Mostrando entradas con la etiqueta Eduardo Mileo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eduardo Mileo. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de noviembre de 2019

SEDA






















Esto no es el Japón
pero es un hilo
invisible como el mundo.

Me despedí de mi amada
para no volver a verla.
Por eso el mar es tan hosco
tan árido, insensible.
Ya no veré Europa
ni la vasta estepa rusa
ni la frontera china.

Mi vida es una hoguera.
Amo hasta el daño que me hizo.



ATANOR

III
Quieren hacerte a semejanza de unas manos.
Modelarte.
Desnuda de marfil o finos mármoles.
Con maestría un hombro
            sabiduría un ojo
            memoria de elefante una clavícula
            ilustrísima polaridad un pie.
Quieren hacerte a imagen de unos pobres
grabados de historia del arte.
No sin asombro me dirijo a ellos
tratando de decirles.
Pero insisten en sus argumentos.
Rebuscan en el fino, falso
detalle.
Como ciegos tantean la intimidad
de una sombra.
No es por orgullo
                  celos
                  enemistad
con la filosofía
que yo porfío
          me quejo
          arremeto
contra sus deseos.
¿Qué sería de un cuerpo vivo
retratado sin más
que una conjura de colores



(De: Poemas sin libro)




Joseph Mallord William Turner (1775-1851)



Miro la espuma
con que mi padre afeita a sus clientes,
los delgados
hilos de sangre que la surcan,
y pienso en los crepúsculos
cargados de presagios en el puerto.
Sueño que estoy
atado al mástil de un velero
en medio de la tormenta,
El estrépito no me deja
oír a mi padre llamándome.
Lo veo gesticular en la peluquería
pero me dejo llevar
por una música de olas.
Sé que la tormenta pasará.
Sé que los sueños terminan.
En la espuma de afeitar
que mi padre dejó en la bacinilla
ya se disuelven los últimos
recuerdos.

(De: Extracción del agua de la niebla,
Tomado del blog: Otra Iglesia esimposible)

Eduardo Mileo



Eduardo Mileo. Poeta argentino, nacido en Buenos Aires en 1953. Editó los libros Quítame estas cruces (Ediciones del Escuerzo, 1982), Tiendas de campaña (Trocadero, 1985), Dos épicas (con Alberto Muñoz, Filofalsía, 1987), Puerto depuesto (Último Reino, 1987), Mujeres (Último Reino, 1989; 2ª edición: Ediciones en Danza, 2005), Misa negra (con Alberto Muñoz, Último Reino, 1992), Poema del amor triste (Ediciones en Danza, 2001), Poemas sin libro (1er premio de poesía del Fondo Nacional de las Artes, Ediciones en Danza, 2002), Muro con lagartos (Ediciones en Danza, 2004), Poemas del sin trabajo (Ediciones en Danza, 2007), Los frutos del apetito (con Javier Cófreces, Ediciones en Danza 2011), Titanes (con Javier Cófreces y Alberto Muñoz, Ediciones en Danza,2014), Bestias pop (con ilustraciones de Rafael Mileo, Pequeño Ratón Ilustrado, 2015). Extracción del agua de la niebla (Ediciones en danza, 2018). Junto a Javier Cófreces y Gabriela Franco, editó las antologías Última poesía argentina (Ediciones en Danza, 2008) y Primeras poetas argentinas (Ediciones en Danza, 2009). Junto a Javier Cófreces publicó Un palmar sin orillas, antología de la poesía de Francisco Madariaga (Ediciones en Danza, 2009). Editó el casete Mujeres (Circe/último Reino, 1989), donde recita poemas del libro homónimo y otros. Realizó, con Alberto Muñoz, el trabajo de teatro musical Misa negra (1991). Junto al compositor Raúl Mileo, editó los CD A boca de jarro e Irala, sueño de amor y de conquista. Integró el grupo poético La Epopeya, junto a Alberto Muñoz y Javier Cófreces. Fue miembro del consejo editorial de la revista de poesía La Danza del Ratón hasta su último número, aparecido en 2001. Fue secretario de redacción de la revista Babel. En el año 2000 recibió una beca nacional del Fondo Nacional de las Artes. En el 2001 ganó el Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes. Integró la Comisión Directiva de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA).




lunes, 9 de mayo de 2011

Muerte del roble


















Un árbol viejo inclina la cabeza
de ceniciento aroma verdecida
sobre el ocaso gris de la pereza
donde enrojece la redonda herida.

Clama por sed el agua de la vida
que en el anciano tronco se confiesa
y es animal en su pasión crecida
del corazon que humanamente pesa.

Pero la luz también abre su vuelo
de airadas alas a la mar violenta
que su garganta agita bajo el cielo.

Llueve feliz el agua de la lenta
algarabía sobre el seco suelo
y al corazón con aire nuevo inventa.





Eduardo Mileo (Buenos Aires, Argentina, 1953)




IMAGEN: Un viejo roble.





viernes, 11 de diciembre de 2009

LOS OJOS DE LA PASIÓN



(Joseph Turner, 1775-1851)

Vuelo sobre vientos.
Soy de una libertad tangible.
Me parió una tormenta
y me destruye como a un barco.
Soy macizo en el mar
como la niebla:
hendido
por el humano rayo de la luz.
Pasión:
cuántos ojos se apagan en tu nombre.

Siento envidia de esa planta
que lleva
sus hojas al calor del sol.
Indiferente a la vida
que a su lado crece
crece
en su propia vida.
Pinto el mar porque tengo
nostalgia de la tierra.

