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martes, 4 de agosto de 2020

PRÍNCIPE DE NAIPES (1966)





















FÓRMULA

Haga usted de tripas corazón,
y de cerebro corazón, y de corazón
de piernas y manos.
Haga usted de toda entraña una
cómoda vasija
donde gotee la sangre con dulzura
y se empoce quieta en el fondo,
hasta el fondo de los siglos.



FOTOGRAFÍA

¿Qué ha sido en verdad lo que ha pasado?
Las viejas chaquetas conservarían el secreto como un resto
desleído de perfume detrás de la solapa.
El testimonio de las palabras no le habla a la conciencia
en forma clara,
y si algo quedó de nosotros adherido a las palabras
lo olvidamos sabiamente en el momento oportuno.
Las calles de otrora sí que hablan claramente,
pero a la nostalgia.

Doblaremos otra vez la esquina retratada en la fotografía:
el niño que nos mira desde ella, ¿nos reconocería a primera
                                                                               vista?
Lo que ha pasado es la vida como una larga caminata por el
                                                                              barrio
consumiendo un cigarrillo.
Abrimos los ojos de repente y ahí estuvo la pregunta a flor
de labios deshojados.

Por ahora es mejor doblar la página.
Ya habrá tiempo para responder cuando lo exijan.


(Tomado de Poesía continua

1966-2017), FCE, 2018.
Waldo Rojas



Waldo Rojas (Concepción, Chile, 1944), poeta, ensayista y profesor de Historia en la Universidad de París I (Panthéon-Sorbonne), vive en Francia desde 1974. Su nombre es señalado entre las figuras más importantes de la llamada Generación del 60. Su obra poética principal está contenida en los libros siguientes: Príncipe de Naipes, 1966; Cielorraso, 1971; El Puente Oculto, 1981; Chiffré à la Villa d'Hadrien (Cifrado en la Villa Adriana), 1984; Almenara, 1985; Deriva florentina, 1989 y 1993; Fuente Itálica, 1991; Cuatro poemas, Cuatro grabados; obras publicadas en Chile y en México, Canadá, España, Suiza e Italia.  Una selección de su poesía ha sido editada bajo el título de Poesía Continua (Antología 1965-1992), Ediciones de la Universidad de Santiago de Chile, 1995. Poemas suyos han sido recogidos además en antologías de poesía chilena y latinoamericana. De su labor de traductor literario cabe destacar: Antología de Francis Ponge, 1991; traducción y edición crítica de Vicente Huidobro. De publicación más reciente es una selección de sus escritos de reflexión y crítica literarias, Poesía y cultura poética en Chile. Aportes críticos y su último poemario Deber de Urbanidad. Además, publicó: Agua removida (1964), Pájaro en Tierra (1966), Dos poetas de la ALCIN (1967)  y el poemario Deber de urbanidad (2001). Además, un libro de crítica: Poesía y cultura poética en Chile (2001). Los poemas que publicamos fueron tomados de: “Poesía Continua” , una antología que va de poemas compuetos en 1966, al 2017, editados por el Fondo de Cultura Económica, México, 2018.





domingo, 2 de agosto de 2020

CIELORRASO -1971-

















I. Memoria, Memoria

LA PERPRETACIÓN

Mal está que te haya olvidado, Rosa Inés.
El recuerdo no redime a nadie de nada.
Los ávidos adolescentes que fuimos rondábamos tu cuarto
en el patio de las criadas.
El sexo un vértigo abismante, oscuridad de oscuridades,
una sed y un rumor sordos.
Mal está también, Rosa Inés, que después de tantos años
de ti vea pasar por obra de tu nombre
fugitivos fragmentos de un cuerpo sorprendido, miembros
                                                                                       dislocados
por la semipenumbra
y esa fiebre que un día te acechara.
Amargura del botín de aquella noche, Rosa Inés,
tu silencio ante las Tías un aterrado cómplice.
Doble crueldad no poder rescatar tu rostro
ahora que quizá tú también lo hayas perdido en tu recuerdo
después de tanta miseria y de todos estos años.



(Tomado de Poesía continua
1966-2017), FCE, 2018.

