la sinfonía del lenguaje: Carlos Juárez Aldazábal). Canto quetral. La poesía de Juan Carlos Bustriazo Ortiz. Dora Battistón. Cuadernillo. Santa Rosa, 2004. El mundo poético de Juan Carlos Bustriazo Ortiz. Dora Delia Battistón Martino. Caldenia. Santa Rosa, domingo 30 de agosto de 1987. Bustriazo Ortiz. Los diálogos de un poeta con los vientos y los caminos, Carla Valentina Rivara, inédito, sin fechar. Libro del Ghenpín, prólogo de Norma H. Durango/Vicegobernadora de La Pampa, y de Dora Battistón, Cámara de Diputados de la Provincia de La Pampa, Santa Rosa, 2004.


Juan Carlos Bustriazo Ortiz (Argentina, La Pampa, Santa Rosa, 1929 -Id., 2010)





Agradezco a Teresa Andruetto el envío de este microensayo que publicamos a modo de homenaje del poeta, que falleció en La Pampa, ayer, al mediodía, a los 80 años (Nota del Administrador)




jueves, 10 de diciembre de 2009

Hostería en las sierras/ Otoño de 2007




Mi música es para esta gente
Ludwig van Beethoven


Tras la ventana del hotel caen las hojas amarillas,
flotan semimuertas sobre el agua de la piscina,
como en un cuento de Cheever. En la memoria
alguien arrastra una silla hacia el agua sucia,
sin embargo es de oro esta luz y ella sabe que puede
no verla más. Cuando era chica quería ser pianista.
Iba con otra de la mano, iba con El clave bien temperado
bajo el brazo, hacia una casa de la calle Francia.
Saludaba camino del conservatorio a los vecinos,
pensando que su música era para esa gente.
Alguna vez tocaré preludios en un teatro, se decía,
y aplaudirán los vecinos, la buena gente
del pueblo.

Historia de vida suya, pero remota.

Más tarde quiso ser como la puta de Fassbinder,
ésa que hacía feliz a todo el mundo. No la maldita,
no la estrella incandescente, no la artista consumida,
sino la monja de clausura, la que alivia al peregrino,
la que no le quita a nadie nada. No hay distancia
entre lo íntimo y lo público, las calamidades
históricas convergen con las privadas. La buena
gente asesina a los débiles y mantener abierta
la herida es la única esperanza.

Historia de vida remota, pero suya.

Cuando escribe en la noche, crece el murmullo
de tantos y tantos que vienen llegando, un torrente
que avanza y se dilata, que grita Go Home,
Go Home, necesito un lugar en el mundo. ¡Y ella
que no quería quitarle a nadie nada!

(de: Sueño americano)



María Teresa Andruetto (Argentina, Córdoba, Arroyo Cabral, 1954)



RECOMIENDO el blog de Andruetto, donde se pueden leer más poemas y datos biográficos..


lunes, 31 de agosto de 2009

NON FICTION

















La luz de una estrella tardó veinte años
en atravesar el espacio, antes
de estamparse en la placa de Daguerre.
Así y todo, nos ha permitido ver asuntos
más remotos que las estrellas.

Capas infinitas envueltas en películas,
exposición que magnifica detalles hasta que,
liberados de cualquier confinamiento,
reducimos la distancia entre mirar y dejar
que una mano nos toque.

Se trata de un cambio en la experiencia.
Mapas detallados de lo real, para apresar
una verdad, en la que un resto de magia
permanezca.

(De: Sueño americano,
Caballo negro ed., 2009)

María Teresa Andruetto (Argentina, Córdoba, Arroyo Cabral, 1954)




IMAGEN: Primer foto de la luna (1839), tomada por Louis Daguerre




AUTORRETRATO ANTE EL CABALLETE

3.


Este rostro ya estaba
debajo de la tela, estaba y carcomía
con su podredumbre el retrato del joven
con gorguera. Bajo las arrugas y los ojos
desteñidos están los ojos arrogantes
de otro tiempo, pero ni el otro ni éste
son grandes, a todos los ha herido
esta luz: ya nada es menos,
hasta lo más miserable
tiene su destello.


(De: Beatriz, Argos, 2005)


María Teresa Andruetto (Argentina, Córdoba, Arroyo Cabral, 1954)


domingo, 19 de octubre de 2008

LUNES




















Los lunes mi padre llegaba tarde

y traía chocolates amargos.
En la cama grande, mamá nos leía
La Cabaña del Tío Tom.
A nosotras nos gustaban los lunes,
nos gustaba llorar por tristezas
de cuento, sufrir por los negros
mientras comíamos chocolates Suchard.

(De: Kodak, Argos, 2001)

María Teresa Andruetto (Argentina, Córdoba, Arroyo Cabral, 1954)





AHORA QUE VIENE EL TIEMPO DE LOS PÁJAROS
















Ahora que viene el tiempo de los pájaros
y de los brotes en las ramas y la blancura
del almendro,

ahora que salgo al aire por las tardes
y riego plantas y veo cómo la tierra bebe
el agua,

ahora que se agitan las polleras
al murmullo de la brisa,

ahora que los niños conquistan el baldío
y construyen refugios y saltan vallas,

ahora que en el barrio las mujeres se sientan
a la sombra de los fresnos y toman mate
y hablan,

yo miro a cada instante hacia el Oeste, hacia
tu casa.
Primavera de 1992.
In memoriam Clara Crimberg.
(De Pavese, Argos, 1997)

María Teresa Andruetto (Argentina, Córdoba, Arroyo Cabral, 1954)



IMAGEN: Almendros en flor.