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miércoles, 31 de diciembre de 2008

NEVADA


















Ponía el puño de nieve en la boca, la blanca

piedra de los copos. Se adelantaba a la muerte,
jugaba al deslumbramiento mientras rozaba
la piel erizada del invierno. Con pies descalzos,
con las imágenes. Entre montículos de nieve,
el entumecimiento de los dedos hasta que invade
un sueño dulce y final. Se ven escenas irreales
entonces y sí, estabas al final de los países
vertiginosos. Ola y relámpago, manantial, aguijón.
Como si fuera posible la idea de un bosque
placentero dentro de la nevada, encima de
la yerba o el lecho, estabas tú y estaba tu
secreto. Sobre la lengua adormecida a imitación
de la muerte, entre los copos que llenaban
la garganta. Y era tu piel la nieve y el olvido.




Víctor Fowler



Víctor Fowler Calzada. Poeta y ensayista cubano,  nacido en La Habana, en 1960. Ha publicado los libros de poesía: El próximo que venga, 1986; Estudios de cerámica griega, 1991; Confesionario, 1993; Descensional, 1994; Visitas, 1996; Caminos de piedra, 2001; Malecón Tao, 2001; El extraño tejido, 2003 y El maquinista de Auschwitz, 2004. Asimismo ha publicado los volúmenes de ensayo: La maldición: una historia del placer como conquista, 1998; Rupturas y homenajes, 1998 e Historias del cuerpo, 2001. Ha sido galardonado con el Premio «Julián del Casal» de Poesía, el Premio de la Crítica, el Premio «Razón de Ser» de investigación literaria y el Premio «Enrique José Varona» de Ensayo.






DE LO PERDIDO



Nada de lo perdido volverá con la lluvia.

Las voces, los gestos de aquellos
a quienes deseábamos
y ahora son un hueco en la respiración.

Quemaduras al borde de las mesas
en las paredes, encima de la piel.
El agua será una purificación
pero no es un regreso.

No vuelven los objetos, ni sonidos,
ni escenas que tuvieron algún significado
o incumplieron su misión.

Tal vez, mientras observamos absortos
la enorme pared de agua que se desploma,
pasa lo Perdido, aunque irreconocible ya.
La memoria lo ha transformado en bucólico.

¿Quién tocaba a la puerta aquella vez?
¿Qué mano recorría los caballos
haciendo breves surcos
y era un placer sentirla?

Sensaciones lejanas, perdidas. Tal vez enfrente de nuestros ojos
todo se repite, pero gastadas las formas,
como en los aquelarres. Quemaduras al borde de las mesas,
en las paredes, encima de la piel.
Quemaduras en el cerebro. Establecer analogías con el agua
es peligroso en este país
donde nunca termina de llover.



Víctor Fowler (La Habana, Cuba, 1960)