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domingo, 12 de julio de 2009

EL DILEMA DE PRUFROCK


























Para comenzar, observemos el título elegido por Eliot: "El canto de amor de J. Alfred Prufrock." ¿Corresponde su segunda parte a lo que la primera nos conduce a esperar? Difícilmente puede esperarse que un hombre llamado J. Alfred Prufrock cante un canto de amor; como que suena a demasiado bien vestido. Su nombre roba algo a la idea de un canto de amor. Así, la forma del título se antoja reductiva. ¿Cómo comienza el canto de Prufrock?

Let us go then, you and Iwhen the evening is spread out against the sky...(1)

Hay belleza —lírica— en esas líneas. Después de todo, parecería, a pesar de su nombre, invitar a la mujer a pasar juntos la noche; hay también una buena rima; suena como tantos otros versos románticos. Viene entonces la tercera línea

Like a patient etherised upon a table...(2)


Con esta línea hace su entrada la poesía moderna.
En primer lugar, la tercera línea demuestra que el autor de las dos primeras no las pronuncia convencido. Son sólo una llamada, cuya intención es atrapar al lector con la guardia baja, de manera que sea posible noquearlo. Una vez más, la forma es reductiva; se ha creado una atmósfera de expectación sólo para empequeñecerla o destruirla. (Por otra parte, esto nos hará ver que el "Tú" al que se habla no es en absoluto una mujer, puesto que el "Tú" es invitado por el "Yo" a hacerle una visita a Ella; difícilmente podemos decir quién es ese "Tú"; nuestra primera asunción ha sido destruida,) Y la palabra "pues" es en realidad muy poco prometedora; si hubiese dicho solamente "vayamos", hubiera sonado más a que tenía la decisión de ir; "Vayamos pues" suena en cambio como si antes lo hubiera pensado, y aquí el haberlo pensado sugiere vacilación. Desde luego, nunca llega a ir: la visita, que implica la "cuestión abrumadora" — la propuesta de matrimonio — , nunca se realiza. Una vez más llegamos a una reducción.
Asimismo, el símil no es visual: solamente pretende serlo. Es imposible que un lector vea la tarde tendida contra el cielo haciendo que su atención se fije violenta y repentinamente en un paciente tendido sobre una mesa de operaciones. Aquí el recurso del símil se somete a un nuevo uso, que viola la lógica ordinaria del verso, al igual que la abrupta visión de un hospital violenta la noción lírica de un paseo nocturno.
¿Qué significa esa línea? Estamos obligados a recurrir a la sugerencia, no a la lógica. La situación de un paciente eterizado no es envidiable, es riesgosa: está a punto de ser intervenido y es posible que muera pronto. La referencia a este miedo es clave en el poema. De hecho, Prufrock confiesa haber sentido miedo. Por otra parte, la situación del paciente puede considerarse deseable en tanto que ha tomado una decisión y ahora el resultado está fuera de sus manos, no tiene ya responsabilidades ulteriores; corresponde al cirujano salvarlo o no. Este deseo —haber hecho la proposición, y dejar su destino en manos de la mujer— también es fundamental para el poema. Visto esto, podemos considerar cuánto trabajo habrá costado esa línea y, por supuesto, la sugerencia de que Prufrock se ve a sí mismo como un enfermo también es importante. Más tarde volveremos sobre esto.
Entre el título, ligeramente ambiguo o engañoso, y esas líneas iniciales, que conllevan una doble intención muy clara, el poeta ha inscrito un epígrafe de seis líneas en italiano. En nuestro caso, el sólo saber italiano no es de mucha ayuda. Todo lo que esas seis líneas dicen es: "Si yo creyese que lo que voy a decirte habría de volver al mundo, nunca escucharías nada de mí. Pero como son las cosas...", etc. Lo que uno tiene que saber es quién es el que habla en la Divina Comedia de Dante. Se trata de un alma perdida en el infierno, condenada específicamente porque trató de comprar la absolución antes de cometer un crimen. Esto nos lleva a considerar si el dilema de Prufrock —proponer o no matrimonio— y la razón fundamental por la cual no lo hace —es decir, su pecado— tiene que ver con su rechazo a aceptar los riesgos humanos comunes e inevitables: Prufrock quiere saber de antemano si será aceptado o no: de hecho, cree saber ya lo que ha de ocurrir, pero también sobre esto volveremos más adelante.
Todo lo que hemos dicho nos presenta un cuadro completamente distinto de aquel de un escritor que se sienta a escribir para entretener, cautivar, encantar o arrullar a un lector o lectores. En el acervo de este poeta abundan obstáculos y sorpresas muy poco complacientes. Lo primero que se ataca es la pasiva expectativa del lector de que habrá de ocurrir una cosa. Muchas cosas han de ocurrir simultáneamente. Uno siente, incluso, una cierta hostilidad de parte del poeta. Una de las características del poeta moderno es que ha perdido la confianza en sus lectores (lo cual no es del todo sorprendente, si se considera la calidad de la mayor parte de la educación contemporánea); pero lejos de hacer que esto reduzca sus exigencias, tal pérdida de confianza lo ha conducido a aumentarlas. Nunca ha sido fácil leer la buena poesía ni anticiparse a comprenderla, pero en raras ocasiones había sido escrita con tan deliberado grado de dificultad.
