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martes, 13 de noviembre de 2018

UNA MAÑANA BOREAL

















LO ABRAZA

Atrapado
hundido en ese punto de dolor 
situado en la tercera vértebra 
de su espalda 
concentra
—a través del vidrio— 
su mirada en el hijo vencido 
que aplaude y llora en el jardín

ya, muchas veces, quiso salvarlo
abrazar su cuerpo
llagado de marcas
y lastimaduras
autoinfligidas
pero no...

como si la vida, como si su vida 
fuera un tonel sin fondo 
un torrente interminable

como si ese punto físico de dolor 
situado
en la tercera vértebra de su espalda 
fuera una transmutación, 
un hilo
que une todas las cosas
que llamamos “lo incomprensible”,
como si ese punto físico situado en la tercera vértebra de la
                                                    /espalda
soportara
los males del mundo
mira, otra vez, a su niño grande
lo abraza lo acaricia
recibe ese instante
con el peso de lo que no puede
ya salvar ni sostener.



Carlos Battilana


(Del libro Ramitas 
Poesía reunida (1992-2018)
ed. Caleta Olivia,
2018)
-libro en papel: Obsequio 
de Valeria Cervero.




Carlos Battilana. Poeta argentino. Nació en Paso de los Libres (Corrientes), en 1964. Reside en Buenos Aires. Sus libros de poesía son Unos días (Libros del Sicomoro, 1992), El fin del verano (Siesta, 1999), La demora (Siesta, 2003), El lado ciego (Siesta, 2005) y Materia (Vox, 2010). También publicó las plaquetas Una historia oscura (Ediciones del Diego, 1999) y La hiedra de la constancia (Color Pastel, 2008). Una antología de sus poemas apareció en Presente Continuo (Viajera, 2010);  Narración (Vox, 2013); Velocidad crucero (2014) Un western del frío (Viajero insomne, 2015) y Una mañana boreal (Club Hem, 2018). Poemas suyos aparecieron publicados en diversas antologías (Poesía en la fisura, La voz del erizo, Poesía argentina año 2000, Poesía en el subte, Antología Zapatos Rojos, Hotel Quequén Poesía), revistas (Diario de Poesía, Vox, Hablar de poesía, Tsé Tsé, La Mineta, Crisis, Paredón, Nómada, Blanco Móvil, Carpetas de poesía argentina, La Carta de Oliver, entre otras) y suplementos culturales (Clarín, La Nación, entre otros). Es docente de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Buenos Aires. Integró el consejo de Redacción de la revista Abyssinia.


IMAGEN: La fotografía del autor fue tomada por Gustavo Gottfried.




domingo, 11 de noviembre de 2018

UN WESTERN DEL FRÍO



Estoy aquí, como una madera 
estriada, deshaciéndose.

Hace días 
una imagen
me persigue, y si digo que no es real, 
fabulo.

Como una suave madeja 
insiste el pequeño pasado, 
su fulgor,
y si bien no son travesías 
ni grandes hazañas 
las que narrar, 
esa imagen 
hecha de breves 
esfuerzos
hoy supera la línea de flotación.

En el frío de un mes invernal
en una plaza austera,
hay yuyos maltrechos, pasto, algunos
juegos aquí, allí

una chica sonríe y hamaca 
con suave inquietud 
a un niño de 2, 3 años.

Esa imagen 
insiste.
Como una gramática 
que las colonias heredan, 
como esos viejos sabios 
cuya sabiduría 
es decrépita 
pero a la que aún 
se le concede 
algún valor,
respiro el aire de la estación, y no
puedo sino retener
un rostro, una mano, el cuerpo
cierto. Alguien -un ser que pertenece a la vida- 
me mira, 
y saludo con la incertidumbre 
que los días conceden.
Quieta lumbre.