Me parió una tormenta y me destruye
como a un barco.


(de: Poemas de pintores,
inédito)


Eduardo Mileo (Buenos Aires, Argentina, 1953)



IMAGEN: A Ship against the Mewstone, pintura de Joseph Turner.




Noche oscura del alma




















(Hieronymus Bosch, 1450-1516)


Voy a romper el hechizo
que me separa como un vidrio
de mis ojos.
No es necesario ver.
Pero yo veo
en las astillas la infancia castigada,
los ojos de un caballo
que murió de no andar.
Érase una vez
y ya no es nada:
reliquias
en un cofre encerradas para siempre.
Pero yo continúo
como un ángel en sus cuitas con Dios
con el amor que llamo Dios
y está dormido.

He recibido un insulto:
analfabeto.
Así han querido pagarme mis cabras.
Pero yo estoy aquí
con mi diluvio
y mis encarnizadas actrices
y mis duelos.
No consagro mis ojos a las brasas.
Y no me aparto de ellas.
Temo al sueño liviano.
Al silencio
que se arropa conmigo cuando duermo.
No es necesario ser así.
Tener razón.
Mentir
para que no se juzgue a la verdad.
Pero vivimos a tientas:
un instante y nos vamos.
Yo desearía un poco más.

Hace frío en este cuarto.
La chimenea huele a polvo viejo.
Entre los libros del anticuario hay una hendija de luz.
Ya ni el temor
es mi enemigo.


(de: Poemas de pintores,
Inédito)
Eduardo Mileo (Argentina, Buenos Aires, 1953)



IMAGEN
: Christ in Limbo, pintura de 
 Jheronimus Bosch.



martes, 10 de marzo de 2009

PAISAJE CON UNAS MONEDAS



En menos de lo que canta un gallo

se ha quedado mudo:
ha perdido el rumbo.
Sólo quiere llegar hasta la esquina
pero se niegan las piernas
el ser entero se niega.
Se sienta en el umbral más cercano.
Hace frío y se hiela
el pensamiento.

Tirita un estribillo y
le canta a la campana de San Juan.

Pero el misterio lo sobrecoge:
el sufrimiento se hace idea
la lenta confusión que lo separa
no sabe de quién
no sabe de dónde.

El frío lo despeja.
La mente muelle del reposo lo ha calmado.
Cuenta las monedas del bolsillo.
La matemática -cree- es el deseo
de crear un mundo sin dolor.

(De: Poema del sin trabajo,
Ediciones en danza, 2007)

Eduardo Mileo (Argentina, Buenos Aires, 1953)



miércoles, 11 de febrero de 2009

ESCUDERO MIRA A SU DAMA A TRAVÉS DE LAS CELOSÍAS

"No te confíes a escudero que sonría
más a tu mujer que a ti."
RAIMUNDO LULIO

Por asomar, te vi junto al alféizar
de una cruz parecida a una ventana
y era más el asomar por ser sombrío
y era mayor verte el entreverte.

Languidece tu rostro tras el velo
de esa suerte de sombra que es la sombra
pero se enciende la mirada atenta
y proyecta su luz en la ventana.

Si más quisieras descorrer un poco
para que, fina, la luz te penetrara
y me dejara mudo y casi loco.

Qué más querría un corazón abierto
que enmudecer de un golpe, iluminado,
eternamente loco por despierto.

(De: Poemas sin libro,
Ediciones en Danza, 2002)

Eduardo Mileo (Argentina, Buenos Aires, 1953)

domingo, 3 de agosto de 2008

Elena imaginada





























BAJO la sombrilla
de un restaurant de la costa
ella tomaba su vermú.
Tabla de quesos
aceitunas
picles
producían la ilusión
de estampado
en su vestido blanco.
Con gruesos
anteojos oscuros
miraba el mar anochecido
a mediodía.
Saludaba casi
con displicencia
a personas que debían
ser amigas
conocidas
parientes
o relaciones pasajeras.
No estaba sola.
Se sentía mirada por constelaciones
de azorados
ojos
y de labios.
Respondía
llevándose a la boca una
aceituna
demorada.



No hay música nocturna

que no escuchen sus ojos
al calor de la sombra de la luna.
Elena lleva en la mano
su ovillo de sonidos
para tejer la arruga de la rana
el calambre de la cigarra
la tos rampante del grillo
la campana del agua
mientras crece
como un don de su espalda
el sol de medianoche de la iglesia.

Descansada, en el agua
deja entrar el pie.
Hermosa resbala en la piedra de musgo.
Desierta
por el anillo de las olas
respira y
se hincha el pecho de claridad.
El pie de Elena es el grito de un ahogado.

Sobre la tabla la luna
de la cebolla.
Elena sabe que llorar no es todo el cielo.
Corta
y el agua vuelve
a iluminar las cicatrices de la luna.

Nació con una llave de castillo en la mano:
la puerta estaba abierta.
No salió porque quiso:
signaron su destino las matronas
los claveles del aire
las torrejas.
En el muro decía una leyenda:
Elena, la que brilla
no tiene compañero.

Atada a los espejos, Elena se peinaba.
Morena
como un pozo sin estrellas.


(De: Mujeres,
Edic. Último Reino, 1990)

Eduardo Mileo (Argentina, Buenos Aires, 1953)



IMAGEN La modelo Morena Rosa.