¿Hemos de ligar esta deliberada dificultad con los recursos reductivos analizados antes y suponer que la impaciencia del poeta se basa en el hecho de que la mente del lector está llena de vagas y pomposas asunciones que el püeta encuentra desdeñables? El poeta se ve a sí mismo como una voz de advertencia, como un profeta hebreo que llama al pueblo a arrepentirse y a comprender el mundo y a sí mismo. En este caso se trata, desde luego, de un mundo reducido. De acuerdo con una célebre visión, hemos sufrido tres cruciales revoluciones científicas. La primera fue la astronómica, en el siglo XVI, que enseñó al hombre cuán lejos estaba de ocupar una posición central en el corazón del universo; le mostró que más bien vivía en un barrio de poca importancia. Digirió esta desagradable información muy lentamente. Luego se le notificó, hace cien años, por boca de Darwin y de algunos otros, que no era una criatura singular sino próxima a los animales que siempre había subyugado. Y los periodos de tiempo entre este tipo de noticias se acortan cada vez más: apenas habían transcurrido, cincuenta años durante los cuales había aprendido a aceptar este insulto biológico, cuando la revolución psicológica asociada con el nombre de Freud le informó que ni siquiera era el rey de sí mismo, sino que se hallaba a merced de gigantescas fuerzas inconscientes provenientes de su interior. Todo esto debe haberlo colocado en una situación particularmente incómoda y, en efecto, así lo ha hecho, dependiendo del grado de autoconcieneia, que es un grado todavía difícilmente aceptable en relación a la excepcional autoconciencia del poeta. Sin duda, Eliot no había leído a Freud cuando escribió este poema. No obstante, en cierto sentido su pensamiento es paralelo, pues el "Tú" al que Prufrock invita a ir con él a esa visita debe ser otra parte de su propia personalidad, a la que en vano invita a unírsele para enfrentar la enorme tarea que tiene ante sí. Es la parte instintiva del hombre (contrapuesta a la fachada que de sí misma conoce: el Yo, el ego), y a la cual Freud denominó con un término tomado de Groddeck: "id".
Pero acaso el "Tú" también pueda ser el lector, así aludido, para nuestra sorpresa, en este monólogo dramático; este recurso es francés, parte del aire de elaborada refinación adoptado por Eliot en el poema. Este tono no es original; ha sido tomado del poeta simbolista francés Jules Laforgue (1860-1887), bajo cuya influencia Eliot encontró su voz por primera vez.
Algunas de las propiedades características en "Prufrock" derivan de Laforgue, como las alusiones a Hamlet y a las sirenas. Pero también hay una influencia del drama isabelino, que se observa en el ritmo de su discurso (el poema está escrito en el así llamado "verso libre", que sólo significa que las leyes a las que obedece son distintas de aquellas de la estrofa tradicional o del verso blanco), y también existe una influencia de obras en prosa, especialmente la del novelista Henry James. De cualquier manera, las influencias son sólo influencias: Laforgue nunca podría haber escrito este poema. Solamente proveyó la manera y su música —muy hermosa algunas veces— difícilmente se parece a la de Eliot.
El estilo de Eliot es muy refinado, pero quizá no debemos calificar así el poema. Llamémosle primitivo. El poema intenta ser un canto de amor. Es algo mucho más práctico. Es un estudio —un debate de Prufrock consigo mismo sobre el negocio de proponer matrimonio y de aceptar poner él propio destino en las manos de alguien más, empeñarse en pasar la vida con esa persona, tener hijos, etc. Prufrock nunca lo hace. La primera mitad del poema apunta hacia la proposición; la segunda mira en rctrospectiva lo que hubiera ocurrido si la proposición hubiese sido hecha. El poema es intensamente antirromántico, y su asunto extremadamente serio; este autonombrado "Canto de amor..." es una reprimenda al lector, probablemente romántico. Las sociedades primitivas adoptan una visión reprobatoria de aquellos que no se casan. La mitología hawaiana, por ejemplo, habla de un llamado Nanganaag, cuya tarea consiste en situarse en el camino al Paraíso, con un inmenso garrote, y aplastar a todo aquel hombre que, sin haberse casado, intenta pasar. Esta manera de pensar es exactamente la de Eliot. Más adelante, en el poema, Prufrock mira con desaliento (y un cierto pathos ostentoso) su interminable soltería, la monotonía y trivialidad que conforman la suerte de aquel que nunca logró adoptar sus responsabilidades humanas. Es obvio que el poeta simpatiza con Prufrock, pero también es claro que condena a Prufrock.
Algunas de las emociones básicas del poema también son primitivas— miedo, malicia —, pero la lujuria está ausente, y el tono que prevalece en la superficie es uno de civilizada, ultracivilizada angustia. Los sentimientos de Prufrock son más bien abstractos; nunca asume a la mujer como algo real, excepto en un aspecto terrible, sobre el que guardaremos silencio durante un rato. Sólo se preocupa por sí mismo. Está mentalmente enfermo, es neurótico, incapaz de amar. Pero el problema que enfrenta es un problema primitivo.
Para enmarcar el dilema de Prufrock, Eliot utiliza a cuatro personajes de la historia espiritual del hombre: Miguel Ángel, San Juan Bautista, Lázaro y Hamlet. En su imaginación, Prufrock se identifica a sí mismo con Lázaro; dice que no es Hamlet o el Bautista. Acerca del primero todo lo que dice es:

In the room the women come and go
Talking of Michelangelo.(3)

¿Qué podemos desprender de esto? Hay un murmullo de voces femeninas. ¿Su tema? Un tipo de energía masculina volcánica— escultor, pintor, arquitecto, en la cúspide de uno de los periodos supremos de energía humana: el Renacimiento italiano. Cháchara. Reducción, podríamos decir. Miguel Ángel, y todo lo que importaba acerca de él, olvidado o no comprendido, se ha convertido en el tópico de voces femeninas, destructivas, aun sin darse cuenta de ello. Luego Prufrock dice:

Though I have seen my head (grown slightly bald)
brought in upon a platter,
I am no prophet (4)


La circunstancia es una visita, o la imaginación de una visita, a una mujer; fueron mujeres las que decapitaron al Bautista. Podemos parafrasear el significado de estas líneas como sigue: anuncio que ningún tiempo significativo ha de venir, soy el predicador, no de hijos ni de un Salvador; de nada. Luego Prufrock especula cómo habrían sido las cosas si él hubiera


squeezed the universo into a ball
To roll it toward some overwhelming question,
To say: "I am Lazarus come from the dead,
Come back to tell you all, I shall tell you all." (5)

Hemos visto que Prufrock se ha imaginado muerto ya a sí mismo; tenemos además la sugerencia del epígrafe, y al final del poema se ahoga. En este pasaje se piensa a sí mismo como vuelto. Quizá Lázaro sea la persona a quien más nos gustaría entrevistar; ese personaje de la historia sagrada, no el profeta sino el sujeto del milagro supremo (narrado solamente, por desgracia, en el Cuarto Evangelio); el hombre que podría decirnos...cómo es. Prufrock tiene un mensaje para la mujer que es, o debería ser, de una importancia similar: heme aquí, surgido de mi soledad, a tus plantas; soy este hombre lleno de amor, confianza, esperanza; decide mi destino.
Ahora bien —dejemos a Hamlet a un lado por un momento—, lo que Prufrock imagina que la mujer diría en respuesta a este mensaje tan importante como el de Lázaro explica su desesperación:

If one, selttling a pillow by her head,
Should say; "that is not what I meant at all.
That is not it, at all." (6)

Aquí la razón de su incapacidad para declararse se vuelve clara. Está convencido de que ella responderá (o respondería) con la más insultante y brutal de todas las actitudes posibles: seamos amigos; nunca pensé en ti como amante o marido, sólo amigo. Aquí, Prufrock imagina que la voz de esa mujer le hace lo que las voces de esas otras mujeres hicieron a Miguel Ángel: castrarlo. Las voces de las sirenas que aparecen al final del poema todavía están lejos. Ésta es la imagen central del temor de Prufrock: lo que no puede enfrentar. Ahora entendemos mejor por qué la imagen de una operación aparece tan temprano en el poema, y los pasajes de paranoia se dejan percibir con claridad:

when I am fonmulated, sprawling on a pin, When I am pinned and wriggling on the wall...(7)