AL DÍA SIGUIENTE


(una conversación con Omar Chauviê)

Cuando leí por primera vez a Vallejo 
—a los 18 años-
fue un relámpago
algo que no podía comprender bien

...dije, esto era lo que había que hacer

recuerdo que lo leí 
previamente 
a una operación

yo estaba feliz en mi cama
en la soledad del hospital,
al día siguiente me pondrían anestesia general
pero yo ya había leído a Vallejo
por si acaso.



Carlos Battilana (Argentina, Corrientes, Paso de los Libres, 1964)


(Del libro Ramitas 
Poesía reunida (1992-2018)
ed. Caleta Olivia, 2018;
original en Un Western del frío, 
(Viajero Insomne, 2015)
-libro en papel: Obsequio 
de Valeria Cervero.





viernes, 9 de noviembre de 2018

LA DEMORA




PASEO 


Las hierbas son como luces encendidas: el viento trabaja y desvía sus partes minúsculas. No me dedico al placer, solamente a apoyar con mi hija el cuerpo en la arena. Nos abrazamos, y vemos a lo lejos, sobre la línea del horizonte, los árboles perdidos. Acompaño a Sofía a correr, hacemos cosas con la tierra, acumulamos piedras y ramas pequeñas. Sin saber si el viento va o viene en dirección contraria, respiramos, reímos con leve sonrisa, reconocemos en la extensión la tibieza del momento.



CONDICIONES

Acerca de ramitas hinchadas
por húmedas enredaderas,
nenúfares, coloridas flores
del trópico,
así, en ese microclima,
buscar con paciencia
la sombra
espesa de la época,
sitiar la precisa palabra
que incorpore
lo perdurable
y lo que, en su desecho,
proporciona
estupor.

Tocar lo palpable,
hacer que la única conquista
suponga
la certeza de las palabras. Oír. Conversar.
Un diálogo
que restaure
lo que tiene de preciso
el día.



FORMAS

En el círculo cerrado
que el viento atrae
en esta pequeña habitación
protegida de tumultos y escarcha
¿porqué será
que ese duro sonido de la ciudad
separa
como una ínfima línea
la materia
de sus palabras?
Si las palabras
derivan de las cosas,
si las letras
-como signos helados-
provienen de una plena
sustancia
¿qué será ese mínimo indicio
de los objetos, de las formas,
de esa materia
que se resiste?


EL ESTADO

Leo a Pasolini, ordeno.
Autos, colectivos en derredor. Todo
permanece quieto. También
mi cuerpo. Años atrás
por esta calle del frente
mi hermano y yo
viajábamos,
entendíamos el mecanismo
del país. Hoy
todos sonríen. Asumió
el nuevo gobierno,
las cosas están
en paz.
La poesía
no es
epifanía
ni un recuento
de revelaciones. Eso
es falso. Calibrar
con precisión
aquello
que como un gusano
roe
lo más preciado
del dolor, ésa
parece una forma
de decirme
puntillosamente
que no todo
está en paz.




Carlos Battilana (Argentina, Corrientes, Paso de los Libres, 1964)


(Del libro Ramitas 
Poesía reunida (1992-2018)
ed. Caleta Olivia, 2018;
original: La demora
(Siesta 2003)
-libro en papel: Obsequio 
de Valeria Cervero.


IMAGEN: Una de las cajas del artista norteamericano Joseph Cornell.



miércoles, 7 de noviembre de 2018

UNOS DÍAS / EL FIN DEL VERANO


















POEMA

es así:
un dibujo
ciertos lemas

yo diría
un racimo de signos
que sirven
de muro de contención.



ESTACIONES

                     a Damián F. Pedemonte

Cada época tiene la eficacia de un nombre.
Una posesión
un cierto vestigio en la luz
la memoria que sólo recorta
el significado
de unas pocas escenas.

Este argumento parece débil:
los hechos se destrozan con el tiempo
y nada los vuelve
posibles.

Sin embargo
hay
una especie de
música de la memoria
que resiste en su bruma.

El agua
se escucha correr.
Los días se agrupan en alguna parte.