Waldo Rojas (Concepción, Chile, 1944)


IMAGEN: Fotografía de Bruno Bisang.



viernes, 31 de julio de 2020

EL PUENTE OCULTO -1976-1980




















ORO FURTIVO

La noche así entreabierta por esa ventana
que tú misma ahora cierras,
fugaz ropaje vivo tu desnudez
persiste
en un vuelo sostenido o el aleteo de algo
entre la noche ciega y el vidrio enceguecido.
Pero ya asciende o cae la imposible estancia
de tu gesto,
              vuelo también de manos y de tela,
ya corroe ella misma su tibieza en trizas
y de golpe
               nada sino esa forma de muro
entre mi ojo cazador furtivo y tu luz carnal.
A este lado de la verdad



CÍRCULO DE BOJ

El cuenco seco del agua refractante y en torno a ella
como alrededor de una fuerza débilmente formadora
está la piedra circular que envuelve al agua y la detiene,
inmóvil entonces como ahora
ese eje de roca para el verdor circundante:
un círculo perfecto de matas de boj
—pétalos duros y pequeños de un verde pétreo resistente al
                                                                                tacto—
resuena a mi visita en el cuenco de la memoria
con una melodía que creo inconfundible.

Ocúltate, me digo.
Cual en otro tiempo así debieron hacerlo las voces de los niños
                                                            en torno de la fuente;
porque una voz es siempre un cuerpo
                                                           más su cercanía tibia o fría,
a flor de manos,
un escondite para el cuerpo tras la piedra del estanque.
Porque de esa manera con que transcurre el desenlace
en el infantil juego de los ocultamientos,
tal vez alguien haya ahí, acechante, o algo,
y una voz que me habla a ciegas nada diga
que yo no haya pronunciado cien veces en silencio.

Pálido reflejo de una imagen magra:
memoria construida de otra memoria con escoria y desechos
como "el nido del mirlo con las plumas del alucón"
necesariamente no permites el paso, detienes,
atascas, entrabas,
enturbias el agua y desdibujas el irisado contorno del
                                                                          rostro reflejado.

Mientras que hiedra, musgo, herrumbres
anegan la brisa que se cuela por la verja
desde el muro deslumbrante del enfrente soleado a sangre
                                                                                viva.

Creo recordar la casa que abría sus mamparas
a un mundo presente conciliado consigo mismo
y a un pasado que repetía el pasado
hasta el cansancio o el futuro.

Ahora el presente debilita el pedúnculo del pétalo de rosa.
Se robustecen las ruinas
como si aspiraran a un cuerpo todavía más sólido.
Se establece el atardecer con la confianza con que se
anunciaría
el advenimiento de un gran día.
Y hay tañido de campanas contra el deterioro,
campanas contra la decrepitud, la plata bruñida y la locura
de los viejos sirvientes,
campanas contra un silencio asaeteado de vuelos de libélulas
y sólo a favor de la falsa memoria.

Creciente opacidad del suelo polvoriento,
un viento arrastra a la hojarasca a ima elocuencia sorda,
el patio ante los muros como ante una fortaleza, frío y blando,
a causa del musgo que enverdece la línea divisoria de las
                                                                                 losas,
en un mismo amarillear fundidos
el colorido de los pétalos de rosa y la maleza muerta.

Palabras que están claras pero en una jerga incierta
y que yo no diría si no fuera a propósito de las palabras.

Ocúltate. Me dicen.
En la mitad de un atardecer que ni tarda ni adelanta,
que sólo fluye justo al ritmo con que la realidad se da su
                                                                             iempo
para ponerse una vez más a prueba,
soy el fruto defectuoso o la llave equivocada,
en ese punto en que alguien llega, después de algunos años,
a la Casa,
                 remueve la herrumbre de la verja atascada
y en el gesto congelado de su cara,
                entre el chirrido y el encaminarse,
late oculta la crisálida de un grito.

(Tomado de Poesía continua
1966-2017), FCE, 2018.

Waldo Rojas (Concepción, Chile, 1944)



IMAGEN: Fotografía de David Hamilton. 





miércoles, 29 de julio de 2020

ALMENARA -1985-

II. Resplandor predestinado




(SOBRE ALGUN0S SONETOS DE SHAKESPEARE)

El tiempo de la dicha y el tiempo del horror,
ambos se escurren a igual paso,
el sueño y la vigilia van en el cortejo
del amo del río del errante Duelo.

Resina y miel fundidos en el frágil soplo que iza
la promesa de la flor, ¿podrían contener el asalto
de los días?
Cuando no hay peñón irreductible tan fogueado
ni portal de hierro invulnerable que el tiempo no muerda
de rabiosa ruina.