But as if a magic lantern threw the nerves in patterns
on a screen...(8)

Un estudio razonable de estos miedos a exponerse nos llevaría no sólo a nuestro bien conocido temor al ridículo sino también al folclor y al psicoanálisis.
En cuanto a Hamlet, Prufrock dice que él no es el príncipe Hamlet. Es decir, no es siquiera el héroe de su propia tragedia. Una vez más, tengamos en mente las revoluciones científicas así como a aquel héroe de una de las novelas de Franz Kafka: El proceso, quien repentinamente dice: "Oh, he olvidado a la persona más importante de todas: a mí mismo." Prufrock es apenas, en su propio decir, un cortesano, un consejero (un muy mal consejero para sí mismo —por cierto, el nombre "Alfredo" significa, irónicamente, buen consejero, y el personaje de la Divina Comedia que aporta el epígrafe fue un mal consejero). Pero, desde luego, Prufrock es Hamlet, por lo menos de acuerdo con un aspecto del personaje de Shakespeare: un hombre más bien reflexivo que activo, sobre el cual se ha puesto una carga intolerable (de venganza, cabría acentuar), que padece una suerte de náusea sexual (debida a su incestuosa madre) y abandona a la mujer que ama.
El recurrir a estas cuatro figuras análogas de la historia sagrada y del arte sugiere el perfil de un hombre —desesperado, en su prueba de fuego— que escudriña el pasado en busca de ayuda para el presente y no la encuentra; encuentra tan sólo paralelos irónicos, o ejemplos reales, de su predicamento. La tradición asequible, parece decir el poeta, no nos sirve. Solamente nos brinda metáforas y analogías de nuestro dolor. Casi sobra decir que el autor de este poema no era cristiano en el momento de componerlo; se convirtió unos años después.
Prufrock no puede actuar. Puede, no obstante, reflexionar y sentir e imaginar. Aquí cabría recordar aquellas líneas del célebre poema de W. B. Yeats, "The second coming":

The best lack all conviction, while the worst
Are full of passionate intensity. (9)

Es cierto que Prufrock se contaría entre aquellos a los que Yeats llama los "mejores", pero sólo por su sensibilidad e inteligencia; de otro modo su fracaso humano sería total. Sin embargo exploremos un poco sus rutas positivas de imaginación; la "carga intolerable" de Hamlet y su abandono de Ofelia nos señalan el camino.
El que Prufrock no se declare a la dama (y no existe indicio alguno de que alguien más lo haga) puede considerarse como algo agresivo; aunque el precio sea muy grande para sí mismo; la privación de una pareja, una vida matrimonial normal. Ante el temor y la humillación que Prufrock padece, cabe esperar que se tome algún tipo de venganza. Pero él sufre a causa de las inhibiciones que, según podemos imaginar, acompañan a un hombre tan terriblemente indeciso. Por ejemplo, tiene dificultades para expresarse, y tal dificultad se destaca de manera notable en el poema. Notemos particularmente las líneas:

And how should I begin?It is impossible, to say just what I mean! (10)

Su incoherencia es una prenda de su lucha, y apenas puede sorprender que su resentimiento contra la mujer surja en el poema sólo a través de detalles maliciosos ("rencorosos", diríamos), como al referirse a sus brazos

in the lampligth, downed with light brown hair! (11)

Lo que sigue es, abiertamente, una manera de imaginar una escapatoria a su dilema.
La carga de Prufrock consiste en proponer matrimonio sin saber de antemano si será o no ridiculizado.
Su deseo de terminar con el asunto, no importa cómo, ha quedado expresado ya en la línea que habla de un "paciente anestesiado sobre una mesa". Casi al final del poema, en un pasaje tan brillante como emocionante que podríamos calificar como "exaltación negativa", imagina —como Hamlet— su muerte: una escapatoria, a cualquier precio, de la angustia ante las temidas ordalías. Esta es representada por las sirenas, y así las mujeres del poema se revelan abiertamente como asesinas:

I have seen them riding seaward on the waves
Combing the white hair of the waves blown back
When the wind blows the water white and black.
We have lingered in the chambers of the sea
By sea-girls wreathed with seaweed red and brown
Till human voices wake us, and we drown (12)

Esta muerte es tan deseada como temida, al igual que el internamiento en un hospital. Pero la imagen fundamental de la escapatoria se da a la mitad del poema, en un dístico que aparentemente no guarda relación con nada, pero sin el cual el poema no sería tan impresionante:

I should have been a pair of ragged claws Scuttling across the floors of silent seas. (13)

De entrada, uno advierte que no se trata de un dístico particularmente importante, aunque es un dístico heroico; la rima interna deja ver cierta incongruencia. En seguida vemos que hemos sido llevados, así como de una velada romántica a un hospital, lejos de la moderna vida social ("he medido mi vida con cucharillas de café") hacia —¿hacia qué? Hacia el pasado biológico del hombre, ligado a él, pero inconcebiblemente distante, mucho antes de que emergiera de entre las mareas; en su deseo, Prufrock se ve a sí mismo como su propio ancestro, antes de que tuviera que enfrentarse a la prueba, cuando se bastaba consigo mismo, "un par", sin necesidad de una pareja. Pero aquí la imaginación no evoca al crustáceo entero, sólo a la parte guerrera, que es tomada por el todo: las tenazas, si bien éstas no parecen hallarse en muy buena condición (están "melladas"), y también nos hacen pensar en una situación de miedo ("rasaran"), semejante a aquella en la que Prufrock se encuentra. Pero los mares son silenciosos: ninguna mujer habla. Por lo tanto,: la situación es agradable, acogedora. En realidad, necesitamos acudir a algunos de los últimos planteamientos de Freud para comprender esto. Freud pensaba que cuando un ser humano se encuentra ante un problema que rebasa su capacidad de enfrentarlo, tiene lugar una regresión: toda la organización emocional e instintiva de la persona huye de la realidad intolerable revirtiéndose a un estado anterior, o remoto, de su desarrollo personal, pagando el precio de ello con síntomas de patología pero asegurando su olvido parcial. En este dístico de Eliot el antagonismo hacia la civilización es inconfundible. De hecho, es una especie de catálogo de las penas que la civilización ha impuesto a la vida instintiva del ser humano, que le han costado la libre expresión del miedo, del disgusto, del remordimiento, y de una serie de responsabilidades intolerables.
"No soy profeta", dice Prufrock. No obstante, debe resultarnos obvio que este poema extraordinariamente ambicioso, que incluye punzantes esbozos no sólo de la historia espiritual del hombre, sino también de su historia biológica, no fue planeado para entretener, diga lo que diga el autor (Eliot ha definido la poesía como "una forma superior de entretenimiento"), y sea cual sea la máscara que emplee en el poema: la del refinado, la del desilusionado, la del dandy con sus particulares problemas bostonianos, así como le ocurrió a Baudelaire en París y en Bélgica, y a Laforgue en su Berlín. El poeta ha asumido la guisa del verso ligero, pero escribe como un profeta, sin el menor indicio de que desee conciliarse con un posible lector. No escribe de manera directa. Utiliza la máscara de Prufrock —cuyo destino es como el de aquellos a quienes Dante llamaba "Vigliacchi". Estos pecadores no hicieron ni bien ni mal, de manera que no pueden ser admitidos ni siquiera en el infierno —los condenados sienten una cierta superioridad sobre ellos— y sufren eternamente en lo que se llama el vestíbulo del infierno. Es mejor como dice Eliot en uno de sus ensayos críticos, hacer el mal que no hacer nada.
Por lo menos uno existe en relación con el mundo moral. Bajo esta máscara Eliot endereza un letal ataque contra la esperanza victoriana, y en particular contra lo que debe haberle parecido el vacuo optimismo del más reciente maestro del monólogo dramático en lengua inglesa, anterior a él: Browning. La civilización no está condenada. Los resultados de la civilización se dramatizan, eso es todo, particularmente la destrucción de la capacidad de amar y —en el hombre bien intencionado— de decidir. El poeta habla, en este poema, de una sociedad estéril y suicida.
(1960)
(1) Vamos entonces, tú y yo,/Cuando el atardecer se extiende contra el cielo...Esta y las citas en español del poema de Eliot, provienen de la versión de Gerardo Gambolini, no de las citas traducidas por Rodolfo Usigli, publicadas en la edición original.
(2) Como un paciente anestesiado en una mesa
(3)En la sala las mujeres van y vienen/Hablando de Miguel Ángel.
(4) Aunque he visto mi cabeza (ya ligeramente calva) sobre una bandeja,/
No soy ningún profeta
(5) Haber apretado el universo en una bola/Para arrojarla a una pregunta abrumadora,/Decir: "Yo soy Lázaro, venido de entre los muertos,/Vuelto para decirles todo, les diré todo"
(6) Si alguna, acomodando una almohada junto a su cabeza,/Dijera: "No es esto lo que quería decir, en absoluto./No es esto, en absoluto."?
(7) Y cuando sea una fórmula, despatarrado en un alfiler,/Cuando esté colgado y meneándome en la pared
(8) Pero como si una linterna mágica proyectara los nervios como dibujos en una pantalla
(9) Los mejores carecen de convicción/ mientras los peores rebosan apasionada intensidad.
(Usigli).
(10) Y esto, y tanto más?—/¡Es imposible decir exactamente lo que quiero decir!
(11) (Pero a la luz de la lámpara, con vello castaño)
(12) Las he visto cabalgar en las olas mar adentro/Peinando el blanco pelo de las olas echado atrás por el viento/Cuando el viento sopla el agua blanca y negra./Nos hemos demorado en las cámaras del mar/Junto a jóvenes del mar, adornadas con algas rojas y morenas,/Hasta que voces humanas nos despierten, y nos ahoguemos.
(13) Yo debí haber sido un par de tenazas melladas/que rasaran los suelos de los mares silenciosos (Usigli)
(13) Yo debería haber sido un par de garras destrozadas/ Barrenando el fondo de mares silenciosos (Gambolini).