UNA HISTORIA OSCURA

¿Qué es trabajar?
Hacia el mediodía
sin literatura qué
adorar, perjudicado por pasiones
que no comprendo,
retomo mi tarea
ordenadora. Los papeles
yacen aquí y allá
mis pasos cubren de polvo
el pequeño espacio: no respiro.
Algo atasca, atormenta;
sin querer
este sitio separa.



Carlos Battilana (Argentina, Corrientes, Paso de los Libres, 1964)

(Del libro Ramitas 
Poesía reunida (1992-2018)
ed. Caleta Olivia, 2018;
originales de: Unos días
Libros del Simoro, 1992 
y de El fin del verano
Siesta, 1999)
-libro en papel: Obsequio 
de Valeria Cervero.


IMAGEN: Pintura op.art de Bridget Riley.





sábado, 22 de octubre de 2016

LA ROSA

















“no queda más que viento”
(canción de Luis A. Spinetta)
Hoy vino
mi Madre. Me
ha reclamado
que la rosa
china
plantada en un rincón
-la rosa
que enrojece
el verde gris
del muro-
terminará
por eliminar
con sus ramas
al jazmín
del país
que lo circunda.

Una planta
se hunde
para siempre
en la tierra,
es lo que pienso.

Pero un temor
proyecta
el lenguaje
preciso
de los Ancestros.

¿Qué cosas hará el viento?
Acaso
de ese sitio
lateral
haga
un pantano,
un bosque
activo
de filamentos
o de lluvias
crudas y
penetrantes.

El viento
será
un remolino
inhóspito,
un microclima
donde las palabras
flotarán
en las aguas
detenidas
de una densa
humedad.

Hay un viento,
y atraviesa el jardín.
Es el jardín de los ancestros.



SIGILOSAMENTE

Riego con agua
fresca
el pequeño pino,
el pasto
recién plantado,
la enredadera
todavía
incipiente. Sé
por alguna razón
que los hechos
suceden
a trasluz,
prosperan 
cuando desvío
los ojos.
Como en silencio
los talles
crecen
de manera
invisible,
sigilosamente
con el favor 
del agua
y también
por omisión.




AURA

Luego de las luces del amanecer,
de su significado misterioso
y alentador,
se pregunta
por esa energía
que hizo del cuerpo
una acumulación
vertical
un cofre lleno de hielo
cuyas gotas
fueron la quietud
rancia
de la ideología.

Si pudiera acercar su boca
a la áspera carencia del día
para completar
el oxígeno,
pondría su mano
en una zona eléctrica
donde la vecina,
apenas madura,
le entregara
nuevamente
algo de su cuerpo,
y también
un poco de sus palabras,
la bellísima sencillez

y con notable imaginación
la convertiría
en un aura misteriosa
en una narración
fascinante
y oscura
donde afincarse
y sobrevivir
– por unos instantes –
bajo el dulce
amparo
de las horas.



EL DULCE PORVENIR 

Cuando los mejores poetas de mi generación 
curtidos por las drogas 
la grasa y el vino excesivo 
están haciendo pie 
y pueden usar la palabra templanza 
con toda propiedad

reunir poemas 
evaluar con cierta distancia 
sus tesoros 
su cúmulo precioso

cuando cerca de los 50 
la juventud 
es una palabra 
que ha sido usada 
y se puede recordar 
-sí, con alegría- 
las viejas amistades 
los duelos 
los viajes pequeños 

cuando 
el poeta 
de los grandes experimentos 
pero de otros poemas 
mejores aún 
es una increíble 
referencia 
y ahora 
puede 
-finalmente- 
distribuir 
el aire 
y la respiración 
porque ha corrido tanto

yo aún 
el poeta de la familia 
el poeta que 
literalmente 
ha administrado la energía 
el poeta del tenis 
estoy cambiando a mi hijo 
interminable 
en el baño 
posterior de la casa 
y le digo 
“te amo te amo” 
y barro 
bajo los signos y los hábitos 
de antiguos mecanismos 
la ropa la basura y me muevo 
-ya ciego- 
entre escombros de fuego 
y no tengo, lo sé, 
escapatoria 
no puedo ni podré respirar 

amo 
con pobreza 
como pude 

pronuncio “te amo” 
como una 
invocación 
como una oración religiosa 
-polvo del camino- 
la única propiedad 
con base 
en lo real. 