Temibles pensamientos que refuerzan su constante embate.
La joya mejor de la edad, ¿adónde entonces ocultarla
lejos del alcance del tiempo y fuera de su cofre?

¿No habrá mano suficiente contra su precipitación?

¿No hay voz que ponga atajo al saqueo encarnizado?



(Tomado de Poesía continua
1966-2017), FCE, 2018.
Waldo Rojas (Concepción, Chile, 1944) 




lunes, 27 de julio de 2020

FUENTE ITÁLICA -1990-





















Sobre un cuadro de Giovati Batista Moroni,
en l'Accademia Carrara, Bérgamo.

Bajo la unción de una realeza momentánea
de brocado y perlería
la majestad menuda de su lozana atildadura,
nada más que encarnación premonitoria de una damisela
de baraja,
nada menos que de nuestra fuga en tránsito
la hija desprovista.
No soy en su mirada el Otro de mirada alguna,
ahora que el que soy no me dictan sus ojos:
todo es conjetura si no perplejidad en la consigna muda
de un encuentro hecho de imágenes,
apenas el hallazgo mutuo de una manera de sombra
y la huella de un destello,
a despecho de quienquiera, en virtud de nada nuevo.

Desde su edad en remanso la Ninfa más propicia
me prodiga así entre todos
una mirada que puedo sin riesgo sostener.

Desposeimiento inapelable de toda posesión,
ojos de otro vértigo acercaron nuestro paso
al borde del secreto que no somos
a fuerza de ignorarlo.

Ella aquí nos atrae a la duración quebradiza
de su otrora en suspenso,
aligerado del peso de ataduras el lapso de tregua
de un trasluz

ni desvarío ni rencores, ni reproches ni éxtasis,
mientras vuelca el carillón tardío su cascada aquietadora,
como una imposición de manos leves
sobre algún dolor sin cuerpo venido a la memoria.


Bérgamo, Febrero de 1989.

(Tomado de Poesía continua
1966-2017), FCE, 2018.
Waldo Rojas (Concepción, Chile, 1944) 


IMAGEN: "Portrait of a young girl" (1575), pintura de Giovanni Battista Moroni.





sábado, 4 de agosto de 2018

PROUSTIANA
















Abuelas otoñales y las tías juveniles
en la calle que da acceso al colegio para niños.
Campanas invisibles de alguna catedral
les hicieron girar la cabeza
como si alguien las llamara
o descubrieran que el tañido las hiciera a la mar de la memoria
de alguien que recuerda.
Luego de la última campanada de la tarde
nos quedamos los únicos, Margarita La Rubia
y El Que Entonces Yo Era,
ambos, las manos entintadas, junto a la pileta del patio jardín.

Es el caso que detrás de aquellos muros esperamos hasta lo absurdo
el paso del Verano.
Han caído los años y su chapuceo de peces.
Seca o derruida la fuente del Cetrero,
y nosotros sin hablarnos.
Como sucede hasta este mismo día.




Waldo Rojas (Concepción, Chile, 1944)





lunes, 11 de agosto de 2008

VENTANA


La luz que a manos llenas ha entrado en este cuarto
no podría volver sobre sus pasos ni siquiera a una voz de mando
inapelable
del sol, el Anciano Señor de toda luz:
permanecerá con nosotros largas horas, líquidamente quieta,
casi inamovible en el sitio de costumbre y será un mueble más
en esta pieza de recién desposados
donde el día transcurre a través de los vidrios que se entibian
en la medida del amanecer de cada día.
El sol sí que se pone en nuestros dominios que enmarcan cuatro
muros desiguales
por las sombras distintas que de ellos se ocupan día a día.
Lo que hay de cierto en esta luz es ella misma.
Los jirones que arranca de las sombras y no las sombras cerradas
en su mudez.
Más real que ella es sólo la ventana
y los vidrios lo presienten en la irrealidad de su contacto
desprevenidos siempre en su rigidez de ascetas,
mientras la luz hace visible el aire, la contextura del polvo,
y aun todo el volumen del día que se deja llevar -lleno de ruidos-
hacia el cuarto,
hasta entonces apenas el reverso inhabitable de un espejo.



Waldo Rojas (Concepción, Chile, 1944)


IMAGEN: Window -Cour de Rohan-1951, pintura de Balthus.