John Berryman (E.E.U.U.; McAlester, 1914-Minneapolis, 1972)

(Traducción de Rafael Vargas,
en J.B. "Ensayos literarios",
Univ.Autónoma de Puebla,
México)
ILUSTRACIÓN: Dibujo de Amy Farrier para Prufrock.




domingo, 22 de marzo de 2009

HENRY, el sucio







13

Dios bendiga a Henry. Vivió como una rata,
con un techo de pelo pajoso en su cabeza
a la mañana.
Henry no fue un cobarde. Demasiado.
Nunca abandonó nada, en vez de eso
se la aguantó, cuando cosas como la lástima fueron disminuyendo.

Entonces puede que Henry fuera un humano.
Investiguemos eso.
...lo hicimos, ok.
Es un humano americano.
Eso es cierto. Mi chica me está frenando.
Me duele el brazo. Vení y disminuime, que yo mapeo mi camino.

Dios es el enemigo de Henry. Estamos negociando...Por qué,
hay tranzas que deben ser claras?
Una esquina.
No me puedo sentir así. -Sr. Bones,
mientras miro el cielo azafranado,
vos me pegás como a una mula indomable.


13

God bless Henry. He lived like a rat,
with a thatch of hair on his head
in the beginning.
Henry was not a coward. Much.
He never deserted anything; instead
he stuck, when things like pity were thinning.

So may be Henry was a human being.
Let's investigate that.
...We did; okay.
He is a human American man
That's true My lass is braking.
Mv brass is aching. Come & diminish me, & map my way.

God's Henry's enemy. We're in business...Why,
what business must be clear.
A cornering.
I couldn't feel more like it -Mr. Bones,
as I look on the saffron sky,
you strikes me as ornery




4


Llenando su cuerpo compacto y delicioso
con páprika de pollo, ella me miró
dos veces.
Me desmayé con intereses, me calentaba
y sólo porque estaba su marido y otras cuatro personas
me contuve de voltearla

o caerme sobre su piecito y llorarle
"Sos la mina más hot que en años de noche
los ojos aturdidos de Henry
disfrutaron, Brilliance." Seguí entonces
(desesperado) mi spumoni -Señor Bones: the mundo
está relleno de minas comestibles.

-Pelo negro, complexión Latina, ojos rubí
hacia abajo...El vago al lado de su fiesta...Lo que se pregunta es
ella sentada arriba?

El zumbido del restaurante. Quizá ella está en Marte.
Cuándo empezó a salir todo mal? Debería haber una ley contra Henry.
-Señor Bones: hay una.


4

Filling her compact & delicious body
with chicken páprika, she glanced at me
twice.
Fainting with interest, I hungered back
and only the fact of her husband & four other people
kept me from springing on her

or falling at her little feet and crying
'You are the hottest one for years of night
Henry's dazed eyes
have enjoved, Brilliance.' I advanced upon
(despairing) my spumoni.-Sir Bones: is stuffed,
de world, wif feeding girls.