Carlos Battilana (Argentina, Corrientes, Paso de los Libres, 1964)


(del Libro: Un Western del frío
Viajero insomne, 2015)




miércoles, 22 de enero de 2014

NARRACIÓN






El viento

Hace siglos el viento atraviesa el lugar: ni los árboles del monte han podido detener las horas acumuladas como en un tonel. Dos, tres niños juegan en la plaza del ferrocarril y se hacen señas duraderas. Pasea la tierra por alguna calle lateral, y miro con cierta fascinación cómo el aire puede hacer del tiempo un pedazo de materia.


Búfalos

Pesado como las piedras de este lugar en Invierno, el Mar del Sur parece el último puerto del Atlántico. Un Domingo a la mañana, por junio, alguien oficia misa, y mecemos las olas, juntos, en derredor, como un conjunto de búfalos atribulados por el viento y los cazadores de hace 1000 años. La línea de la playa fagocita todos nuestros días, los pasados y los que están por venir, y en ese presente pleno comulgan los oriundos del lugar, como lo hacen los árboles, o las plantas, o nuestra pequeña voluntad


Una pieza

Toco a mi mujer. Nos besamos, rastreamos en la piel el punto ignorado de la felicidad. Hallamos tramos de la infancia en la saliva, en la oscura ternura de nuestro abrazo, y el deseo se circunscribe a tomarnos de la mano como dos personas que se acarician amorosamente, que comprenden el lapso pequeño que los días les han asignado. Como una guerra perdida, miramos el sol del sur, vamos en busca de un pozo al que llamamos nuestra intimidad.


El aire

Miro en las horas de esta estación la región más escasa y la más transparente. Como si la energía de mi hijo no tuviera espacio, detengo el aire que respiro. Entonces, miro a mi otra hija, mi hijita de dolor, de amor, y pregunto ¿con quién dialoga? ¿con quién dialogará? Busco en mis bolsillos monedas, papeles, pequeños ramos…Pregunto al aire por sus signos difusos, por su plumaje suave, y algo, tan siquiera una piedra pequeña, responde por los hijos que no tuve…Qué debilidad la de administrar las horas, silenciosamente. Si compruebo la falta de algo, me digo ¿qué hice de la vida que falta?


Cenas

Es diciembre. Los almuerzos y las cenas comienzan a abundar. Saludan todos el año que se va, y como un film antiguo, recordamos que el presente nos sostiene en un cielo blanco. Los gestos, las ínfimas sonrisas, la escasa duración de estar juntos acompañan las horas, y los días. Procuramos estar bien, procuramos sonreír. Nos abrazamos, como se abrazan las plantas y los árboles. Decimos adiós, hablamos con palabras, movemos las manos, recordamos que el pasado fue una piedra dura de roer. Aquí estamos, sin mayor éxito, desgastando los minutos, o los segundos, nuestras pequeñas horas doradas.



Carlos Battilana (Argentina, Corrientes, Paso de los Libres, 1964)




Ilustración: Fotograma de Los cuatrocientos golpes de François Truffaut (1959).






jueves, 16 de mayo de 2013

MATERIA















Parrilla

Sobre el fin de la calle
rumbo al cuartel
hay un asador:

es verano
pero corre una pequeña
brisa.

Mi padre
mi madre
nuestros hermanos
disfrutan de la cena
familiar
al aire libre.

No hay nada que temer
estamos abrazados por el campo
el mundo acontece en ese punto
minúsculo del universo. Tengo
seis años. Conozco
todo
lo que me circunda.
Somos libres
en el lugar.