—Black hair, complexion Latin, jewelled eyes
downcast... The slob beside her feasts...What wonders is
she sitting on, over there?
The restaurant buzzes. She might as well be on Mars.
Where did it all go wrong? There ought to be a law against Henry.
— Mr. Bones: there is.




14


La vida, amigos, es aburrida. Pero no debemos decirlo.
Después de todo, el cielo flashea, el gran mar anhela,
nosotros también flasheamos y anhelamos,
y además mi vieja siempre me decía de chico
"Si confesás que estás aburrido
significa que no tenés

recursos internos". Resuelvo entonces que no tengo
recursos internos, porque estoy super embolado.
Las personas me aburren,
la literatura me aburre, especialmente la gran literatura,
Henry me aburre, con sus momentos de mierda y su dolor de panza
tan malos como aquiles.

Quien ama a la gente y al arte valiente es quien me aburre.
Y las montañas tranquilas y el gin son una lata
y de alguna forma un perro
se ha llevado a sí mismo y a su cola bien lejos
entre montañas o mares o cielo, olvidándo-
me: moviendo la cola.


14

Life, friends, is boring. We must not say so.
After all, the sky flashes, the great sea yearns,
we ourselves flash and yearn,
and moreover my mother told me as a boy
(repeatedly) 'Ever to confess you're bored
means you have no

Inner Resources.' I conclude now I have no
inner resources, because I am heavy bored.
Peoples bore me,
literature bores me, especially great literature,
Henry bores me, with his plights & gripes
as bad as achilles,

Who loves people and valiant art, which bores me.
And the tranquil hills, & gin, look like a drag
and somehow a dog
has taken itself & its tail considerably away
into mountains or sea or sky, leaving
behind: me, wag.




224

de ochenta

Sólo en sus años más lúcidos, el viejo amigo de Henry
se inclinó en su bastón mientras que su viejo amigo
era glorificado más allá de su vida.
La abadía sonó con el timbre. Pound blanco como la nieve
los reverenció con sus pensamientos- es difícil saber qué dicen
si el viejo no se canta ninguno.

Seco, maduro y cagado, pensando en lo que se pierde, a que no saben.
Ya fueron. Ya fueron los días de escabio, ya fue el pasto verde
de los picnics juveniles.
De a poco todo terminó. Majestuoso, no como la lengua
que remueve el diente flojo, el ingenio tan fuerte como joven,
sólo fracasa el cuerpo albino.

Donde las constelaciones sofocadas señalan ideas claras.
El tenis terminó. Las últimas palabras están acá?
Qué van a ser en el mundo?
El blanco es el color de la muerte y la victoria,
toda la buena onda de antes descartada
mientras los años blancos insisten.






224

Eighty

Lonely in his great age, Henry's old friend
leaned on his burning cane while his old friend
was hymned out of living.
The Abbey rang with sound. Pound white as snow
bowed to them with his thoughts —it's hard to know them though
for the old man sang no word.

Dry, ripe with pain, busy with loss, let's guess.
Gone. Gone them wine-meetings, gone green grasses
of the picnics of rising youth.
Gone all slowly. Stately, not as the tongue
worries the loose tooth, wits as strong as young,
only the albino body failing.

Where the smother clusters pinpoint insights clear,
The tennis is over. The last words are here?
What, in the world, will they be?
White is the hue of death & victory,
all the old generosities dismissed,
while the white years insist.




John Berryman 

(Versiones de Daniel Durand
y Matías Heer)



John Berryman. Poeta norteamericano;  (McAlester, 1914-Minneapolis, 1972). Consiguió el reconocimiento de la crítica con Homenaje a la señora Bradstreet (1956), una novela cuya estructura estaba basada en una serie de conversaciones con el fantasma de Anne Bradstreet, la primera poeta de los Estados Unidos, cuando todavía eran una colonia británica. Escribió relatos cortos, en los que ponía en práctica su concepción de la literatura como un medio capaz de transformar las experiencias o sentimientos del lector en " ... algo coherente, viable, inteligible". Centrada en una angustiosa percepción de la alienación del hombre y escrita en una poderosa mezcla de formas cultas y dialectales, su poesía posee gran originalidad y fuerza.Su último libro de poemas, Engaños (1972), y su novela Recuperación (1973), se publicaron inmediatamente después de su suicidio. Las "Dreams songs", que son originariamente 385 canciones fueron apareciendo en series y obtuvieron el mayor reconocimiento del público y la crítica. Con el primero de los tres volúmenes que constituyen la obra, Berryman obtuvo el premio Pulitzer. El personaje que protagoniza los poemas es Henry, una máscara creada por el autor.
Las traducciones fueron extraídas de una selección de 16 poemas seleccionados por los traductores y publicados bajo el título de "Cáncer joven con un plan" (Ediciones Chapita, Traducción Ultra chapita, 2008).






jueves, 21 de agosto de 2008

EL POEMA DE LA PELOTA




















¿Qué será ahora del chico que perdió su pelota?

¿Qué, qué puede hacer? Yo la vi
Rebotando alegremente por la calle, y después
Alegremente... ¡Allí está, en el agua!
De nada vale decir: "Oh, hay otras pelotas":
Una aflicción esencial sacude, aprieta al chico
Cuando se para rígido, tembloroso, mirando a lo largo
De todos sus jóvenes días en el puerto donde
Desapareció su pelota. No me metería con él,
Ni diez centavos ni otra pelota tienen valor. Ahora
Él siente la primera responsabilidad
En un mundo de posesiones. La gente se adueñará de pelotas,
Las pelotas siempre se perderán, muchachito,
Y nadie vuelve a comprar una pelota. El dinero es exterior.
Él está aprendiendo, muy atrás de sus desesperados ojos,
La epistemología de la pérdida, cómo ponerse de pie
Sabiendo lo que cada hombre debe saber algún día,
Y lo que la mayoría sabe desde hace tiempo, cómo ponerse de pie.

Y gradualmente la luz vuelve a la calle,
Se oye un silbato, la pelota se pierde de vista,
Pronto una parte de mí mismo explorará el profundo y oscuro
Piso del puerto... Estoy en todas partes.
Sufro y me muevo, mi mente y mi corazón se mueven
Con todo lo que me mueve, debajo del agua
O silbando, no soy un muchachito.



John Berryman (E.E.U.U.; McAlester, 1914-Minneapolis, 1972)



(Traducción de William Shand y
Alberto Girri)


THE BALL POEM

What is the boy now, who; has lost his ball,
What, what is he to do? I saw it go
Merrily bouncing, down the street, and then
Merrily over — there it is in the water!
No use to say 'O there are other balls':
An ultimate shaking grief fixes the boy
As he stands rigid, trembling, staring down
All his young days into the harbour where
His ball went. I would not intrude on him,
A dime, another ball, is worthless. Now
He senses first responsibility
In a world of possessions. People will take balls,
Balls will be lost always, little boy,
And no one buys a ball back. Money is external.
He is learning, well behind his desperate eyes,
The epistemology of loss, how to stand up
Knowing what every man must one day know
And most know many days, how to stand up.
And gradually light returns to the street,
A whistle blows, the ball is out of sight,
Soon part of me will explore the deep and dark
Floor of the harbour... I am everywhere,
I suffer and move, my mind and my heart move
With all that move me, under the water
Or whistling, I am not a little boy.











NOTA A WANG WEI




















¿Cómo puedes ser tan feliz, ahora, después de miles

de años desgreñados, hinchados de polvo?
Me deja, al fin, un malestar, tus poemas
me provocan hasta las lágrimas,
y también tu destino. Eso me hace pensar.
Me hace desear montañas y aguas azules.
Hace que me pregunte cuánto debo permitirme.
(Y me aseguro, Dios de truenos y centellas,
de fugas y ciervos, cuyos cohetes queman y cantan.)
Hubiera deseado encontrarme contigo para un trago,
en una "libertad de diez mil materias".
Muy pronto yo mismo seré polvo; no ahora.




John Berryman (E.E.U.U.; McAlester, 1914-Minneapolis, 1972)



(Traducción de Alberto Girri)


NOTE TO WANG WEI

How could you be so happy, now some thousand years
disheveled, puffs of dust?
It leaves me uneasy at last,
your poems tease me to the verge of tears
and your fate. It makes me think.
It makes me long for mountains & blue waters.
Makes me wonder how much to allow.
(I'm reconfirming, God of bolts & bangs,
of fugues & bucks, whose rockets burns & sings.)
I wish we could meet for a drink
in a' freedom from ten thousand matters'.
Be dust myself pretty soon; not now.


IMAGEN: Retrato del poeta chino Wang Wei.