Mi padre es feliz;
se rodea de sus hijos
de su mujer
tiene información suficiente
para proveernos
durante algunos años:
axiomas, libros, narraciones
de adolescencia.
Ahora que
su muerte es fresca
y reciente, recreo el instante
en que mi padre
distribuye la carne,
las achuras, las ensaladas
en derredor.
Mi madre lo roza con los ojos
y deliberadamente
lo deja hacer
deja que su fuerza crezca
allí, en ese punto
minúsculo del universo.



Las piedras del cielo

Las piedras que alguna vez
tocaron
las algas,
ellas,
no las piedras duras, sino
las piedrecitas tan sin nombre,
las piedras que con trazos
surgidos desde adentro
rozaron la sustancia de las
algas,
no su núcleo
sino sus bordes rosados,
ellas están cerca, las
rozo
o aspiro
como si aspirara un caudal
de agua o de rosas
apenas marchitas, fuera del
viento,
ellas permanecen
pero no como un Ser
sino como un Río.
Grave caudal de las horas
las piedras
se disuelven en el humo
de la mañana,
parecen flores deshechas,
pétalos, tallos…



Materia

Miro a los niños. Uno, dos,
tres…El peso de
estos años
fue terrible
y casi no hay paz
en el
aire. ¿Quién
podrá
fuera de la política,
alejado del Capital, 
decirme: este objeto
es pequeño
aquella alegría
es versátil
esto se inscribe
en el terreno de la 
bondad?

Saludo con mi mano izquierda
a los próceres
del día
y camino
bajo la lluvia
a costa
del pasado.

La línea de la playa
es gris, pero hay
viento. En estos terrenos
fríos la pobreza
no es posible, el constante
sobresalto
se vuelve una moneda
real. Apoyo mis pies
en la arena, hago un hoyo
con mis manos,
arrojo
sin tristezas
un poco de materia
al aire.



Carlos Battilana (Argentina, Corrientes, Paso de los Libres, 1964)



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jueves, 29 de octubre de 2009

EL LADO CIEGO




Muros

Por más que mire el aire, reconoce que el mundo es éste. No está incompleto, no falta ni un poco de tierra. Toca las piedras, los muros, las ventanas. Si algo faltara, se enteraría.


Tesoros

Si pudiera con sus manos extraer, una a una, las piedras del pasado, esperaría. Su tiempo ya no corresponde al presente. Si mira el entorno, desfallece. Su esperanza en el futuro es escasa. Hace del instante su mayor tesoro. Una joya, casi.


El lado ciego

Por poco inclina su espalda. No tiene perdón ni sentido su pasado. Si pudiera, se iría a un lugar liviano, extenso y apenas movible. No sabe oír, ni tampoco mirar. En su trayectoria sin filos, sus reveses fueron internos. Si pudiera aplastaría con hielo todos los días. Los quemaría.


Manchas

Mira por la ventana, y sólo ve el movimiento de los autos. El movimiento es algo que se ve, y ¿los objetos?... De los objetos queda una suerte de mancha gris.


Presente continuo

a Raúl

Esa época de la vida en que el pasado empieza a ser denso; en ese punto está. El futuro es apenas un designio fatal, del que nada quiere saber. Como si los dioses griegos rozaran su cara, el frío no alcanza, el calor no alcanza; conocer de antemano lo que vendrá, no consuela ni tampoco pone en riesgo su sabiduría. Allí está. De ese inútil desencanto se alimentan sus días.




Carlos Battilana (Argentina, Corrientes, Paso de los Libres, 1964)



IMAGEN: "Mancha", pintura de Tomás Espina.




miércoles, 30 de septiembre de 2009

Ahora...















Ahora

pesa esta delgada
atención
sobre
la tersura
del aire.
La calma
será este
roce
que no tiene manos



Carlos Battilana (Argentina, Corrientes, Paso de los Libres, 1964)



IMAGEN: Fotografía del cineasta iraní Abbas Kiarostami.